Por Alex Díaz
Cómo perder tus ahorros, pagar cuando bajan los intereses y descubrir que tu hipoteca viaja más que Pedro Sánchez en el Falcon
Bienvenido a España, ciudadano.
Has trabajado treinta años, tienes una pequeña empresa, cuatro empleados, una hipoteca y 40.000 euros ahorrados.
Enhorabuena.
Para el banco eres prácticamente un yacimiento petrolífero.
Pero tranquilo: estás protegido.
Tenemos Banco de España, CNMV, ministerios, leyes, directivas europeas, jueces, inspectores, defensores del consumidor y aproximadamente siete toneladas de normativa financiera.
¿Qué podría salir mal?
Absolutamente todo.
CAPÍTULO I
EL DIRECTOR DEL BANCO ES TU AMIGO
Año 2007.
Entras en la sucursal.
—Buenos días, Manolo.
—¡Hombre, Pepe! ¿Cómo va la empresa?
Magníficamente.
El director conoce tu facturación, tus préstamos, tus pólizas, tus descuentos, tus avales y probablemente sabe antes que tú que el martes te van a devolver un recibo.
Pero Manolo está preocupado por ti.
Muchísimo.
—Los tipos están subiendo. Tengo aquí una cosa estupenda para protegerte.
Qué detalle.
Preguntas:
—¿Es un seguro?
—Bueno… es una cobertura. además tienes que renovar la línea de descuento, y si me contratas este seguro no tendrás problema para renovar la línea.
Perfecto.
¿Quién necesita leer cuarenta páginas después de semejante explicación?
FIRME AQUÍ.
Acabas de descubrir el maravilloso mundo del SWAP DE TIPOS DE INTERÉS.
EL PRODUCTO PERFECTO
El funcionamiento explicado en idioma sucursal era aproximadamente:
SI SUBEN LOS TIPOS → ESTÁS PROTEGIDO.
Fantástico.
Lo que quizá no ocupaba tanto tiempo en la conversación era:
SI BAJAN LOS TIPOS → PREPARA LA CARTERA.
Y bajaron.
Vaya si bajaron.
Entonces descubriste que aquello no era exactamente el paraguas que imaginabas.
Era un paraguas que, cuando dejaba de llover, te cobraba por el buen tiempo.
Liquidación:
–3.000 €
Tres meses después:
–3.700 €
Otros tres meses:
–4.000 €
Llamas a Manolo.
—Oye, esto me está arruinando.
—Es que han bajado los tipos.
Gracias, Manolo.
Sin esa explicación jamás lo habríamos descubierto.
¿QUIERES CANCELARLO?
Por supuesto.
Pepe le dice a Manolo, el director de la sucursal de empresas, ¡joder! me habéis asegurado la Cirve que tengo en otras entidades financieras, con vosotros no tengo ningún préstamo contratado, y aún por encima no me habéis renovado la línea de descuento, sois unos verdaderos hijos de mil padres.
—Quiero salir del producto.
—Ningún problema.
Qué alivio.
—¿Cuánto cuesta?
El empleado pulsa unas teclas.
Silencio.
—Treinta y siete mil euros.
Perdón.
¿Treinta y siete mil euros por dejar de tener algo que supuestamente contraté para protegerme?
Bienvenido a la ingeniería financiera.
Entrar era firmar.
Salir requería excavadora.
PERO USTED ES EMPRESARIO
Después llegaba la obra maestra.
Cuando algunos empresarios acudieron a los tribunales apareció un argumento extraordinario:
«USTED ES ADMINISTRADOR DE UNA SOCIEDAD.»
Ah.
Entonces todo aclarado.
En España, por algún misterioso fenómeno neurológico, cuando firmas ante notario como administrador de una S.L., automáticamente recibes conocimientos de:
derivados financieros,
mercados de futuros,
curvas de tipos,
valoración mark-to-market,
volatilidad,
riesgo de contraparte
y cálculo actuarial.
Tú pensabas que fabricabas muebles.
Pero resulta que eras Goldman Sachs y no te habías enterado.
Años después el Tribunal Supremo tuvo que explicar algo sorprendentemente complicado para aquella época:
SER EMPRESARIO NO TE CONVIERTE EN EXPERTO EN SWAPS.
Premio Nobel.
CAPÍTULO II
LA ABUELA DE WALL STREET
Mientras el empresario aprendía derivados financieros por las malas, entraba en otra sucursal Carmen.
Setenta y ocho años.
Toda una vida trabajando.
Cuarenta mil euros ahorrados.
Perfil inversor:
guardar el dinero y que no desaparezca.
El banco tenía exactamente el producto que necesitaba.
PARTICIPACIONES PREFERENTES.
Solo el nombre inspiraba confianza.
Preferentes.
Premium.
VIP.
Casi parecía que con 20.000 euros te iban a servir cava mientras esperabas turno en caja.
—Da un poquito más que el depósito.
—¿Y puedo recuperar mi dinero?
—Claro, mujer.
FIRME AQUÍ.
Y Carmen, que probablemente no sabía qué era un mercado secundario, acababa convertida por decreto comercial en inversora sofisticada.
