InicioOpiniónColaboradoresEl Jornal (nº 407) Confusión sobre nuestra propia identidad

El Jornal (nº 407) Confusión sobre nuestra propia identidad

En esta serie de textos, “El Jornal”, acostumbramos a tratar cuestiones referentes al Ser Humano desde la Espiritualidad, pero en esta ocasión vamos a hacerlo desde una perspectiva psicológica, así se entenderá mejor y esta REFLEXION llegará a un mayor número de personas, algo muy necesario hoy.

Vamos con un libro que conviene leer y regalar, porque resulta muy útil para resolver conflictos y comprender cómo nos manipulan, útil para sanar nuestras mentes, un primer paso necesario para sanar lo más importante, nuestras Almas; veamos algunos extractos:

“En una sociedad en la que una ensalada es una ocasión para mostrar quién se es, en la que ya hay tantas banderas referidas al sexo y al género como a los países de las Naciones Unidas, en la que se personaliza cada funda de cada teléfono móvil para que exprese de forma diferente cada identidad personal, todo parece indicar que existe en el interior de cada uno una esencia íntima, concreta, que se presenta ante el individuo con la certeza con la que se le presentan sus emociones, es decir, con la mayor de las certezas posibles. Cualquier circunstancia, incluso las más triviales, deberá ser una ocasión para que se manifieste. Estamos ante la erupción narcisista de un “yo hiperreflexivo que no puede ser cuestionado por nadie, pues nadie, salvo la propia persona, o como mucho su psicoanalista, puede tener acceso al bucle autorreferente sobre el que se funda. El diccionario de la Real Academia Española de 1939 incluía 55 palabras que comenzaban por auto-; en la actualidad son 176. “

“<<Un ojo sano nunca se ve a sí mismo. Lo mismo ocurre con el hombre>>, resolvió Viktor Frankl (En el principio era el sentido. Reflexiones en torno al ser humano; Paidós Ibérica, Barcelona, 2014), indicando que la conciencia de la identidad, lejos de ser una emanación armónica autorreferente, es siempre el fruto de una disfunción, de un conflicto, por más que en la actualidad se pretenda presentarla como el paradigma de la autenticidad del ser humano. En su paradoja, el individuo aspira a que su subjetividad rebase sus límites personales y se extienda sin fin hasta allá donde su persona llegue, sin necesidad de ninguna negociación con otras subjetividades que no sea un pacto de indiferencia mutua. Tal pretensión sólo tendrá alguna posibilidad de cumplirse si se encuentra una fórmula publicitaria prestigiosa bajo la que se pueda practicar. Y efectivamente se encuentra: <<ser yo mismo>>, retórica tautológica vacía convertida en la proclama por excelencia del individuo actual.

Nótese que el mito del <<yo auténtico>> requiere de una sociedad en la que haya cambiado por completo el papel que desempeñan las relaciones sociales en la vida de las personas, y este cambio, como vamos a ver, ha tenido lugar en la ciudad moderna, con sus escaparates, sus tranvías, sus centros comerciales, su cine y, desde hace veinte años, sus redes sociales virtuales.

Manhattan, Coca-cola, Instagram.

El individualismo actual sólo puede darse en un contexto social tan extravagante respecto de cualquier época anterior, tan novedoso e influyente, como es la ciudad moderna, la ciudad capitalista estructurada tanto económica como urbanísticamente alrededor del libre mercado. El auge demográfico conlleva estar permanentemente rodeado de desconocidos, lo que crea una nueva actitud ante los otros, unas nuevas normas en los juegos de las relaciones interpersonales y, por tanto, un nuevo yo. Entiéndase que, así como el rascacielos se construye alrededor del ascensor, la columna vertebral de la ciudad moderna es el tranvía, el autobús, el metro, por lo que, en este sentido, no puede considerarse ciudad, por ejemplo, la Córdoba de Abderramán III en el siglo X, a pesar de tener un millón de habitantes, cuya cotidianidad transcurría en un puñado de calles próximas.

El <<yo>> se construye de forma diferente si conocer y reconocer al vecino, así como ser reconocido por él, es la norma o la excepción. En la aldea tradicional, el reconocimiento social viene dado por una comunidad en la que el individuo ya se encuentra insertado desde que nace, y que no variará sustancialmente hasta que muera. Poco sentido tiene reivindicar un <<yo auténtico>> ante quienes han acompañado en su crecimiento y formación a la propia persona, y han sido agentes relevantes en dicho resultado. En la aldea, la persona sabe perfectamente quién es. En la ciudad, la persona no tiene claro quién es porque los demás no tienen claro quién es. En la aldea, un individuo aislado es detectado e integrado inmediatamente en la comunidad. En la ciudad, un individuo aislado puede permanecer indefinidamente en ese estado al pasar completamente desapercibido. En la aldea hay que esforzarse para aislarse. En la ciudad hay que esforzarse para integrarse.”

