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¿Quiere conocer el infierno? Monte una empresa en España

Por Alex Díaz

Dante era un optimista: nunca tuvo una PYME en España

“Quiero ser mar, solo consigo espuma, quiero avanzar solo consigo espuma, sin ti no puedo, porque no me ayudas, todo se vuelven dudas,” Fragmento de la letra de la canción Quiero Beber y no olvidar de Manolo Tena, muy acorde con este artículo.

Durante siglos nos contaron que, si nos portábamos mal, al morir acabaríamos en el infierno.

Fuego eterno. Calderas. Demonios. Azufre.

Mentira.

El infierno existe, tiene certificado digital y abre de lunes a viernes.

Bienvenido a España.

Aquí no hace falta morir para conocer a Lucifer. Basta con montar una pequeña empresa, contratar a cuatro personas y cometer la temeridad de intentar ganarse la vida sin depender del presupuesto público.

Entonces comienza la visita guiada por los nueve círculos del infierno fiscal español.

PRIMER CÍRCULO: COBRAR UNA NÓMINA

El trabajador contempla su nómina y cree que gana una determinada cantidad.

Qué entrañable.

Antes de que el dinero llegue a su bolsillo, una parte ya se ha marchado entre cotizaciones e IRPF. Y además existe la cotización empresarial que el trabajador normalmente ni siquiera ve reflejada como parte de su salario bruto.

Pero tranquilo, ciudadano.

Lo divertido empieza cuando intentas gastar lo que queda.

Compras algo: IVA.

Tienes una casa: IBI.

Tienes coche: impuesto municipal.

Quieres circular con él: combustible cargado de impuestos.

Toca ITV: a pagar.

Consumes electricidad: factura, impuestos, cargos y conceptos que requieren prácticamente un máster para comprenderlos.

Generas basura: tasa.

Y después llega la inflación, ese impuesto sin recibo que consigue algo maravilloso: que tus 100 euros continúen llamándose 100 euros mientras compran cada vez menos cosas.

La genialidad del sistema consiste en conseguir que pagues impuestos cuando ganas dinero, cuando gastas dinero, cuando tienes cosas y, en determinados casos, cuando transmites esas cosas.

Sólo falta un impuesto por respirar, bueno, en 2020 con la farsa “satánitaria”, se multaba al que intentara respirar un 21% de oxígeno. Los “caballero caballero”, iban multando a los que no usaban la inútil mascarilla, para la enfermedad imaginaria.

SEGUNDO CÍRCULO: HACERSE AUTÓNOMO

Pero quizá eres una persona especialmente atrevida.

Un día te levantas y piensas:

«Voy a trabajar por mi cuenta.»

En ese instante, en algún despacho administrativo, probablemente se enciende una luz.

Ha nacido un contribuyente premium.

Porque el autónomo español posee un superpoder desconocido para la física moderna:

siempre tiene dinero.

No importa que un cliente no le haya pagado.

No importa que tenga la cuenta temblando.

No importa que ese mes haya vendido poco.

Llegarán vencimientos, cuotas, retenciones, declaraciones y obligaciones.

Porque la Administración ha descubierto una fuente energética más fiable que la nuclear:

el bolsillo del autónomo.

Y si el dinero no está, eso constituye un problema del autónomo.

El Estado jamás pregunta:

—¿Pepe, has cobrado las facturas?

Pregunta:

—¿Pepe, has pagado?

Pequeño matiz.

TERCER CÍRCULO: FUNDAR UNA PYME

Aquí empieza el nivel profesional.

Crear una empresa en España consiste en asumir voluntariamente la responsabilidad de mantener simultáneamente:

Clientes, proveedores, trabajadores, bancos, Seguridad Social, Hacienda, ayuntamientos, gestorías, prevención de riesgos, protección de datos, normativas medioambientales, registros, declaraciones, certificaciones e inspecciones.

y una creciente colección de burocracias cuyo propósito parece ser comprobar que sigues vivo para poder enviarte otro formulario.

Todo ello mientras intentas realizar esa actividad secundaria conocida antiguamente como:

trabajar.

CUARTO CÍRCULO: EL MILAGRO DEL IVA

Después aparece una de las grandes maravillas administrativas: el IVA.

El empresario cobra una factura y contempla ingenuamente el saldo de su cuenta.

Error de principiante.

Parte de ese dinero nunca fue realmente suyo.

El empresario actúa como recaudador gratuito del Estado.

Cobra el impuesto.

Lo contabiliza.

Lo declara.

Y lo ingresa.

Hacienda obtiene la recaudación.

El empresario realiza el trabajo.

Una colaboración público-privada impecable.

Especialmente privada en el trabajo y pública en el dinero.

QUINTO CÍRCULO: HAS GANADO DINERO

Supongamos ahora una anomalía estadística.

Después de pagar salarios, proveedores, alquileres, electricidad, seguros, mantenimiento, asesores y demás costes…

queda beneficio.

¡Enhorabuena!

Has derrotado al videojuego.

Aparece entonces el jefe final:

IMPUESTO SOBRE SOCIEDADES

Tipo general: 25%.

La filosofía resulta fascinante.

Si pierdes dinero, el problema es tuyo.

Si ganas dinero, lo celebramos juntos.

