domingo, abril 26, 2026

Nuevas amenazas

Por Alfonso de la Vega

Ha surgido la inquietante noticia, que más bien parece falsa, de que “el Pentágono se plantea la expulsión de España de la OTAN”. No caerá esa breva. Por fin tendríamos algo que agradecer al vicioso emperador de la coalición Epstein y dedicar el presupuesto militar que nos podamos permitir a nuestras propias necesidades de defensa. El Régimen borbónico vasallo de EEUU pero no temerario del todo se niega a celebrar un referendo sobre el asunto porque sabe que salvo escandaloso pucherazo casi seguro lo perdería.

Ahora bien con el pretexto de castigar la rebeldía sin causa o con causa del nuevo Jaimito Dean narcisista probablemente se esté tapando otro asunto diferente y no menor: la revalorización geoestratégica del Mediterráneo derivada de la guerra de Irán. Como parte del futuro Gran Israel el objetivo sería Ceuta para controlar el estrecho de Gibraltar y nos amenazan como antes a Dinamarca con invadir Groenlandia. Y EEUU se salta los tratados internacionales con el mismo desahogo y desparpajo que secuestra o asesina jefes de Estado, bombardea objetivos civiles como la sinagoga de Teherán o masacra niñas que jugaban en el recreo de su colegio.  Eso sí, todo por la «democracia» y la «liberación de la mujer».

De modo que la “liberación” de Ceuta pudiera estar al caer. Y, ya puestos, Melilla o las apetitosas islas afortunadas también al insaciable capacho anglosionista.

No hay que engañarse con lo del derecho internacional: lo del pretendido orden mundial basado en reglas se lo saltan cuando conviene. Sin embargo, el Tratado del Atlántico Norte no contempla la expulsión de una de las naciones  miembro de la OTAN. Se supone que se trata de una alianza permanente entre iguales, independientemente del poderío militar de cada una de las naciones y en la que cada decisión debe ser refrendada por unanimidad. Que se sepa no hay mecanismos legales que permitan echar a un país. Lo que si puede al menos hacer en teoría un país es irse por propia iniciativa. Una variante del dantesco “quien aquí entre que pierda toda esperanza.”  En el nuestro caso el talón de Aquiles se encuentra en la protección de nuestras ciudades en África.

Aunque no esté previsto un mecanismo de expulsión sí puede provocar una especie de acoso o aislamiento de apestado que la casta borbónica puede aprovechar para contar nuevos cuentos del Decamerón y entretenerse. O para incluso un chantaje. No solo con el tema presupuestario sino con la pérdida de Ceuta y Melilla.

Las formas son de enorme importancia en una presunta democracia. Se supone que en Las Cortes, donde teóricamente reside la soberanía nacional, es donde se debe debatir y aprobar el presupuesto de defensa, como parte del conjunto de presupuestos generales del Estado en cada ejercicio. Pero el autocrático régimen borbónico está ya tan degradado que ni siquiera se molesta en elaborar presupuestos, ni tampoco presentarlos, lo que no resulta óbice aunque constituya una auténtica aberración democrática desde el punto de vista técnico y político, para que el ejecutivo gaste y gaste a su antojo y no pase nada, porque entre otras cosas el árbitro incumple sus juramentos constitucionales. Y calla cuando amenazan a España sus pretendidos amigos y aliados. En su actual indignidad al régimen borbónico no le importa que haya o no presupuestos pero si le preocupa obedecer las órdenes de EEUU.

No es nadie ajeno a la soberanía nacional española quien deba fijar ese tipo de cuantías presupuestarias sin atender las propias necesidades de la nación. Exigirlo es una forma de extorsión que recuerda el infame tributo de las cien doncellas que los reyezuelos títeres de la época satisfacían vil y dócilmente para aplacar al enemigo abusón. Constituye un verdadero escándalo que debiera conmover el ánimo no ya de cualquier patriota español preocupado por el presente y futuro nacional sino incluso de todo aquel que intente mantener un mínimo de dignidad institucional.

Ni siquiera está claro que aunque nos plegásemos al chantaje nuestros aliados nos fueran ayudar a defender Ceuta, Melilla o Canarias. Marruecos está siendo armado por EEUU e Israel y la nueva situación geoestratégica mundial aumenta la importancia del control de los Estrechos. De modo que parece que están maniobrando para favorecer a los más lacayos como el judaizante sultán de Marruecos o el judío Milei en Argentina con las islas Malvinas, frente los más renuentes actuales como los reinos de España y Gran Bretaña.

De la casta política borbónica que ha hecho almoneda de nuestra soberanía podemos esperar poco. El PSOE ya demostró una vez más con el tema de la OTAN que no es de fiar. Así el cínico de Felipe González, el héroe modelo de Feijoo, proclamando aquello del “Si por minoría hemos entrado por mayoría saldremos”. El donde “dije digo” ahora “digo diego”, que diera lugar a un más que probable pucherazo.

En estas hazañas bélicas cabe resaltar la modélica figura de otro prócer socialista, Javier Solana, que recibió el Collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro en 2010, concedido por el Rey Juan Carlos. El prohombre socialista fue autor del manifiesto 50 razones para decir No a la OTAN como abanderado de un PSOE que se había distinguido por su rechazo radical al ingreso de España en la OTAN. El manifiesto argumentaba que la OTAN no era beneficiosa para España y proponía una serie de razones para justificar su postura contraria. El personaje  sufrió lo indecible cuando se vio obligado a rectificar y a detentar como penitencia a su cruel atrevimiento el cargo de Secretario general de la OTAN, la misma organización que antes había detestado. Dicho y hecho, nuestro heroico filántropo a instancias del Poder se dispuso a bombardear Belgrado y destruir la Yugoslavia glacies de Rusia.

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