“Aparece ahora una figura inédita en la historia humana: el semidesconocido. Semidesconocidos son los compañeros de clase que se encuentran por primera vez en la universidad, los nuevos vecinos tras la mudanza a una nueva ciudad, los compañeros de un nuevo trabajo, la gente cuyas caras empiezan a ser familiares a base de frecuentar los mismos lugares de ocio; en definitiva, personas no conocidas desde siempre y cuya importancia en la biografía del individuo va a ser probablemente muy baja, pero ante los que es necesario presentarse con un perfil que resulte atractivo, dado el total desconocimiento que unos tienen respecto de otros.”

“Aumenta exponencialmente el número de personas que aparecen en nuestro horizonte de posibilidades, haciendo que estén siempre presentes emociones como la vergüenza y la vanidad, ambas dilatadoras del <<yo>> y exclusivas de las relaciones con semidesconocidos.”

“Nada de lo que está ocurriendo alrededor del sexo y los estereotipos sexuales podría estar ocurriendo sin Twitter, Instagram, Tumblr y TikTok. La conformación de un <<nuevo yo>> en el escenario de una ciudad moderna ha de multiplicarse por mil en referencia a las nuevas redes sociales virtuales. La figura de los semidesconocidos está más presente que nunca. La competencia por la atención social, la construcción de una identidad premeditada que se presenta como espontanea, la vergüenza, la envidia y la vanidad como corrientes subterráneas.”

“En un mundo en el que las relaciones personales pueden ir complicándose de forma paralela a la inmadurez de sus participantes, el potencial de gratificación social de herramientas como Instagram o Twitter, por mucho que juzguemos tal gratificación social como un sucedáneo, puede hacer que para algunos usuarios sea la vida <<real>> la que funcione como complemento de las redes sociales virtuales o comience a imitar su lógica. Como las fábricas de egocentrismo que son, sería muy difícil que eso no se trasladase hasta cierto punto fuera de dichas redes.”

“En medio de esta obsesión por ser diferentes, por alcanzar la distinción de no encajar, la subjetividad y los gustos se presentan ante el individuo como una opción muy barata, muy fácil y muy a mano para ser especial. No es de extrañar que las cuestiones del sexo y el género, que resultan prácticamente imposibles de esquivar en nuestra sociedad actual, especialmente en la adolescencia, sean en muchos casos las elegidas para dar salida a estas necesidades de definición y distinción. El mayor éxito del nuevo capitalismo ha consistido en conseguir que los gustos dejen de ser algo que se tiene y pasen a ser algo que se es. Convertir los gustos en aquello que somos no es sólo una forma de hablar. Ninguna forma de hablar es sólo una forma de hablar, y esto es especialmente cierto si hablamos de nuestros gustos sexuales. Entender que estamos ante un asunto identitario y no meramente apetitivo da una trascendencia y una contundencia existencial a dichos gustos totalmente impostada, que compromete vitalmente a la persona con ese gusto más de lo que quedaría comprometida si se entendiera como la banal y dinámica preferencia que realmente es.”

“El mito de la intensidad emocional puede definirse como la consideración de que las emociones son la actividad fundamental del ser humano, a la que éste debe entregarse con la mayor intensidad posible. La clave de la naturaleza humana deja de ser política, sin más moral o racional, reafirmadora o transformadora de la realidad, y el individuo es arrojado al mundo en carne viva, sin más condición que la de su ser sintiente. Despojado de un esqueleto político, moral o racional por un neoliberalismo interesado en potenciar las emociones más básicas, el ser humano queda rebajado a una condición meramente zoológica, casi reactiva, puramente apetitiva, a la intemperie sin más certeza que sus sentimientos, incapaz de más complejidad en sus análisis que las de las caras de los emoticonos.”

“Los gustos han sustituido a los valores, y salir de la zona de confort es la única valentía que cabe practicar”.

Estará de acuerdo conmigo el Lector, los autores, José Errasti y Marino Pérez Álvarez, están acertadísimos en su descripción…

Terminemos con una parte titulada “La candidez interesada”.

