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Netanyahu y la desesperación electoral: un aluvión de publicaciones de emergencia en X el día de las elecciones en Israel

Este 27 de octubre de 2026 se celebran elecciones generales en Israel y Netanyahu, a través de su cuenta de X, se ha convertido en un termómetro casi instantáneo de la angustia de su campaña. No se trata de mensajes ocasionales de cierre de campaña, sino de una secuencia insistente de publicaciones —varias por hora en las primeras horas de la jornada— que combinan llamadas de emergencia, alertas sobre “fraude”, advertencias existenciales y el eslogan clásico “derecha o Palestina”.

Desde primera hora, el primer ministro ha publicado vídeos y fotos con sirenas de emergencia. “Esta es una llamada de emergencia. El futuro de nuestro Estado judío está en juego. Salgan a votar ahora”, escribió, contrastando una supuesta alta participación en “bastiones de la izquierda” y en el sector árabe con la “indiferencia” de sus bases. Minutos después, otra publicación insistía: “Autobuses saliendo hacia las urnas y colas enormes en localidades árabes. Mientras tanto, los bastiones de la derecha no despiertan. Si no salimos ahora, nos encontraremos con un gobierno de los partidos árabes”. El tono es el de quien teme que cada minuto que pasa sin movilización decide el resultado.

Los mensajes se repiten con variaciones mínimas: “No hay mar, no hay barbacoa hoy. Saquen a la familia, a los amigos y a los vecinos”. “Escuchen a Mansour Abbas, socio de Eisenkot, Lieberman y Yair Golan. Si no votamos, tendremos un gobierno de los Hermanos Musulmanes”. Uno de los posts, según notas de la comunidad de X, reutiliza casi exactamente el mismo formato y argumento que empleó en las elecciones de 2022. La repetición no parece estrategia elaborada, sino urgencia mecánica.

A estas llamadas se suma la denuncia de un supuesto intento de “robar las elecciones”: tres sospechosos detenidos con sobres de dinero y papeletas de Mansour Abbas en el Néguev. Netanyahu exigió investigación inmediata y usó el episodio para redoblar el llamado a votar Likud (מחל). Medios y la Comisión Electoral Central señalaron que se trataba de un caso localizado de personas que aún no habían llegado a las urnas, pero el mensaje ya había sido difundido con sirenas y énfasis de crisis.

Esta actividad en el día de la votación no llega en el vacío. En los días previos, Netanyahu había publicado imágenes generadas por inteligencia artificial de una nube de hongo nuclear sobre Tel Aviv, advirtiendo de un “segundo Holocausto” si no era reelegido, y había insistido en que solo él, junto a Donald Trump, podía “terminar el trabajo” frente a Irán. Columnistas israelíes y análisis internacionales calificaron estos materiales de desesperados. El Times of Israel tituló un artículo “Netanyahu, desesperado, ahora nos dice que todos moriremos si no lo reelegimos”. Otros medios hablaron de “victoria o prisión”, en alusión a los juicios por corrupción (casos 1000, 2000 y 4000) que siguen abiertos y que, según observadores, se complicarían políticamente si pierde el cargo.

Las encuestas de cierre situaban al bloque de Netanyahu alrededor de 50 escaños frente a una ligera ventaja del bloque opositor liderado por Gadi Eisenkot, sin que ninguno alcance con facilidad los 61 necesarios para una mayoría. La participación temprana ha sido de las más altas en décadas, lo que amplifica la incertidumbre. En un sistema donde la movilización de las bases y el umbral de las pequeñas listas pueden decidir coaliciones, cada voto cuenta, y Netanyahu lo sabe. Sus posts no hablan de propuestas de gobierno ni de logros; hablan de amenaza existencial, de enemigos que “quieren que perdamos” y de la necesidad de no “desperdiciar” ningún voto de la derecha en partidos pequeños.

La insistencia, la repetición de fórmulas de elecciones anteriores, el recurso a imágenes apocalípticas y la focalización en el voto árabe y de la izquierda como amenaza inmediata revelan más que una táctica habitual de cierre de campaña. Reflejan la percepción, compartida por analistas y por la propia intensidad de la comunicación, de que el margen es estrecho y de que el coste personal y político de una derrota es elevado. En un día en el que Israel decide su dirección tras tres años de guerra, la cuenta de X de su primer ministro ha funcionado menos como plataforma de liderazgo confiado y más como un canal de emergencia permanente. El resultado de las urnas dirá si esa desesperación era justificada o si la movilización de último momento logró alterar el pronóstico.

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