Un oficial naval español destinado en el cuartel general marítimo de la OTAN en Reino Unido perdió su acreditación de seguridad, fue expulsado de la base de Northwood y repatriado a España tras una relación iniciada en Tinder con una mujer nacida en la URSS. La historia, revelada en exclusiva por The Telegraph el 14 de septiembre de 2026, no ha producido cargos de espionaje ni detenciones, pero sí investigaciones aliadas, un incidente con la policía británica y una demanda por discriminación.
Qué ocurrió y por qué importaba a la Alianza
El militar, cuya identidad no ha trascendido, era un oficial senior de la Armada española, casado y padre de dos hijos, con 35 años de servicio. Se había separado de su esposa poco antes de conocer a Janina White en Tinder, en octubre de 2024. En ese momento estaba destinado en el Allied Maritime Command (MARCOM), el mando que dirige las operaciones navales de la OTAN desde el cuartel general de Northwood, en Hertfordshire, al noroeste de Londres.
Northwood no es un destino cualquiera. Desde allí la Alianza vigila submarinos y buques de guerra rusos en aguas próximas al Reino Unido y sigue a los petroleros sancionados de la llamada flota fantasma con la que Moscú evadió restricciones sobre su crudo. España mantiene un contingente permanente en esa sede: en 2024 la ministra de Defensa, Margarita Robles, visitó el mando y subrayó que el destacamento español era el quinto más numeroso entre los aliados.
White, de 49 años y residente en Romford (este de Londres), tiene doble nacionalidad británica y polaca. Nació en la Rusia soviética, se mudó a Polonia de niña y emigró al Reino Unido de adolescente. Es abogada. Según The Telegraph, su anterior marido fue un destacado dirigente local que llegó a visitar el número 10 de Downing Street.
La relación avanzó a gran velocidad. Dos semanas después del primer encuentro, White se mudó al piso de dos habitaciones del oficial en Ruislip, al oeste de Londres. Abrieron una cuenta bancaria conjunta y, según ella, planearon vacaciones e incluso hablaron de tener hijos.
La fiesta de Navidad que encendió las alarmas
Las sospechas no arrancaron por un documento clasificado, sino por un acto social. El 12 de diciembre de 2024 el oficial invitó a White a la fiesta de Navidad del comedor de suboficiales y sargentos de Northwood. Para entrar obtuvo un pase de visitante de un día, con escolta.
En la primera mitad de 2025, según documentos judiciales a los que accedió el diario británico, “surgieron preocupaciones de seguridad” en MARCOM relacionadas con el comandante y su relación. White es, además, aficionada al tiro y acude a un campo de tiro en Basildon, Essex. Se abrieron dos pesquisas en paralelo: una de seguridad de la OTAN y otra española. El Reino Unido, según esos papeles, no participó en esos procesos. El resultado fue que España suspendió la acreditación de seguridad nacional del oficial.
El 19 de junio de 2025 el comandante de Northwood fue informado de la investigación y revocó el pase de acceso del militar “a la espera del resultado”. Al día siguiente, 20 de junio, el oficial fue escoltado fuera de las instalaciones y entregó su pase. También se suspendieron los permisos de su esposa e hijos. Quedó constancia de que White no debía entrar. El 23 de junio se envió una notificación formal al jefe de Estado Mayor de MARCOM, un almirante español.
El 29 de julio de 2025 las autoridades españolas rescindieron su destino en MARCOM. En verano regresó a España.
Un viaje a Portugal con el pase británico ya anulado
Diez días después de perder el acceso a Northwood, el oficial viajó al cuartel general marítimo de alta disponibilidad de la OTAN en Oeiras (Portugal) para un acto de defensa. White le acompañó. Ella sostiene que no pisó zonas restringidas: pasó dos días sentada junto a la piscina, tomando café y té, y se aburrió. “Pasé dos días en la que probablemente sea la base de la OTAN más segura de Europa”, dijo. Argumenta que el hecho de que Portugal le dejara entrar prueba que no era vista como una amenaza.
El intento de reentrar en Northwood
El 26 de agosto de 2025 el oficial, White y una tercera persona no identificada intentaron entrar de nuevo en Northwood “supuestamente para almorzar”, pese a que el pase del militar estaba suspendido. Según los documentos judiciales, el español afirmó que había extraviado su pase y pidió pases de visitante para sus acompañantes: “esto no era cierto”. La seguridad les negó la entrada y les pidió que abandonaran el recinto. White se negó al principio. Acudió la policía de Hertfordshire. Salieron sin ser detenidos. Ella dijo que actuaba como abogada de su entonces pareja y que iban a recoger pertenencias. La policía británica confirmó la llamada y que no hubo arrestos.