“La combinación de los mitos de la identidad con los mitos de los sentimientos es explosiva. Una identidad hipostasiada basada en la atención a sentimientos autorreferentes conduce a un individualismo que exige validación sean cuales sean sus contenidos y sus demandas. No estamos ante un infantilismo natural y espontáneo. Dentro de la masa enfurecida de la que habla Douglas Murray (La masa enfurecidad; Península, Barcelona, 2020) no queda rastro de inocencia. Estamos ante una candidez, quizá, pero una candidez interesada a la que se aferra el cándido no por inmadurez o por ignorancia, sino por una clara conciencia de que su narcisismo sólo podrá ser justificado en público mediante un discurso afectado en su forma y ególatra en su fondo.”

“En su adanismo, el cándido no ve más allá de voluntades y emociones en todo lo que le rodea, y piensa que el mundo se reinventa caprichosamente desde cero cada día, así como él percibe que se reinventan de forma aleatoria sus voluntades y emociones. Se ha creído lo que lleva toda su vida oyendo en la publicidad: el mundo existe sólo para él, y en él el cándido podrá ser lo que desee, sin ningún límite. Es el triunfo de la voluntad, pero no un triunfo conseguido al derrotar la realidad, sino jaleado de entrada por todas las instancias comerciales y educativas -si es que tiene algún sentido hacer esta distinción en la actualidad-, lo que ha convencido al cándido de que ni siquiera hace falta librar un combate para ser un ganador. En una psique hipercentrada en sí misma, esta idea ya no parece cambiar ni siquiera cuando el niño alcanza la edad adulta. La medida de todas las cosas deja de ser un orden moral y pasa a ser una historia privada cuyo único hilo de coherencia es el voluntarismo y el sentimentalismo del yo.

La sexualidad, cuando se pierde la referencia de la función reproductora, tal como ocurre en nuestra sociedad, se presta a la candidez de la que venimos hablando, como si las identidades sexuales fueran elecciones que tomamos sobre un muestrario o catálogo que la naturaleza ha creado porque sí y nos ofrece generosamente por ser como somos. Sería la sociedad binaria hetero-patriarcal la que hasta ahora estaría impidiendo nuestra propia naturaleza llena de opciones sexuales. Y cuidado con plantear dudas u objeciones a esa actitud, ya que, debido justamente a la egolatría que mueve este tipo de posturas, cualquier análisis que no dé la razón completamente al cándido en sus proclamas acerca de sí mismo será tomado como un ataque movido por el odio y el deseo de no permitir la existencia de dicha persona.

Y, sin embargo, a pesar de que esta actitud comienza a imponerse más como resultado de esa candidez soberbia que como liberación de una humanidad oprimida, se hace necesario recordar al cándido que el derecho a tener razón no está recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ni siquiera cuando la persona está hablando acerca de sí misma, sea cual sea la orientación sexual o la identidad de género que se tenga. Pocas cosas ponen al cándido más al borde de las lágrimas que argumentarle que nadie tiene un punto de vista privilegiado acerca de sí mismo que no pueda ser cuestionado, especialmente si en sus afirmaciones se reta el significado colectivamente aceptado de los términos usados. Se trata simplemente de aplicar al sexo la misma lógica que hoy por hoy se sigue aplicando a la edad, la estatura, la etnia, la nacionalidad, el peso, el lugar de nacimiento o el número de hijos.

Entre los derechos humanos tampoco se encuentra el derecho al narcisismo, ni a la metafísica. La relación de un individuo con la Administración de su Estado no es una relación comercial, ni debe tomar como patrón la adulación publicitaria. Quizá el cliente siempre tenga razón, pero el ciudadano, no. Y, como es obvio, disentir con lo que una persona está afirmando acerca de ella misma no supone odiarla ni ofenderla. Es más, supone todo lo contrario.”

Lo dicho, una lectura enriquecedora, muy útil para ayudar a entender cómo nos manipulan:

Nadie nace en un cuerpo equivocado. Éxito y miseria de la identidad de género

José Errasti y Marino Pérez Álvarez, DEUSTO, 2022.

         

Resumiendo:

¿Vivimos rodeados de majaras? 

No, vivimos rodeados de seres humanos igual que nosotros, pero muy manipulados, tanto que no saben quiénes son, quiénes somos, qué; observemos atentamente, muchos están más cerca de lo que pensamos.

Si tenemos confusa nuestra propia naturaleza es normal que estemos confusos con cuestiones secundarias, como la identidad, circunstancia que este sistema infernal emplea para someternos y manipularnos.

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NOTA: Mi intención es escribir un “texto-denuncia” capaz de TERMINAR con la absurda situación que vive el Mundo. Atención, opiniones, consejos, crítica; cualquier observación resulta útil y será de agradecer. También el apoyo económico ES30 2080 5038 4130 4003 3209

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