El capitalismo español tiene así una preciosa dimensión comunitaria:

las pérdidas se privatizan y Hacienda participa de los beneficios.

SEXTO CÍRCULO: LA ECOBUROCRACIA

Pero todavía no hemos terminado.

Bienvenido al maravilloso universo de envases, residuos, registros, trazabilidad, declaraciones y responsabilidades ampliadas del productor.

Tu empresa quizá fabrica muebles.

O Embalajes.

O tornillos.

Da igual.

En algún momento puedes descubrir que necesitas conocer pesos, materiales, embalajes, procedencias, destinos y cantidades con una precisión digna del programa espacial.

De pronto tienes una persona delante de una APP del Ministerio de Transición Ecológica y del Reto Demográfico preguntando:

—¿Cuántos kilos de cartón salieron en marzo?

Y tú recuerdas con nostalgia aquella época en la que pensabas que habías creado una empresa para fabricar productos.

Ingenuo.

Tu verdadera vocación era alimentar bases de datos administrativas pagando un nuevo impuesto por kilo del que entra y sale de tu empresa, casi ya llegamos al 100 % de impuestos¡¡¡¡

SÉPTIMO CÍRCULO: CONTRATAR A ALGUIEN

Entonces cometes otro acto de rebeldía:

crear empleo.

Contratas a una persona.

Tú piensas que acabas de proporcionar un puesto de trabajo.

El sistema observa algo mucho más hermoso:

una nueva unidad tributaria.

Aparecen salario, cotizaciones, retenciones, prevención, obligaciones laborales y costes indirectos.

Y cuando finalmente calculas cuánto cuesta a la empresa que una determinada cantidad neta llegue al bolsillo del trabajador, empiezas a comprender por qué el empresario y el trabajador pueden estar enfadados simultáneamente.

El empresario dice:

—¡Me cuesta una fortuna!

El trabajador responde:

—¡Pues yo cobro una miseria!

Y ambos tienen una parte de razón.

Entonces deberían mirar detenidamente qué ocurre entre ambas cantidades.

Ahí empieza una conversación bastante interesante.

OCTAVO CÍRCULO: EL EMPRESARIO MILLONARIO

Existe además una criatura mitológica española:

EL EMPRESARIO.

Según cierta caricatura política, habita en un yate de 70 metros, desayuna caviar y dedica las tardes a explotar proletarios.

La realidad de muchas pequeñas empresas resulta bastante menos cinematográfica.

El propietario puede avalar personalmente préstamos, trabajar doce horas, pasar noches calculando cómo pagar nóminas, adelantar dinero que todavía no ha cobrado y descubrir que el trabajador tiene garantizado su salario mientras él puede terminar el mes sin cobrar el suyo.

Pero administrativamente continúa poseyendo una capacidad económica sobrenatural.

Por eso merece especial vigilancia.

Podría estar intentando prosperar.

NOVENO CÍRCULO: LA BUROCRACIA ETERNA

Y finalmente llegamos al círculo reservado para los verdaderos condenados.

No contiene fuego.

Contiene una pantalla.

En ella puede leerse:

«HA OCURRIDO UN ERROR. INTÉNTELO DE NUEVO MÁS TARDE.»

Son las 23:47.

La declaración vence a las 23:59.

Introduces nuevamente el certificado digital.

Contraseña.

Firma.

Error.

Otra vez.

Error.

Y entonces comprendes finalmente la naturaleza del universo.

Dante estaba equivocado.

El demonio no tiene cuernos.

Tiene una sede electrónica.

¿Y QUIÉN MANTIENE TODO ESTO?

Aquí conviene abandonar durante treinta segundos la caricatura.

Una sociedad necesita impuestos.

Necesita hospitales, carreteras, tribunales, policía, educación, pensiones y servicios públicos. Y también necesita empleados públicos que hagan funcionar todo eso.

El debate serio no consiste en defender cero impuestos.

Consiste en preguntar:

¿Cuánto Estado podemos permitirnos?, ¿qué servicios recibimos a cambio?, ¿cuánta burocracia es realmente necesaria?, ¿cuánto cuesta administrarla?, ¿cuántas obligaciones puede soportar una pequeña empresa antes de dejar de ser productiva?

Y, sobre todo:

¿hemos construido una Administración al servicio de la economía productiva o una economía productiva al servicio de la Administración?

Porque existe un punto en el que recaudar deja de ser suficiente.

Hay que justificar qué se hace con lo recaudado.

EPÍLOGO: BIENVENIDO AL INFIERNO

Así que quizá nuestra conversación anterior tenía algún sentido.

Tal vez el infierno moderno no sea una enorme caverna llena de fuego.

Sería demasiado rudimentario. El auténtico infierno fiscal tendría fibra óptica.

Aplicaciones, certificado digital, notificaciones electrónicas, modelos trimestrales. declaraciones informativas, registros, tasas, recargos, sanciones, etc.

Y miles de páginas de normativa explicándote detalladamente que todo se hace por tu propio bien.

Sobre la puerta no pondría:

«ABANDONAD TODA ESPERANZA LOS QUE ENTRÁIS.»

Eso era Dante.

En España sería algo mucho más elegante:

«SEDE ELECTRÓNICA DE LA ADMINISTRACIÓN»

Y debajo:

Para continuar, identifíquese con Cl@ve. Bienvenido al Infierno.

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