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El otoño del patriarca

Por Alfonso de la Vega

“Durante el fin de semana los gallinazos se metieron por los balcones de la casa presidencial, destrozaron a picotazos las mallas de alambre de las ventanas y removieron con sus alas el tiempo estancado en el interior, y en la madrugada del lunes la ciudad despertó de su letargo de siglos con una tibia y tierna brisa de muerto grande y de podrida grandeza. Sólo entonces nos atrevimos a entrar sin embestir los carcomidos muros de piedra fortificada, como querían los más resueltos, ni desquiciar con yuntas de bueyes la entrada principal, como otros proponían, pues bastó con que alguien los empujara para que cedieran en sus goznes los portones blindados que en los tiempos heroicos de la casa habían resistido a las lombardas de William Dampier. Fue como penetrar en el ámbito de otra época, porque el aire era más tenue en los pozos de escombros de la vasta guarida del poder, y el silencio era más antiguo, y las cosas eran arduamente visibles en la luz decrépita.”

Se acerca el equinoccio de otoño y es moda actual entre gacetilleros, consejeros y oráculos de la no izquierda, no derecha, el tratar de exhortar a que el suplente haga algo, más allá de su habitual indolencia cómplice. Se insta a que elabore un programa de limpieza a fondo de la cochambre sanchista mucho más enérgico que el del propio Hércules con los establos de Augias. Me temo que no deja de ser un brindis al sol, una muestra de inopia, Lo primero porque es tanto como confesar desconocer la verdadera naturaleza de Feijoo y el PP, lo segundo porque no se debe vender la piel del oso antes de haberlo cazado. De haber elecciones, que en el nivel actual de dictadura incluso eso estaría por ver, el pitoniso mercenario del CIS ya ha pontificado que ganará la PSOE en las urnas. De modo que por la vía “democrática” abandonad toda esperanza. Solo la desaparición del autócrata permitiría asegurar el final de su dictadura y entrar tras los muros empujando los portones blindados, ¿Para encontrar dentro otro títere? 

El de dictadores constituye todo un género literario de gran interés desde muchos puntos de vista y no solo del artístico. Género inaugurado por nuestro gran Valle, su Tirano Banderas, inspirada en su experiencia americana, es la novela pionera y puede que más brillante de todas las que han venido después. Así: Señor PresidenteYo, el Supremo; El Otoño del Patriarca; Oficio de difuntos o la Fiesta del chivo

Pero la saga o panoplia de dictadores ha sido actualizada por la realidad misma antes que por la literatura. En cierto modo ha quedado algo anticuada. Ya no sería de aplicación lo del golpe de estado militar clásico, el tópico uniformado mandando en toda la sociedad como si fuese un cuartel. Al revés, la dominación se ejerce hoy con pucherazos, fomentando el vicio, el desorden, el pasotismo, los tatuajes y la falta de disciplina.  Ya no está de moda el retrato de fiero dictador de uniforme con palo y tente tieso criados y entrenados bajo la sanguinaria disciplina de la siniestra escuela gringa de Panamá. La globalización exige nuevos métodos de dominación, más solapados pero no menos eficaces. Y aquí surge la gran oportunidad para los Sánchez y demás ralea.

Como explicaba el arzobispo Vigano, oportunamente “misericordiado” por Bergoglio: “Nos enfrentamos hoy a una amenaza trascendental: un golpe de Estado perpetrado por la élite globalista. Un proyecto basado en mentiras, chantajes y corrupción.

El diablo es el señor de la mentira y se pasea tranquilamente por los palacios, incluido el Vaticano. Otra pieza más en estos momentos de globalización en los que hay que sacrificar la tradición así como los antiguos órdenes nacionales garantizados por los militares. La gran plutocracia parece querer evitar el empoderamiento de ciertos intermediarios para sustituirlos por títeres civiles más manejables. El paleocomunismo a la antigua, a la cubana, o a lo maoísta, ya no es grato a nuestros genocidas plutócratas filantrópicos al poder entrar en conflicto sus intereses de dominación global mundial con los de la salvaje burocracia comunista cerrada y primitiva que protege los suyos.