WALL STREET DESCUBRE AL JUBILADO ESPAÑOL
Durante aquellos años ocurrió un fenómeno financiero fascinante.
Miles de personas que jamás habían comprado una acción descubrieron repentinamente una pasión desenfrenada por instrumentos financieros complejos.
Jubilados.
Pensionistas.
Pequeños ahorradores.
Gente que guardaba la libreta bancaria dentro de una carpeta con las facturas del gas.
Todos convertidos en lobos de Wall Street.
Qué generación extraordinaria.
Luego llegó la crisis y algunos intentaron recuperar su dinero.
Entonces descubrieron una pequeña diferencia entre:
DEPÓSITO
y
PARTICIPACIÓN PREFERENTE.
La diferencia consistía aproximadamente en que con el primero pensabas que tenías tus ahorros y con el segundo empezabas a conocer abogados.
«PERO SEÑORA, USTED FIRMÓ»
Otra vez la frase mágica.
USTED FIRMÓ.
Naturalmente.
La señora también firma cuando el médico le entrega seis páginas antes de una colonoscopia.
Eso no significa que esté preparada para realizarla ella misma.
Pero en la banca española aquella firma tenía propiedades sobrenaturales.
Transformaba instantáneamente al cliente en experto financiero.
Hasta que comenzaron a llegar sentencias diciendo que quizá colocar productos complejos exigía algo más que señalar con un bolígrafo dónde estaba la X.
Solo hubo una minoría en España que contrato Preferentes y se las devolvieron inmediatamente, los gitanos, sin abogados y sin perder el tiempo, conozco de buena tinta como después de haber vendido Preferentes a unos gitanos de pro en Vigo, el patriarca gitano, se presento en la sucursal bancaria, pidió audiencia con el director payo, y seguidamente le enseño las artes del afilado de la faca delante de sus narices.
El payo no dudo en dar la razón al patriarca y devolvió su dinero como si no hubiera pasado nada, para que nos vamos a llevar mal, además viendo el perfecto afilado de este utensilio, especial para conciliaciones de respuesta inmediata.
CAPÍTULO III
TU HIPOTECA SE VA DE VIAJE
Ahora llegamos al ciudadano hipotecado.
Compra una casa.
Firma con su banco.
Durante treinta años paga religiosamente.
Cada mes:
BANCO → RECIBO → CIUDADANO → DINERO.
Fácil.
Hasta que un día descubre una palabra preciosa:
TITULIZACIÓN.
Resulta que financieramente su hipoteca podía haber tenido una vida muchísimo más interesante que la suya.
Él seguía viviendo en Vigo.
Su préstamo, mientras tanto, podía formar parte de una estructura financiera destinada a respaldar valores adquiridos por inversores.
El ciudadano seguía levantándose a las siete.
La hipoteca estaba haciendo carrera en los mercados de capitales.
TU CASA YA TIENE VIDA FINANCIERA PROPIA
Miles de préstamos podían agruparse.
Los derechos económicos correspondientes podían incorporarse a estructuras de titulización.
Los fondos emitían valores.
Los inversores compraban esos valores.
Y tú seguías pagando la cuota.
Fantástico.
El ciudadano que no podía vender su casa sin cancelar la hipoteca descubría que los derechos económicos asociados a aquella deuda podían circular por el sistema financiero con mucha más alegría que él.
Entonces alguien formuló una pregunta bastante lógica:
—Si determinados derechos sobre mi préstamo han sido cedidos, ¿quién demonios es ahora mi acreedor?
Magnífica pregunta.
Traiga abogado.
EL BANCO CUÁNTICO
La jurisprudencia actual establece que la titulización mediante participaciones hipotecarias no significa automáticamente que el banco originador pierda legitimación para reclamar.
Perfecto.
Todo legalmente explicado.
Pero desde la perspectiva del ciudadano aparece una criatura financiera fascinante:
EL BANCO DE SCHRÖDINGER.
Ha transmitido derechos económicos asociados al préstamo…
pero continúa administrándolo.
Existe un fondo…
pero tú continúas pagando al banco.
Hay inversores…
pero quien puede aparecer reclamándote continúa siendo la entidad originadora.
¿Lo entiendes?
No.
Perfecto.
Firme aquí.
CAPÍTULO IV
¿Y LOS VIGILANTES?
Ahora llega mi parte favorita.
Porque España tenía organismos encargados de supervisar todo aquello.
Banco de España.
CNMV.
Ministerios.
Gobiernos.
Parlamento.
Europa.
Legislación financiera.
Normativa MiFID.
Protección del consumidor.
Una formidable muralla institucional.
El pequeño problema fue que muchas de las grandes soluciones llegaron cuando el ciudadano ya estaba metido hasta el cuello.
Primero:
producto.
Después:
firma.
Después:
problema.
Después:
reclamación.
Después:
abogado.
Después:
Audiencia Provincial.
Después:
Tribunal Supremo.
Y cuando llevabas diez años litigando:
—Efectivamente, quizá no le informaron correctamente.
Gracias.
Mi empresa murió en 2010, pero agradezco muchísimo la aclaración.
