InicioCulturaHistoriaLa flor de Lis y el Grial hebreo

La flor de Lis y el Grial hebreo

El Santo Cáliz, venerado en la Catedral de Valencia, está vinculado a la tradición judía: su copa superior, tallada en ágata cornalina, de color marrón rojizo, del siglo II a. C, coincide con las características de una copa hebrea (Kos Kidush) o vajilla de piedra del periodo del Segundo Templo, que servía para recitar una bendición sobre el vino al comienzo del Shabat y en las celebraciones como Pésaj (Pascua), la cual conmemora la liberación del pueblo judío de la esclavitud en Egipto. Según los preceptos de pureza ritual del judaísmo, los recipientes de piedra, a diferencia de los de metal, no podían contraer impurezas. 

En cuanto al símbolo de la flor de lys, universalmente asociado con la realeza francesa, ha sido utilizado en el antiguo Reino de Judá (928-586 a.C). Esta flor aparece en Babilonia, corazón de Mesopotamia (en la Puerta de Ishtar construida por el rey Nabucodonosor II en 575 a.C) donde miles de judíos fueron deportados. Durante este exilio, la cultura judía adoptó numerosas influencias de Mesopotamia. Allí, este símbolo no era mero adorno: representaba la legitimidad divina del soberano, siendo el rey nexo entre los dioses y la Tierra.

La Conquista de Babilonia en 539 a. C por Ciro el Grande integró la ciudad al imperio persa aqueménida. En la numismática, encontramos que, durante este periodo (550 a.C), la provincia judía de Yehud Medinata (Judá) acuñaba pequeñas monedas de plata en cuyo reverso aparece grabado un lirio estilizado, prácticamente idéntico a la flor de lis medieval. Al diseñar la moneda moderna de 1 shekel, el gobierno de Israel se basó en esa antigua moneda, por lo que la moneda que circula hoy en Israel lleva grabada una flor de lis.

En el idioma hebreo, la flor del lirio se llama Shoshan o Shoshana (origen del nombre Susana). El Tanaj, Biblia hebrea de 24 libros, utiliza repetidamente al lirio como una metáfora de pureza y belleza. El pasaje «Como el lirio entre las espinas, así es mi amada entre las doncellas» (Cantar de los Cantares 2:2), caló hondo en la mística judía. Según el Primer Libro de los Reyes (7:19-22), los capiteles de las grandes columnas de la entrada del Templo (Jaquín y Boaz) tenían forma de lirios, lo que indica que era un ornamento sagrado prioritario de la arquitectura hebrea.

El diseño viajó luego hacia el Imperio Bizantino y Egipto, donde la flor de lis representaba a Isis asi como hacia el mundo islámico cuando, tras el nacimiento del Islam, los primeros califatos árabes arrebataron a Bizancio provincias muy ricas como Siria, Palestina, Egipto y el norte de África. Finalmente esta flor fue utilizada por los reinos de Europa occidental (particularmente los francos) a través del comercio y las Cruzadas medievales. Aparece igualmente en la portada de la primera traducción de manuscritos antiguos a latín vulgar, para que el pueblo pudiera leerlos. En heráldica, fue Luis VII (1137-1180), el primer monarca que incorporó a su escudo este símbolo. Tras la Segunda Cruzada (1152), un contingente ligado a la Abadía de Nuestra Señora del Monte Sión de Jerusalén llegó a Francia, bajo la protección de Luis VII. En cuanto al monje de la abadía de Clairvaux, Evrard des Barres, gran Maestre de la Orden del Temple fue asimismo gran maestre del Priorato de Sión en 1150. 

Los alquimistas medievales y renacentistas adoptaron la flor de lis como un símbolo de iluminación que representaba el éxito en la Gran Obra. Para las corrientes ocultistas del siglo XIX, es considerada un vórtice de fuerza cuya geometría esconde la ley de la Tríada: el anillo inferior que une los pétalos simboliza la unión de la materia con el espíritu. En ciertos ritos masónicos, aparece como emblema de la estrella flamígera/antorcha del conocimiento que guía a los iniciados en la oscuridad. 

Es preciso decir que el linaje oscuro de la sangre real (Grial) procede del mundo hebreo, precisamente de la tribu de Dan, la cual desapareció de los registros históricos tras la conquista del Reino del Norte de Israel por el Imperio Asirio en el año 722 a. C. Asiria se encontraba en el norte de Mesopotamia (actual Irak), en tierras montañosas, mientras que Babilonia se encontraba en el sur, en la baja y fértil llanura entre los ríos Tigris y Éufrates. La tribu de Dan cayó en la idolatría con sus becerros de oro y se fue codeando con el ocultismo asirio/babilónico, adoptando la flor de lis en corrientes de alquimia y magia. Navegó luego por el Mediterráneo y se asentó en Irlanda (Tuatha de Danann), Dinamarca (Danmark) y Francia. Enlazando con Rennes-le-Château, el linaje de esta tribu, se vuelve a encontrar en la sangre merovingia y en los pergaminos encontrados por el abad Saunière en 1891. En la entrada de la Iglesia de Santa María Magdalena, nos da la bienvenida el demonio Asmodeo, el cual, es considerado en el Talmud como el custodio del Templo de Salomón. El rey Salomón engañó a este demonio para que le ayudará a construir el Templo. El nombre Asmodeo es la evolución lingüística del persa antiguo aēšma-daēva, demonio de la ira, y se integró a la tradición judía durante el periodo del exilio a Babilonia. 

Finalmente, esta semilla mesiánica davídica está destinada a gobernar el mundo, a través del Gran Monarca o Caudillo del Tajo (que son lo mismo) ibérico-francés, cuál salvador político-religioso. La llegada de este Monarca fue profetizada por Bug de Milhas, un ermitaño francés que vivió en los Pirineos franceses y falleció en 1848.

Claire Gruié
Claire Gruié
Francesa afincada en Madrid desde hace 20 años. Docente del idioma francés. Se interesa en la "revelación de los últimos tiempos" intentando desvelar las verdades ocultas al público y exponer las mentiras, sobre todo, en el ámbito eclesiástico. Colabora con el periódico digital ÑTV España donde escribe artículos desde septiembre del 2021.
Artículo relacionados

Entradas recientes