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¿A quién sirve la Conferencia Episcopal? Silencios, planos ocultos y la necesidad de una visita papal al Valle de los Caídos

La gestión de la Jerarquía Católica Española sobre el Valle de los Caídos, ha dejado de ser una mera cuestión administrativa para convertirse en un escándalo de opacidad que hiere profundamente la fe de quienes esperan claridad de sus pastores. Mientras la cúpula de la Conferencia Episcopal Española (CEE) proyecta una imagen de diálogo institucional, los documentos y los hechos revelan una realidad mucho más cruda: una negociación llevada a cabo a espaldas de los fieles que amenaza con fragmentar la sacralidad de una Basílica Pontificia, de depende del Vaticano, es decir, de Roma, no del Arzobispado de Madrid ni del Cardenal Cobo.

A tenor de los acontecido, parece que existiera un pacto de la fragmentación entre el Gobierno de España (Bolaños) y alguien con voz y autoridad dentro de la Iglesia Española, que le avergüenza dar la cara: Sabe que lo sagrado no se trocea.

El origen de la alarma entre los católicos españoles, reside en la noticia de que el Arzobispo de Madrid habría firmado un acuerdo con el Gobierno por el cual el interior de la Basílica dejaría de ser considerado un espacio sagrado en su totalidad. Según este pacto, solo el Altar y las bancadas adyacentes conservarían su destino al culto, entregando el resto —atrio, vestíbulo, nave y cúpula— a «intervenciones de naturaleza artística y museográfica».

Si esto es así, quién lo haya pactado o autorizado en nombre de la Iglesia Española, tendría que ser evangelizado de nuevo. 

Este intento de «trocear» un templo es un suicidio canónico. El Código de Derecho Canónico es tajante: una iglesia es un edificio sagrado destinado al culto. No existe el «rinconcito del altar» frente a una nave «musealizada». Al aceptarse por parte de alguien desconocido de la Iglesia Española (que está oculto y no da la cara, utilizando a Cobo de factotum)  que el Estado intervenga ideológicamente en el atrio o la nave,  parece haber olvidado el ritual de consagración que convirtió a la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, en templo basilical consagrado.. 

En junio de 1960, el cardenal Gaetano Cicognani fue oficiante de un rito que rodeó todo el Risco de la Nava, bendiciendo la montaña entera y sellando con crisma doce cruces en los muros interiores, declarando que «la casa del Señor está fundada sobre el vértice de los montes». ¿Cómo puede alegar y ahora pretender la Conferencia Episcopal, que esos espacios ya no son sagrados y se pueden entregar a un gobierno diabólico como es el de Pedro Sánchez?.

Existe una brecha de la verdad entre lo que dice el obispo Argüello y la realidad de los planos que se han exhibido públicamente, que explican cómo el Gobierno de España va a destrozar el Valle de los Caídos.

La falta de transparencia ha alcanzado cotas insostenibles en el cruce de declaraciones entre la jerarquía eclesiástica y los monjes benedictinos. El pasado 28 de abril, la comunidad que custodia el templo denunció que el proyecto del Gobierno ocupa espacios consagrados y obliga a los fieles a pasar por un «centro de interpretación política» antes de acceder a la oración.

Sin embargo, solo cinco días después, el presidente de la CEE, monseñor Luis Argüello, afirmó que el proyecto «respeta la basílica» y que el problema era un simple detalle técnico sobre el acceso independiente. Esta divergencia es un conflicto con la realidad física: los planos publicados por el Ministerio de Vivienda son tozudos y confirman la versión de los monjes, mostrando intervenciones que alteran la secuencia de entrada y ocupan el atrio y el vestíbulo. ¿Por qué el presidente de los obispos transmite una realidad que los planos oficiales desmienten?. 

Los católicos no son bobos entrañable y manipulables, y tenemos derecho a saber por qué sus pastores parecen más preocupados por la paz política que por la integridad del templo. Con el mal no se negocia. Si Cristo hubiera negociado con el Sanedrín, no tendríamos hoy Semana Santa. ¿Acaso los obispos no quieren ser protagonistas de una Semana Santa con las que es posible que les podría haber amenazado el Gobierno Masónico de Pedro Sánchez? ¿Con que les ha chantajeado Sánchez a los pastores de la Iglesía para que traguen con esto?

Todo lo que se pacte esta perfumado bajo el tufo de la ilegitimidad y de la autonomía: ¿Quién negocia por quién?

Otro asunto de caracter jurídico canónico que la CEE prefiere obviar, es la propia autonomía de la Abadía. Según las cartas apostólicas Stat Crux (Pío XII) y Salutiferae Crucis (Juan XXIII), la Abadía del Valle es una institución «exenta», lo que significa que depende directamente del Abad Primado y, en última instancia, del Romano Pontífice, no de la Archidiócesis de Madrid.

