Por David Azañón (Subinspector 87713)
Detesto el fútbol siempre lo he detestado. Se trata de un deporte carente de valores, es más, no hay lugar donde se muestren peores valores a los niños. No hay más que ver un partido infantil, y ver cómo se comportan sus padres. Yo soy más de deportes violentos, con reglas, pero con otros valores incluyendo el respeto al contrario y al árbitro.
El fútbol es pan y circo. Es el lugar donde unos tipos se insultan, se escupen, simulan lesionarse, simulan ser agredidos, no tienen respeto alguno al árbitro, ni a sí mismos, ni al contrario.
Es un espectáculo donde lo más corrupto del globalismo actúa para enfrentar a las respectivas hinchadas que, divide y vencerás, apoyan a su equipo manque pierda, una conducta tan estúpida como los votontos, sean progres, maricomplejines, siervos de Israel, perroflautas o independentistas.
Y es que el fútbol está podrido de arriba abajo pues la corrupción ha afectado a la FIFA, UEFA, RFEF y al fútbol profesional español, con casos de sobornos, amaño de partidos, fraude, blanqueo y conflictos de intereses: el FIFA Gate implicó a numerosos dirigentes por pagos ilícitos vinculados a derechos televisivos y comerciales; Blatter y Platini fueron sancionados por FIFA por un pago de 2 millones de francos suizos, aunque posteriormente fueron absueltos penalmente, casualmente como los de los ERE y tantos otros. El que siga creyendo que la justicia es igual para todos, que tenga cuidado, no vaya a ser que le llegue un enano y, bajo la promesa de otorgarle tres deseos si se deja dar por el culo, acceda a ello.
En España destacan el caso Osasuna, con condenas firmes por corrupción deportiva, la Operación Oikos, sobre presuntos amaños para apuestas, y el caso Negreira, relativo a pagos del FC Barcelona al exvicepresidente del Comité Técnico de Árbitros; además, la RFEF ha estado implicada en investigaciones como Soule y las presuntas irregularidades contractuales relacionadas con la Supercopa de España en Arabia Saudí.
Esto es sumamente triste mas lo más triste es la falta de cerebro y cojones de los españoles a quienes roban a manos llenas desde la creación de ese instrumento llamado Agencia Tributaria creada por la Ley 31/1990, de 27 de diciembre, junto a muchos otros como la DGT, Inspección de Trabajo, Ayuntamientos, CC.AA., etc.
Los españoles no salen a la calle a protestar por nada salvo porque su equipo de fútbol no gane o porque baje a segunda división.
El remate se produjo en el día de ayer cuando tres mandingas – de ese club que dice ser blanco y «muy español» como los que enarbolan la bandera de España con la de Israel, cuyo presidente hace negocios con BlackRock – que deberían estar en su continente habiendo lo que les plazca, y no en España, se negaron a mostrar el mensaje de apoyo contra la invasión a Ceuta, incluyendo las numerosas violaciones a niños cometidas por los que son de su continente, como lo hicieron el resto de sus compañeros, incluyendo otros señores africanos.
Los que son hinchas del equipo que dice ser blanco pero que parece negro, distíngase de los Allblacks, ésos sí tienen valores y sí ponen los intereses de su nación por encima de colores o dinero, lo justificarán mientras que lo que son hinchas de otros equipos atacarán al rival futbolístico sin piedad. Tanto los unos como los otros, como el resto de votontos de España, situarán a su equipo de fútbol por delante de su país.
Tanto a los unos como a los otros, les da exactamente lo mismo la invasión de su país, total si lleva más de veinte años produciéndose que más da. Luego llorarán cuando comprueben, en sus carnes o en las de sus respectivas familias, que lo de las más de ciento veinte agresiones sexuales cometidas tras la invasión de Ceuta, robos, amenazas, acosos sexuales y no sexuales, etc. son extensibles a toda España.
Luego comprobarán que lo del fútbol, lejos de ser un mero entretenimiento, se trataba de un medio de manipulación de masas.
¡Qué razón tenía Ortega y Gasset! cuando advertía en La rebelión de las masas sobre una sociedad en la que el individuo puede exigir derechos y participar activamente en la vida pública sin asumir en la misma medida las responsabilidades, el esfuerzo y la preparación que esa participación requiere.
Su reflexión resulta especialmente relevante cuando la opinión personal se confunde con conocimiento, se rechaza cualquier autoridad basada en la experiencia o la competencia y la mayoría pretende imponer su criterio en todos los ámbitos. Ortega no criticaba a las masas por su número o condición social, sino una determinada actitud: la autosatisfacción, la falta de autocrítica y la renuncia a la exigencia personal. ¿Les suena estimados compatriotas de toda ideología o condición?
La imagen del ex DAO de la Policía Nacional Tino Villabona no puede ser más triste y paradigmática. Representa a todos los españoles, futboleros y no futboleros, que en el día de hoy no apagan el TV. Al menos hasta que, para empezar, expulsen a todos los invasores de Ceuta.
Hoy, como he hablado de fútbol finalizaré citando a un argentino digno de encomio, D. Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo, más conocido como Jorge Luis Borges, quien aseveró que:
EL FÚTBOL ES POPULAR PORQUE LA ESTUPIDEZ ES POPULAR.

