Mientras equipos de emergencia todavía sacan cuerpos de entre los restos de dos trenes de alta velocidad en Urda (Toledo) —un AVE de Renfe y un Iryo que chocaron de alcance esta mañana, con al menos 64 muertos según las cifras que van saliendo y cientos de heridos—, una cuenta de X decide que lo prioritario no es el luto ni la investigación, sino este retrato imaginario:
“Me imagino a la gente de derechas llegando a casa cada día, mirando a su pareja y preguntando: hay algo? Y bajando la cabeza cuando le responden: no, no ha habido muertos.
Hoy están de enhorabuena. Lo estaban deseando.”
El texto es de @sosa_tortuga. No es un desliz. Es una declaración consciente, publicada el mismo día de la tragedia, con decenas de miles de visualizaciones y cientos de respuestas que, en su mayoría, la califican exactamente por lo que es: asquerosa, miserable y reveladora.

El mecanismo de la proyección
El post no describe hechos. Inventa una escena doméstica de sadismo rutinario atribuida a “la gente de derechas” como bloque homogéneo. No ofrece pruebas, ni citas, ni ejemplos concretos de nadie deseando muertes. Construye un enemigo interior que, cada noche, se decepciona porque no ha habido suficientes cadáveres. Hoy, por fin, puede alegrarse.
Esa es la operación clásica de la deshumanización partidista: convertir a millones de ciudadanos en monstruos morales para que el propio odio se sienta justificado. No hace falta conocer a ningún votante del PP, de Vox o de cualquier otra fuerza que no sea la propia. Basta con proyectar sobre ellos el deseo de muerte que el texto atribuye. El resultado es que las víctimas reales —personas que iban en el tren, con apellidos, edades y familias— desaparecen. Solo quedan dos categorías: los buenos (los que “no desean muertos”) y los malos (los que, según este relato, lo estaban deseando).
Es exactamente el mismo procedimiento que se usa cuando se afirma que “la extrema derecha mata” o que cualquier crítica a la gestión ferroviaria es “hacer política con los muertos”. La diferencia es que aquí la acusación es explícitamente de alegría ante la masacre. No hay ambigüedad.
El contexto que el post ignora a propósito
Las primeras hipótesis del accidente apuntan a una combinación de avería en el sistema de señalización LZB y un error humano en el centro de control de Atocha: un operador habría autorizado la marcha del AVE mientras el Iryo seguía detenido en la vía, con circulación en modo degradado (Bloqueo de Señalización Lateral). Esto ocurre en la misma línea Madrid-Andalucía donde, hace apenas nueve meses, murieron 46 personas en Adamuz. Adif y Renfe dependen del Ministerio de Transportes. El gobierno es el mismo. Eso no convierte el accidente en un asesinato deliberado, pero sí sitúa la responsabilidad institucional donde corresponde: en quienes gestionan la infraestructura y el tráfico.
Criticar esa gestión, exigir la investigación o recordar los fallos previos no es “desear muertos”. Es lo contrario: querer que dejen de producirse. El post de @sosa_tortuga borra esa distinción de un plumazo. Para ella (o él), cualquier expresión de rabia o de exigencia de responsabilidades por parte de la derecha es, en realidad, euforia por el recuento de cadáveres. Es una inversión totalitaria de la realidad: el que pide explicaciones es el que celebra, y el que politiza la tragedia en tiempo real es el que ocupa el lugar moral superior.
La superioridad moral que se desnuda
Lo más revelador no es el contenido del tuit, sino su tono de evidencia. “Hoy están de enhorabuena. Lo estaban deseando.” No es una hipótesis. Es una sentencia. Quien lo escribe se coloca por encima de la mitad del país y de las propias víctimas. Mientras los familiares buscan a los suyos y los hospitales reciben heridos, ella ya sabe qué sienten los “de derechas” al llegar a casa.
Esa es la miseria real. No la imaginaria de un matrimonio ficticio que pregunta “¿hay algo?” con esperanza de muerte. La miseria de quien, ante una tragedia nacional, elige convertirla en combustible para su resentimiento ideológico. La miseria de quien no puede concebir que la reacción humana básica —horror, duelo, exigencia de verdad— sea transversal y no esté subordinada a la adhesión partidista.
Las respuestas al post lo confirman. Muchas son de rechazo visceral: “qué asco de tuit”, “te retrata”, “solo lo deseas con basura como tú”. Otras invierten el argumento con el mismo sectarismo. El círculo se cierra. La tragedia se convierte en otro campo de batalla de la guerra cultural, y los muertos quedan como daño colateral de la superioridad moral de turno.
Lo que realmente está en juego
España ha tenido en 2026 dos accidentes ferroviarios graves con decenas de muertos en la misma línea de alta velocidad. Las causas se investigan; las responsabilidades se depurarán o no. Eso es política en el sentido más serio: gestión de lo público, seguridad de las personas, transparencia. Convertir cada cadáver en una prueba de que “los otros” son monstruos no es política. Es la renuncia a la política. Es la afirmación de que el adversario no merece ser tratado como ciudadano, sino como enemigo cuya alegría secreta hay que desenmascarar.
El post de @sosa_tortuga no es un error de cálculo. Es la expresión coherente de una forma de mirar el país: la de quien solo ve muertos cuando le sirven para confirmar su relato. Hoy, con los trenes todavía en el terraplén y el número de víctimas subiendo, esa mirada es especialmente miserable. No porque “la derecha” esté de enhorabuena. Porque alguien ha decidido que lo más importante que se puede decir en este momento es que la otra mitad del país lo deseaba.

