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Millonarios del fútbol español, cero respeto: el gesto de Vinicius, Mbappé y Konaté con Ceuta

Hay gestos que no necesitan comunicado. Bastan diez segundos de cámara. Vinicius Júnior, Kylian Mbappé e Ibrahima Konaté saltaron al Martínez Valero con la camiseta de apoyo a Ceuta enrollada hasta el pecho, de modo que el lema «Todos somos caballas» quedaba cortado. Luego, ante el saludo protocolario, dos de ellos se la quitaron. El resto de sus compañeros y todo el Elche la llevaron puesta. El club lo despacha como «sensibilidad personal». El aficionado que paga la entrada, el socio que mantiene al club y el país que les paga sueldos de escándalo lo ve de otra forma: desprecio disfrazado de matiz.

No es un debate abstracto sobre camisetas. Es la imagen de tres futbolistas que cobran fortunas en España, juegan en el club más poderoso de España y viven de un ecosistema —Liga, derechos de televisión, patrocinios, afición— que existe porque hay un país, unas ciudades y unos hinchas. Ceuta es territorio español. «Caballa» es el gentilicio popular de sus habitantes. La iniciativa, impulsada en la jornada de Liga, era un gesto de solidaridad con una ciudad que en julio sufrió una entrada irregular masiva desde Marruecos, la mayor crisis de ese tipo en la frontera desde 2021. Miles de personas, tensión social, saturación de servicios. Un mensaje mínimo: estamos con los que viven allí. Ellos decidieron que ni siquiera eso merecía verse entero.

Lo más revelador no es que discrepen. Es la forma. No se plantaron y dijeron «no me la pongo». Hicieron el ademán a medias: la cogen, la enrollan, tapan el texto, se la quitan en cuanto pueden. Esa es la estética del privilegio: ni compromiso ni negativa clara. Solo el cálculo de no quedar del todo fuera de la foto y, al mismo tiempo, no lucir el mensaje. Santiago Cañizares lo resumió con más sentido común que mil tertulias: o te la pones o no te la pones; lo de a medias es otra cosa.

Estos no son tres chavales que debutan. Son estrellas globales. Mbappé llegó como el fichaje más caro y mediático de la historia reciente del club. Vinicius es uno de los rostros comerciales del Madrid. Konaté es central de selección y de plantilla millonaria. Sus ingresos anuales superan lo que muchas familias ceutíes —o españolas— verán en décadas. Juegan en un estadio que se llena con gente que sí se siente parte de ese «todos». La Grada Fans del Bernabéu había desplegado un mosaico con banderas de Ceuta. El club aceptó la iniciativa y hasta la anunció en su web. Ellos, no.

Se puede discutir la politización de cualquier lema. Se puede argumentar que un futbolista no está obligado a ser cartel de una campaña. Lo que no se sostiene es la pose de quien cobra en euros españoles, ficha por un club español, vive en Madrid y, cuando toca un gesto mínimo hacia una ciudad española en apuros, esconde el texto como si le quemara. El fútbol les ha dado pasaporte social, fortuna y un escenario planetario. A cambio, el mínimo de urbanidad institucional —ponerse la camiseta que se ha pactado con el resto del vestuario— les parece demasiado.

El club, según algunas informaciones, no le da importancia: cada uno se pone lo que quiere. Esa es exactamente la cultura que acaba pasando factura. Cuando el equipo necesita que el vestuario sea un bloque, cuando el Bernabéu pide actitud y no solo talento, aparece el mismo patrón: yo decido, yo matizo, yo no me mojo del todo. El partido se ganó in extremis. La imagen previa ya estaba perdida.

No hace falta exigirles un discurso geopolítico. Basta con exigirles lo que se les exige a cualquier profesional bien pagado en un país que no es el suyo de origen: un mínimo de respeto al marco que les enriquece. Ceuta no les pedía un tuit ni una donación. Les pedía no enrollar la camiseta para que no se leyera «Todos somos caballas». Ni eso.

Hay futbolistas que entienden que la camiseta del Madrid no es solo un uniforme de marketing. Hay otros que la tratan como un disfraz temporal mientras duren los cheques. Anoche se vio quiénes son quiénes. Y se vio, otra vez, que el talento no inmuniza contra la soberbia.

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