Juan XXIII fue explícito al decretar que queda «nulo y sin efecto» cualquier intento de atentar contra los derechos de la Basílica «por quienquiera o en nombre de cualquiera autoridad». El hecho de que el Arzobispado de Madrid o la CEE intervengan en estas cesiones, ignorando la jurisdicción ordinaria de los monjes, añade un nuevo motivo de escándalo jurídico a la situación.

Ante esta situación, y ante el asalto programado de la Basílica del Valle de los Caídos, hay un clamor popular que no se puede ignorar: El Papa debe visitar el Valle.

Ante este escenario de desprotección y ambigüedad por parte de la jerarquía local, se hace más necesaria que nunca una intervención directa de Roma. El Papa León XIV,, en su futura visita a España, debería incluir el Valle de los Caídos en su itinerario. No como un gesto político, sino como un acto de reafirmación de la sacralidad y la inviolabilidad de una Basílica que ostenta el título de Pontificia.

Una visita papal serviría para recordar que este lugar sagrado no es un «contenedor adaptable» al gusto del Ejecutivo de Pedro Sánchez, sino un lugar de oración y sufragio por las almas de todos los caídos, incluidos más de un centenar de mártires ya beatificados que santifican aun más, con la presencia corporal de sus reliquias, el lugar sagrado. 

Si la jerarquía española no se atreve a defender que «la casa de Dios» es indivisible, debe ser el propio Pontífice quien valide con su presencia los decretos de sus predecesores, protegiendo el templo de un proyecto que pretende subordinar el paso taimado del culto católico al tamiz de un relato político comunista..

Estos pastores de la Iglesia, con su comodidad temporal y su cobardía, están sentando un peligroso precedente: el dominó del poder temporal y del gobierno de turno, sobre el patrimonio de la Iglesia Católica. La complacencia de la CEE sienta un precedente aterrador para el resto del patrimonio católico. Si se acepta que un gobierno secular puede decidir qué parte de un templo activo es «museo» y qué parte es «iglesia», se abre la puerta a intervenciones similares en el Real Monasterio de El Escorial, las Huelgas, Yuste o santuarios como Covadonga y Montserrat.

Al abandonar a su suerte a la Basílica del Valle, la Jerarquía Católica no solo sacrifica un lugar de culto; está enviando el mensaje de que la eficacia de la consagración por medio de la acción del Espíritu Sant,  puede ser «recortada por acuerdos privados». La transparencia no es una virtud opcional; es una exigencia de respeto hacia una comunidad de fieles católicos en España y en el resto de la Cristiandad, que ven cómo unos curas negocian con sus templos entre bambalinas, con el poder temporal más abyecto.

Voy a terminar este pequeño trabajo, con un retazo de una homilía que el Papa Francisco (tan admirado y ejemplo a seguir para la Conferencia Episcopal Española) dio durante una misa en la capilla de Santa Marta, en el Vaticano el día 9 de mayo de 2020. Dijo este pontífice y yo dirijo a quién quiera leerlo:

“A una Iglesia que no tiene dificultades le falta algo. El diablo está demasiado tranquilo. Y si el diablo está tranquilo, las cosas no van bien. Siempre la dificultad, la tentación, la lucha. Los celos que destruyen. El Espíritu Santo hace la armonía de la Iglesia y el espíritu malvado destruye. Hasta hoy. Siempre esta lucha. Los poderes temporales son un instrumento de estos celos, de esta envidia”, señaló el Papa Francisco en su homilía durante la Misa de este sábado en la capilla de la Casa Santa Marta.

“El poder del mundo contra el poder de Dios mueve todo esto; y siempre detrás de esto, detrás de ese poder, está el dinero”, advirtió el Papa. “Lo que sucede en la Iglesia primitiva: la obra del Espíritu para construir la Iglesia, para armonizar la Iglesia, y la obra del espíritu malvado para destruirla, y el uso de los poderes temporales para detener a la Iglesia, destruir a la Iglesia, no es más que una evolución de lo que sucedió la mañana de la Resurrección”, observó Francisco, recordando que “los soldados, al ver ese triunfo, fueron adonde los sacerdotes, y los sacerdotes compraron la verdad. Y la verdad fue silenciada”.

“Desde la primera mañana de la Resurrección, el triunfo de Cristo, existe esta traición, este ‘silenciar’ la palabra de Cristo, ‘silenciar’ el triunfo de la Resurrección con el poder temporal: los sumos sacerdotes y el dinero. Estemos atentos, estemos atentos a la predicación del Evangelio: no caigamos nunca en poner la confianza en los poderes temporales y el dinero. ¡La confianza de los cristianos es Jesucristo y el Espíritu Santo que envió! ¡Y el Espíritu Santo es la levadura, es la fuerza que hace crecer a la Iglesia! Sí, la Iglesia avanza, en paz, con resignación, alegre, entre los consuelos de Dios y las persecuciones del mundo”.

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