CAPÍTULO V
CUANDO EL BANCO TIENE PROBLEMAS
Aquí cambia completamente la filosofía económica.
Cuando tú no puedes pagar:
RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL.
Firmaste.
Debiste leer.
Viviste por encima de tus posibilidades.
Tenías que haber previsto la crisis.
Tenías que haber previsto el desempleo.
Tenías que haber previsto el Euríbor.
Tenías que haber estudiado derivados financieros por las noches.
Pero cuando el sistema financiero tiene problemas…
Un momento.
Esto es diferente.
RIESGO SISTÉMICO.
Ahora todos somos una gran familia.
Aparecen:
reestructuraciones,
avales,
FROB,
SAREB,
garantías públicas
y miles de millones.
De repente el liberalismo económico descubre la Seguridad Social.
EL CAPITALISMO MÁS CURIOSO DEL MUNDO
El mecanismo resulta fascinante:
SI GANA EL BANCO:
BENEFICIO PRIVADO.
SI PIERDE EL CIUDADANO:
RESPONSABILIDAD PERSONAL.
SI PIERDE EL BANCO:
PROBLEMA SISTÉMICO.
SI QUIEBRA TU EMPRESA:
«El mercado funciona así.»
SI TIEMBLA EL SISTEMA FINANCIERO:
«No podemos permitir que caiga.»
Maravilloso.
Capitalismo para el ciudadano.
Protección colectiva para el sistema, el comunismo perfecto.
Y DESPUÉS NOS EXPLICARON LA CRISIS
Durante años escuchamos:
«LOS ESPAÑOLES VIVIERON POR ENCIMA DE SUS POSIBILIDADES.»
Una frase magnífica.
Un albañil con un Seat León había provocado Lehman Brothers.
Una peluquera de Albacete había diseñado los derivados financieros.
Un autónomo con una póliza de crédito había creado la burbuja inmobiliaria internacional.
Y una jubilada con 30.000 euros en preferentes aparentemente estaba especulando contra el sistema financiero mundial.
Menuda panda.
Mientras tanto, los auténticos expertos financieros que diseñaban, comercializaban y empaquetaban aquellos productos aparentemente habían sido sorprendidos por acontecimientos completamente imprevisibles.
Los únicos que tenían obligación de comprender las finanzas eran los clientes.
LA SUCURSAL ERA EL CASINO PERFECTO
Un casino tiene al menos una ventaja.
Cuando entras sabes que estás apostando.
El banco era mucho más elegante.
Entrabas para renovar una póliza.
Salías con un derivado financiero.
Entrabas para colocar los ahorros.
Salías con preferentes.
Entrabas para comprar una vivienda.
Tu hipoteca podía terminar formando parte de una titulización.
Y siempre había una persona sonriente diciendo:
«ES LO MEJOR PARA USTED.»
EL PRODUCTO ESTRELLA ERA LA CONFIANZA
Los bancos no necesitaban vender únicamente productos.
Poseían algo mucho más valioso:
LA CONFIANZA DEL CLIENTE.
El director conocía al empresario desde hacía quince años.
La jubilada llevaba toda la vida en aquella caja.
La familia había firmado allí su primera hipoteca.
Y esa confianza permitía algo que ningún anuncio televisivo podría conseguir.
Una frase:
«FIRMA, QUE ESTO TE CONVIENE.»
Después llegaron miles de páginas de jurisprudencia para analizar exactamente qué significaba aquella frase.
EPÍLOGO
TRANQUILO, CIUDADANO: EL SISTEMA TE PROTEGE
Hoy tenemos más normas.
Más transparencia.
Más formularios.
Más test.
Más páginas.
Más casillas.
Ahora para contratar determinadas cosas tienes que firmar tantas declaraciones de conocimiento que parece que estás adquiriendo plutonio enriquecido.
Hemos aprendido.
Supuestamente.
Pero convendría no olvidar cómo aprendimos.
SWAPS.
Empresarios descubriendo que su «protección» podía generar liquidaciones brutales cuando bajaban los tipos.
PREFERENTES.
Ahorradores descubriendo que aquello que habían entendido como ahorro seguro era un producto financiero complejo.
TITULIZACIONES.
Hipotecados descubriendo que detrás de su aparentemente sencilla relación con el banco existía toda una arquitectura financiera de fondos e inversores.
Y siempre la misma música de fondo:
«USTED FIRMÓ.»
Sí.
Firmamos.
Pero quizá la pregunta verdaderamente incómoda nunca fue quién firmó.
La pregunta era:
¿QUIÉN SABÍA REALMENTE LO QUE ESTABA VENDIENDO?
Porque a un lado de aquella mesa había departamentos jurídicos, analistas, economistas, especialistas en riesgos y mesas de tesorería.
Al otro podía haber un carpintero.
Y después nos dijeron que ambos habían negociado libremente.
Eso sí que fue el mejor producto financiero de aquella época:
VENDER COMO «LIBERTAD CONTRACTUAL» UNA PARTIDA EN LA QUE SOLO UNO DE LOS DOS CONOCÍA LAS REGLAS.
Y cuando terminaba la partida…
adivinen quién tenía la caja.

