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¿Cuántas veces hemos leído en las redes sociales últimamente: «No se suban a los trenes…»?

Tras el anuncio de Pedro Sánchez el 5 de octubre de 2026 de disolver las Cortes y convocar elecciones generales anticipadas para el 29 de noviembre —después de que el Congreso tumbara sus reales decretos de vivienda con los votos de PP, Vox y Junts—, una frase empezó a circular en X: “no cojáis los trenes” (o variantes como “no se suban a los trenes” o “no abordar trenes hasta después de las elecciones”).

No era una recomendación literal de movilidad, sino un meme de humor negro y crítica política. Usuarios, sobre todo de perfiles críticos con el Gobierno, lo usaban para señalar el estado de la red ferroviaria bajo el Ejecutivo de Sánchez. El contexto era el accidente de Adamuz (Córdoba) del 18 de enero de 2026, en el que murieron 46 personas al descarrilar un Iryo que chocó con un Alvia, más una sucesión de incidencias (incendios, retrasos, limitaciones de vía y quejas de saturación).

Ejemplos de los tuits con enlaces

Algunos de los mensajes localizados incluyen:

  • “Mi consejo para estas elecciones es que no cojáis los trenes.” — @granknosoy (8 de octubre)
  • “No cojais los trenes hasta que terminen las elecciones…” — @LOGANQR_PDLR (12 de octubre, en respuesta a un incendio en un AVE Madrid-Barcelona a la altura de Ricla)
  • “Recordatorio de no abordar trenes hasta después de las elecciones…” — @DrGarciaEs (21 de octubre)
  • “No cojáis los trenes la semana de las elecciones… el @PSOE está desesperado. Avisados estáis” — @albertosi1974 (22 de octubre)

El tono era sarcástico: se presentaba como un “aviso” ante la percepción de desidia en el mantenimiento y la gestión de Adif y Renfe en un momento en que el Gobierno priorizaba la campaña electoral.

La coincidencia trágica de hoy

Este miércoles 28 de octubre, un AVE de Renfe y un tren de Iryo colisionaron por alcance entre Los Yébenes y Urda (Toledo), en el punto kilométrico 118 de la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla. Según las primeras informaciones, el AVE embistió por detrás a un Iryo que se encontraba parado. Al menos dos vagones descarrilaron y cayeron por un terraplén. Las cifras iniciales hablaban de al menos 10 muertos, con fuentes de Protección Civil y Emergencias de Castilla-La Mancha elevando el balance hasta las decenas (algunas informaciones hablaban de 46). La circulación entre Madrid y Andalucía quedó suspendida.

En cuestión de minutos, los usuarios recuperaron el meme:

El presidente Sánchez suspendió su agenda y expresó “consternación”, manteniendo contacto con el ministro de Transportes Óscar Puente y el presidente de Castilla-La Mancha Emiliano García-Page. El ministro se desplazó al centro de control de Atocha. Se activaron protocolos de emergencia y se movilizaron recursos sanitarios, Guardia Civil, bomberos y la UME.

Contexto y lectura

El fenómeno no surge de la nada. El accidente de Adamuz sigue bajo investigación técnica y judicial (la Aitat ha indicado que el informe se retrasará más de un año por su complejidad). Ha habido otros incidentes graves y una caída de viajeros en alta velocidad. La oposición y parte de la opinión pública han cuestionado la inversión en mantenimiento frente a nuevas obras, la gestión de la liberalización del sector y la respuesta institucional.

El meme es, en esencia, una forma de denuncia política expresada con el cinismo característico de las redes. Que un nuevo accidente grave ocurra justo en la precampaña, y además recordando el 11M, lo convierte en un símbolo potente para quienes ya criticaban la gestión ferroviaria. Al mismo tiempo, las causas exactas de lo ocurrido hoy en Urda (posible fallo de señalización, error humano u otros factores) aún se están investigando, igual que ocurrió con Adamuz.

En una campaña que Sánchez planteó como un pulso entre “progreso” y “ola ultraderechista”, la seguridad del transporte público —especialmente el tren— se ha colado como un tema de primer orden. El meme de “no cojáis los trenes” empezó como chiste negro; hoy se ha convertido en un recordatorio doloroso de que, para muchos, la red ferroviaria ya no transmite la fiabilidad que se le presuponía.

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