Por Alfonso de la Vega
Tanto el lamentable gobierno de Su Majestad como gerifaltes de las taifas afectadas siguen igual que el famoso tonto de la linde con la consabida matraca del cambio climático. Una mohatra científica y un abuso político, económico y empresarial, que lo mismo vale para un roto que para un descosido. Que hay inundaciones con resultados funestos, cambio climático, que descarrila un tren por la corrupción o la desidia, cambio climático. Que ahora toca temporada de incendios, cambio climático, Que a algún excelentísimo señor ministro de la Corona y secretario de Organización del partido gobernante se le recalienta su natural libidinoso, pues cambio climático, Que si la Complutense se presta a perpetrar una cátedra para trapicheos, cambio climático. Ahora para quitarse de encima sus posibles responsabilidades toda la abigarrada fauna política de la Monarquía canta a coro, “los incendios son por el cambio climático”. Incluso el gobierno de la Corona se dispone a crear otro “comité de expertos” de padre desconocido acaso sacados de un vertedero de la infamia.
Como el que no se consuela es porque no quiere la estafa climática no es solo propia de este achicharrado reino sino que forma parte del proceso de destrucción programada en Occidente al que venimos asistiendo incluso con bendición “democrática”. Según las estimaciones del experto en medio ambiente Bjorn Lomborg los diferentes gobiernos habrían gastado unos 16 billones de dólares en todo el mundo para alimentar el tenderete industrial del “cambio climático” ¿Y para qué?
Seguramente ni una sola vida se ha salvado ni se salvará gracias a esta lamentable y descomunal mala asignación de recursos. Al contrario, la guerra contra los combustibles fósiles seguros y abundantes habrá costado innumerables vidas en los países pobres y los haya empobrecido aún más al bloquear el acceso a energía asequible. Desde que comenzó la supersticiosa cruzada contra el calentamiento global hace unas tres décadas la temperatura del planeta no habría aumentado ni en una décima de grado. Se han gastado 16 billones de dólares engordando la gusanera de la plutocracia pero sin beneficio social apreciable. Pero cabe preguntarse qué oportunidades de auténtico progreso hubiera habido de haber utilizado tan enorme suma en beneficio de la Humanidad.
Para colmo, en todo caso los esfuerzos en la corrompida UE sirven de poco si no son generalizados en todo el planeta. En la UE de la corrupta von del Leyen y demás títeres nacionales nos están suicidando para nada. Veamos algunos datos. China aumenta en solo un año 78 GW de generación térmica con carbón, más que lo que el abandono o desmantelamiento de las centrales europeas en veinte años. O lo que otra potencia emergente, la India, ha aumentado en diez. Y China va a seguir aumentando su generación térmica convencional. Los efectos de esta política de devastación en la UE ya se están viendo con el arrasamiento de su productividad, su agricultura y su industria. En efecto, la industria automovilística europea se encuentra en crisis. La Volkswagen va a cerrar cuatro fábricas y despedir a cien mil empleados en Alemania. China está tomando el relevo con los coches eléctricos y cachivaches solares. Todo ello mientras resulta ser el mayor emisor de CO₂ del planeta.
Contrariamente a lo que habitualmente se afirma, son muchos los científicos, también premios Nobel, académicos, ingenieros y expertos que no suscriben el dogma del calentamiento global antropogénico vinculado a la combustión de combustibles fósiles. Pero la calentológica es una nueva religión supersticiosa, atea y esclavizadora, considerada hasta ahora muy conveniente para la implantación del NOM, seguida de modo increíble ¡hasta por el Vaticano!
Conviene recordar aquí la naturaleza más política que científica del IPCC. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático fue creado en 1988 por la ONU a iniciativa del G7 encabezada por Ronald Reagan y Margaret Thatcher, que querían reducir la influencia de los sindicatos mineros en sus respectivos países. Edenhofer, uno de sus altos funcionarios, ha confesado que: «Debe quedar claro que, de hecho, estamos redistribuyendo la riqueza mundial a través de la política climática».
Pero pese a la lamentable propaganda oficial la locura del cambio climático afortunadamente va remitiendo. Greta Thumberg ya forma parte de la Paleontología. En octubre pasado la Alianza Bancaria Net Zero cerró después de que JPMorgan Chase, Citigroup, Bank of America, Morgan Stanley, Wells Fargo y Goldman Sachs lideraran la salida masiva de otros bancos. La Shell y la BP han vuelto a ser compañías petroleras. Muchas otras empresas están abandonando sus objetivos climáticos.
Probablemente, entre las principales razones de la presente rectificación de la plutocracia se encuentra el problema de la IA. En efecto, además de agua para refrigeración la IA consume mucha electricidad. Los potentes servidores de los centros de datos no sólo consumen una enorme cantidad de electricidad, sino que exigen una disponibilidad eléctrica no del 80 %, sino del 99,99 %, las 24 horas del día. Un apagón como el del 28 de abril de 2025 en España provocado por las renovables es inadmisible. ya que un corte que afectase a las aplicaciones de IA, tendría consecuencias tremendas.
Sin embargo, tanto la energía eólica como la solar se caracterizan por su intermitencia. Se estima que en la UE, el factor de carga medio de la energía eólica sería el 25 % y el de la energía solar del 12 %. De manera que la mayor parte del tiempo estas instalaciones no producen electricidad. No se puede construir una economía sensible sobre bases tan precarias, por no hablar de los costes derivados. Y es que aunque, en ciertos casos, el kWh producido pueda ser barato, el impacto en la logística del sistema eléctrico en su conjunto encarece la factura de los consumidores o incluso obligaría a restricciones forzosas.
Como ahora estamos volviendo a contemplar horrorizados por los incendios, otra cuestión fundamental son los intentos de destruir los sistemas agrarios existentes y la gestión tradicional del suelo por parte de la población rural, hoy acosada y menguante. Se introducen políticas devastadoras supuestamente ecologistas perpetradas por ignorantes o criminales, utilizando ONG colaboracionistas y con el bochornoso silencio de las instituciones científicas, universidades y colegios profesionales que debieran denunciarlo. O la escandalosa represión de las actividades populares de gestión y uso tradicional y racional del suelo. Para agravar más la situación actual de nuestro agro y con la coartada de los incendios el gobierno ha ordenado prohibir la recogida de las cosechas de forma indiscriminada sin valorar la peligrosidad real en cada lugar y momento.
Pero este tema capital del sabotaje del sector agrario merece otro comentario.

