Pablo Puerto Campos, dirigente sindical de UGT en el sector de Educación en Madrid y antiguo candidato del PSOE, ha sido detenido por la Policía Nacional acusado de un presunto patrón reiterado de acoso y amenazas contra mujeres en el centro de la capital. Según la información adelantada por el programa Vamos a ver de Telecinco, a la Policía le constan al menos nueve denuncias formales, mientras que en redes sociales han circulado testimonios de más de un centenar de mujeres que describen experiencias muy similares.
El modus operandi que relatan las afectadas es reiterativo: abordajes en plena calle, seguimientos durante días, intimidaciones telefónicas y mensajes con insultos y expresiones sexuales vejatorias. En las comunicaciones atribuidas al detenido aparece, entre otras, la frase «Limítate a ser receptáculo de esperma». Según los testimonios, se presentaba como abogado que buscaba un cajero o como un «alto cargo muy importante del Estado» que trabajaba en las Cuatro Torres y al que las mujeres «iban a necesitar». En al menos un relato, tras la negativa, el mensaje pasó a «soy tu peor pesadilla, zorra, ingrata». Varias mujeres describen miedo real ante su corpulencia (alrededor de dos metros) y la posibilidad de volver a cruzárselo.
El sujeto quedó en libertad el sábado. En el momento de redactar estas líneas se desconoce su paradero exacto. El sindicato UGT se ha mostrado «estupefacto», afirma no tener constancia de conductas similares en el ámbito laboral y asegura que actuará «con cautela y con contundencia»(ya lo veremos…).
La trayectoria pública conocida de Pablo Puerto Campos combina la actividad sindical y la política. Como dirigente de UGT Educación (tiene guasa) en Madrid ocupaba un puesto de responsabilidad en una organización históricamente ligada al socialismo. En 2019 concurrió a las elecciones municipales como número dos de la candidatura del PSOE en Lastras de Cuéllar, un pequeño municipio de Segovia. No se trata, por tanto, de un militante anónimo de base, sino de alguien que ha ostentado cargos de representación tanto en el sindicato como en una lista electoral del partido.
Más allá de estos datos, la información disponible sobre su biografía profesional y política es limitada en las primeras informaciones. Lo que sí queda claro es la doble filiación: dirigente de UGT y excandidato socialista. Ese perfil es el que convierte el caso en algo más que un suceso policial puntual.
El «partido del amor» y su historial
El PSOE lleva años presentándose como el partido defensor de las mujeres, el feminismo y el «amor». El eslogan y la retórica se repiten en cada campaña. Mientras tanto, la lista de casos que salpican a militantes, cargos y dirigentes del entorno socialista no deja de alargarse: el caso de Paco Salazar (el de la bragueta), las grabaciones y prostitutas vinculadas al exministro José Luis Ábalos, los prostíbulos del suegro del presidente, el entorno de Tito Berni con prostitución y sustancias, alcaldes y secretarios generales locales investigados o suspendidos por acoso, y ahora un dirigente de UGT que fue número dos en una lista municipal socialista acusado de un patrón de acoso y amenazas a decenas de mujeres.
La respuesta habitual suele ser la misma: estupor institucional, promesa de «contundencia», apertura de expedientes cuando el escándalo ya es público y, en muchos casos, puesta en libertad o medidas cautelares que no tranquilizan a las denunciantes. UGT, socio histórico del socialismo español, sigue el mismo guion de sorpresa y promesas de actuación firme.
El contraste es obsceno. Mientras se predica desde los atriles la lucha contra el machismo y se legisla en nombre de la igualdad, aparecen una y otra vez perfiles del propio entorno que, según las denuncias, utilizan su posición, su físico o su discurso de poder para intimidar y humillar a mujeres en la calle.
El «partido del amor» sigue acumulando casos que desmienten totalmente el eslogan. Y cada nuevo episodio convierte la retórica feminista en un ejercicio de cinismo cada vez más difícil de sostener.
(Por Lourdes Martino)