Lo de «dictadura», aunque sea la del proletariado, hay que reconocer que suena mal. Donde estén la verborrea mañosa, un buen proceso electoral amañado y unas instituciones prostituidas pero que mantengan cierto grado de apariencia mohatrera que se quiten los militares, no vaya a salir alguno con honor, patriotismo y sentido de Estado y nos fastidie el negocio. Pero la “democracia” prostituida o falsificada, incluso con ribetes plebiscitarios, «el que no está conmigo es un fascista«, constituye hoy la dinámica general de avasallamiento de los pueblos. Otra ventaja es que los disidentes o callan o se descubren solos. Algunos impacientes poco divinos como Puente pueden perder la cabeza por sacarla antes de tiempo.

El NOM se está imponiendo por la vía “democrática”. Las invasiones islámicas o el comunismo posmoderno como el que se está intentando implantar ahora en España, vienen desde el Poder globalista, de las grandes corporaciones y cuenta con la complicidad de instituciones internacionales y nacionales. Los protagonistas presumen de demócratas aunque desvirtúan o inutilizan cualquier contrapeso institucional que pueda obstaculizar o limitar su poder despótico. Más que por la represión violenta organizan su peligrosa mohatra mediante el engaño, la publicidad y la demagogia. Por control y envenenamiento mental. De modo que más que la vieja lucha de clases, se promueven las banderas señuelo de los indígenas, los homosexuales, las feministas, los invasores violentos de diferentes culturas, religiones y razas, el falso «medio ambiente» o supuesto cambio climático antropogénico, los satanistas, los pederastas, los narcos, el lumpen, y la delincuencia en general.  Todo ello para destruir, allí donde aún existan, las bases de la convivencia y del orden. La nación, la religión, la familia, la clase media. La economía real que permite crear bienes o servicios y satisfacer necesidades reales de la gente a favor de la economía financiera que genera deuda y esclavitud. Sin olvidar el saqueo de recursos naturales como estamos viendo con el «pacto» entre Trump y Delcy.

En resumen, la novela clásica del dictador empieza a quedar anticuada en lo político y social, tanto en protagonistas como en métodos. En esta etapa de globalización ya no interesan las dominaciones militares nacionales sino un comunismo con nuevas tecnologías de fraude, engaño y dominación basados en la propaganda y el envenenamiento mental y superador de la naturaleza primitiva violenta del comunismo histórico tradicional que dominaba por el terror. Se precisa una previa perversión orwelliana en el lenguaje posibilitada por la prostitución de los grandes media blanqueadores de la tiranía, y falsificadores de la realidad. Si un tipo como Neruda explicaba que de los yelmos de los aguerridos conquistadores caían bonitas palabras como joyas preciosas ahora es la tele y los medios de confusión de masas quienes escupen su jerga estupefaciente formadora de cuentos para mejor narcotizar al populacho cada vez más embrutecido. De ahí la nueva legitimidad: si nos han “elegido”, ergo ya estamos legitimados para cualquier futuro atropello.  Sin embargo, en algunos lugares parece ser que el hechizo se va desvaneciendo y la gente empieza a reaccionar. No todos. En efecto, terminemos con Valle:  “… se retiró de la ventana para recibir a una endomingada diputación de la Colonia Española.-El abarrotero, el empeñista, el chulo del braguetazo, el patriota jactancioso, el doctor sin reválida, el periodista hampón, el rico mal afamado, se inclinaban en hilera ante la momia taciturna con la verde salivilla en el canto de los labios-. Don Celestino Galindo, orondo, redondo, pedante, tomó la palabra, y con aduladoras hipérboles, saludó al glorioso pacificador”  (Tirano Banderas)

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