Ella niega ser espía; admite un café con el FSB
White no ha sido detenida. Ninguna investigación pública ha demostrado que sea agente extranjera. Su frase más repetida: “Sé definitivamente que no soy una espía rusa. La última vez que lo comprobé, no lo era”.
Sin embargo, reconoció un episodio que complica su relato. El mes anterior a la publicación del reportaje —agosto de 2026— viajó a San Petersburgo a ver a su padre enfermo. Allí, según contó, un hombre que se identificó como oficial del FSB, llamado Andrei, la invitó a un café cerca del metro y la interrogó durante unas dos horas. Le preguntó por el trabajo de su expareja, por cómo se conocieron, por la investigación de seguridad, por su hermana, su padre y su marido, y por si seguían en contacto. Ella dice que respondió que en casa tenían prohibido hablar del trabajo, aunque sabía que el oficial se ocupaba de la flota fantasma y de los submarinos. “Fue muy agradable y me invitó a un buen café”, añadió.
White facilitó al Telegraph una foto posando junto a una figura de cartón de Vladímir Putin.
El oficial denuncia aislamiento; ella habla de un intento de suicidio
En un correo electrónico al vicealmirante británico Mike Utley —quien comandó MARCOM— el militar se quejó de “un proceso gradual y calculado de aislamiento social y profesional”. Relató que sus hijos, su exesposa y White fueron excluidos de la vida social de la comunidad española en la base, que otros niños dejaron de saludar a los suyos y que el entorno familiar se volvió “hostil y divisorio”. Tras 35 años de servicio “ejemplar e impecable”, dijo sentirse tratado “no como un igual, sino como un extraño no deseado”.
White afirma que, de vuelta en España y ya sin destino activo en la Armada, el oficial intentó suicidarse en septiembre de 2025. “Se sintió traicionado por la Armada. Se suponía que el Estado español debía protegerle. Entiendo sus sentimientos. Siento que Gran Bretaña, mi país, me traicionó a mí”, declaró. Esa afirmación procede solo de ella; no hay confirmación independiente publicada. La relación entre ambos ya había terminado.
La batalla legal
White ha pedido una revisión judicial de por qué los responsables de Northwood la catalogaron como “riesgo de seguridad adverso”. También ha interpuesto una demanda por discriminación contra el Ministerio de Defensa británico, alegando que la sospecha se basó en su lugar de nacimiento. “Como abogada veo un enorme defecto legal. Primero me quitaron todos los derechos por haber nacido en el país equivocado. Toda la maquinaria del Estado me trató como a una enemiga. Quiero saber por qué se tomó esta decisión, quién la tomó y quiero que se anule”.
Qué dicen las instituciones
MARCOM, por boca del comandante Tim Pietrack, se limitó a esto: “MARCOM no comenta asuntos de personal. La OTAN sigue plenamente comprometida con la protección del personal aliado, la salvaguarda de la información clasificada y el mantenimiento de la confianza y la seguridad de las que depende la Alianza”.
El Ministerio de Defensa británico: “Sería inapropiado comentar asuntos sujetos a procedimientos legales en curso”. El Confidencial contactó con el Ministerio de Defensa español y, en el momento de su publicación, no había recibido respuesta. El nombre del oficial no ha salido a la luz.
Lo que se sabe y lo que no
Lo documentado es una alerta de seguridad aliada por una relación sentimental, la retirada de acreditaciones, la repatriación del militar y un litigio civil en Reino Unido. Lo que no está acreditado es que White fuera una agente del Kremlin: no hay acusación penal, no hay detención y las propias fuentes judiciales citadas no publican pruebas de espionaje.
El caso encaja, aun así, en un patrón que preocupa a los servicios occidentales desde la invasión de Ucrania: el uso de relaciones personales —a veces a través de aplicaciones de citas— para acercarse a personal con acceso a información sensible. Eso no convierte a White en espía. Sí explica por qué una fiesta de Navidad, un viaje a Oeiras y un origen soviético bastaron para que OTAN y España movieran ficha contra un oficial que vigilaba submarinos rusos desde una de las sedes más sensibles de la Alianza.
La última palabra, de momento, no está en un tribunal penal, sino en los juzgados británicos donde White exige que se anule la etiqueta de amenaza y se “limpie toda la cadena” de la decisión que, según ella, la trató como enemiga por haber nacido “en el país equivocado”.

