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Mohamed VI: «Príncipe de los Creyentes» y la contradicción que denuncia un oficial exiliado

En Marruecos, el rey Mohamed VI no es solo jefe de Estado. Es también Amir al-Mu’minin, «Príncipe de los Creyentes»: máxima autoridad religiosa de un país cuyo islam es religión oficial y donde la homosexualidad está penada y se considera haram, un pecado grave. Esa doble condición —soberano temporal y referente espiritual— es el eje del argumento que el exoficial del Ejército Real Abdelilah Issou volvió a plantear este lunes en X.

Issou, graduado de la Academia Real Militar de Mequinez y asilado político en España —se presenta como el primer oficial marroquí al que se concedió ese estatuto—, sostiene que, desde esa concepción religiosa, «resulta incompatible ser “Príncipe de los Creyentes” y homosexual al mismo tiempo». Mantener ambas condiciones, escribe, «supone una contradicción y un engaño a los marroquíes y al mundo».

El mensaje no es nuevo. Citaba un texto propio de agosto de 2025, extraído de su libro Mémoires d’un soldat marocain. La face cachée du royaume enchanté (Edilivre, 2014). En aquel fragmento afirma que la homosexualidad de Mohamed VI «fue, durante mucho tiempo, un secreto de polichinelle» en Marruecos: en los salones de la alta sociedad de Rabat y Casablanca se hablaba abiertamente de ello en los últimos años del reinado de Hassan II. «La gente sabía que, pronto, iban a tener que vérselas con un Comendador de los Creyentes gay, una primicia en Marruecos», escribe. Después de la subida al trono, añade, circularon rumores sobre viajes o «escapadas» a América del Sur —cita Brasil y Santo Domingo— y sobre una supuesta «adicción del rey a hombres y travestis negros».

Quién es el autor y de dónde salen estas afirmaciones

Issou sirvió en las Fuerzas Armadas Reales entre finales de los años ochenta y 2000, gran parte del tiempo en el Sáhara Occidental. Abandonó el Ejército con el grado de teniente y se exilió en España. En su libro y en entrevistas posteriores denuncia corrupción en la cúpula militar, presunto narcotráfico y lo que llama «el tema tabú número uno» del reino: la orientación sexual atribuida al monarca. Medios españoles como El Mundo recogieron ya en 2014 esos pasajes, incluida la afirmación de Issou de haber entregado a un contacto español un informe sobre las «tendencias» del entonces príncipe heredero y sobre su amistad con un compañero de promoción.

Nada de eso equivale a una prueba judicial ni a una admisión oficial. El Palacio Real no confirma ni desmiente este tipo de rumores; en Marruecos, además, la crítica directa al rey y a su condición religiosa es un terreno de alto riesgo político y penal. Las acusaciones de Issou deben leerse, por tanto, como las de un disidente en el exilio, no como un hecho establecido.

El marco legal y religioso que da fuerza al argumento

El post de 2026 no se centra tanto en el cotilleo como en la incoherencia institucional. El Código Penal marroquí (artículo 489) tipifica los actos homosexuales. En la doctrina islámica mayoritaria en el país, esas prácticas se consideran prohibidas. Al mismo tiempo, la Constitución y la tradición alauí atribuyen al rey la función de garante de la fe. Esa tensión —ley religiosa, rol sagrado del monarca y rumores persistentes sobre su vida privada— es lo que Issou presenta como un engaño estructural: no solo una cuestión de intimidad, sino de legitimidad simbólica.

Los rumores no empezaron con su libro. Circulan desde el final del reinado de Hassan II y reaparecen periódicamente en prensa extranjera, redes y, más recientemente, en amenazas de grupos de hackers que dicen poseer material comprometedor. Ninguna de esas fuentes ha presentado evidencia verificable de dominio público. En 1999, al inicio del reinado, ya hubo protestas de la diáspora contra reportajes europeos sobre el tema.

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