El Expolio

Por Alfonso de la Vega

No me voy a referir al famoso cuadro de El Greco que se expone en la sacristía de la catedral de Toledo sino a otro que EEUU parece dispuesto a perpetrar con los recursos petrolíferos de Venezuela.

Aunque nosotros no tengamos petróleo lo que ocurra en Venezuela tiene gran interés para los españoles. Nos afecta no solo de modo solidario como miembros de la Hispanidad o como teoría o escenario del futuro de la globalización sino también desde un punto de vista pragmático como modelo político económico del Frente Popular que se ha hecho con el poder del desvencijado régimen del 78, gracias al fracaso institucional generalizado incluida la incompetencia de la Corona.

La última importante novedad, tras el secuestro del infame dictador Maduro y la colocación en la poltrona presidencial de su lugarteniente como títere al servicio imperial, es el “pacto” petrolero anunciado por Trump que lo calificó como “el mayor acuerdo petrolero de la historia mundial”. El “pacto” otorga por 25 años a Estados Unidos el “control mayoritario” de más de 65.000 millones de barriles en reservas probadas de petróleo venezolano lo que vendría suponer un 21,7% de los 300.000 millones de barriles estimados. Otras fuentes consideran que el plazo real de vigencia pudiera ser aún mayor, hasta un siglo.

Trump afirmó que el convenio “más que duplica las reservas de petróleo de EEUU”, aumenta de forma considerable el suministro de crudo y contribuirá a reducir los precios de la gasolina en EEUU. Afirmó que no tendrá costo para los contribuyentes estadounidenses y ayudará a Venezuela a avanzar hacia “un éxito tremendo y una gran prosperidad”.

Por parte venezolana la traidora Delcy Rodríguez confirmó que el convenio tiene una duración de 25 años, con una posible prórroga de 15 años según la Ley de Hidrocarburos, y contempla el desarrollo de 17 campos petroleros estratégicos con una meta de producción superior a 1,5 millones de barriles diarios. Con tales hipótesis y un precio de referencia de 65 dólares por barril, Venezuela recibiría unos 209.335 millones de dólares en total, equivalente a unos 19 dólares por barril.

Una cuestión interesante por significativa e indicativa de cierta posible corrupción presidencial oculta es que en el pacto no tendrían gran relevancia las petroleras habituales sino al parecer la Oficina de Activos Estratégicos del Pentágono, como titular de una participación accionarial en North American Blue Energy Partners (NABEP), aunque entre las facultades de dicha oficina no figura la adquisición de acciones. Así el gobierno americano tendría una participación del 35% en NABEP, empresa del oligarca venezolano Alejandro Betancourt, que se encargará de explotar los yacimientos petrolíferos indicados. Alejandro Betancourt es un joven oligarca venezolano vinculado a España donde está siendo investigado judicialmente. Está formalmente acusado de blanqueo y delito contra la Hacienda Pública. Es de suponer que la actual “protección” americana le libre de problemas.

Con el cinismo que caracteriza al personaje, Trump se jacta de que el acuerdo sirve para  «reforzar las relaciones bilaterales«, en realidad de amo y esclavo, e insiste en que permitirá a Venezuela lograr un éxito tremendo y una gran prosperidad. Hipocresía corroborada por la traidora Delcy quien explicó los motivos del pacto: convertir «las reservas inmensas del país en felicidad social, económica, para el pueblo de Venezuela, en soluciones concretas”. “Es para el desarrollo del país, pero, sobre todo, para atender al pueblo de Venezuela. A que exista más empleo, mejores salarios, tener servicios públicos, agua, electricidad, hospitales, escuelas, alimentación adecuada y será “el impulso para el gran desarrollo de Venezuela en las próximas décadas”.

Un vieja aspiración venezolana siempre traicionada pero la corrupción y egoísmo de sus élites arrumbó la posibilidad de «sembrar petróleo» expresión acuñada en 1936 por Uslar Pietri: “Cuando dije «sembrar el petróleo», quise expresar rápidamente la necesidad angustiosa de invertir en fomento de nuestra capacidad económica el dinero que el petróleo le producía a esta Venezuela, por tan largo tiempo desvalida”.

Es de suponer que la prepotente plutocracia americana no se va a preocupar más que la oligarquía local por la suerte del sufrido pueblo venezolano. Pero más allá de los aspectos propios de la piratería anglosionista conviene reseñar los geopolíticos y geoestratégicos. El petróleo como recurso geopolítico pero también hoy como patrón de reserva financiera en apoyo del dólar. En estos momentos de evolución de la globalización tras el fiasco bélico actual para Trump en la guerra de Irán, que no parece vaya poder suministrar más botín que costes con la pérdida de influencia en el Golfo, una posible crisis futura del petrodólar y la decadencia del dólar como moneda internacional basada en la fuerza, es más necesario que nunca hacerse con recursos naturales tales como el petróleo tanto para funcionamiento de los activos económicos cuanto respaldo de la moneda en sustitución del patrón oro. Reforzadas las reservas petrolíferas americanas con las que se capturarían de Venezuela también se prevé la dolarización de la economía venezolana e incluso la sustitución del bolívar y la sustitución del banco central, pasando a transferir la política monetaria del antes país soberano a la Reserva Federal de EEUU.

Aparte de la cuestión de los petrodólares hoy en riesgo, el expolio sería aún mayor si el país caribeño abandonara la OPEP como se prevé. Permitiría aumentar la producción de petróleo  sin tener en cuenta sus restricciones. Como el lector bien sabe el petróleo no se “produce”,  se extrae de modo que aumentar la “producción“ en realidad significa sacar más y que en consecuencia que quede menos para el futuro a igualdad de reservas probadas.

De modo que el secuestro de Maduro y su sustitución por la títere Delcy es una etapa más en el control de Venezuela y supone un grave paso atrás en la hoy utópica pero deseable multilateralidad de libre comercio que asegurase a todas las naciones el libre acceso a las riquezas del planeta en un sistema de cooperación económica y financiera internacional. Pero en lo de Venezuela hay un aspecto de satelización más que de colonialismo puro en la medida que el satelitismo tiende a la desaparición del aparato estatal integrándose en la órbita del poder dominante y no a una posible futura emancipación de los pueblos. 

El asunto de Venezuela tampoco deja  de tener  relación con un aspecto geoestratégico clave puesto en evidencia por la guerra de Irán, la necesidad de control para el poder marítimo de los principales estrechos influyentes en el tráfico naval. O en su defecto, disponer de circuitos alternativos que puedan obviarlos. Nosotros lo estamos sufriendo ahora en el caso de Ceuta y el control del de Gibraltar. Y es que “cuando las barbas de tu vecino veas pelar…”

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