Por Alfonso de la Vega
“Quien te haga mal mostrando gran pesar,
Mira cómo te puedes de él guardar”
Los apólogos de la colección del conde Lucanor, obra maestra del Infante don Juan Manuel, siguen constituyendo preciosos ejemplos de comprensión de la naturaleza humana. Aún conservo con todo cariño y devoción filial un ejemplar de la colección de apólogos editada por Aguilar que me regalara mi padre siendo niño. Pese a formar parte de lo mejor de nuestra Cultura, o acaso por eso mismo, es una pena que nuestro apuesto y acicalado rey no parezca conocerlos, ni menos poner en práctica sus lecciones.
Don Felipe se muestra asaz compungido, como al borde del llanto o experimentada plañidera buena conocedora de su oficio en cuantos desastres o calamidades se digna inaugurar lo largo de su lamentable reinado. y es que nos aseguran que él quiere pero al pobre no le dejan y se lamenta con imparable desconsuelo.
Algún ingenuo pensará: ¡Qué sensibilidad la suya que llora porque le preocupa y lamenta lo que nos pasa. Que en gran parte resulta responsabilidad de su gobierno u otras instituciones monárquicas.
Pero tantas falsas lágrimas como encubrimiento de las verdaderas intenciones y conducta ya las explicaba el Infante Don Juan Manuel en uno de sus apólogos del Libro del conde Lucanor, el titulado: “De lo que aconteció a un hombre que tomaba perdices”.
Patronio refiere lo sucedido con un hombre que había puesto una red para cazar perdices, y a medida que las sacaba, íbales dando muerte. Pero el viento soplaba con tanta fuerza, que se le metía en los ojos y le hacía llorar.
Una de las perdices atrapada en la red explicaba a sus compañeras: “Ved amigas, lo que hace este hombre. A pesar de que nos mata, sabed que hace gran duelo por nosotras y por eso está llorando”.
Pero otra más astuta, que por eso no había sido cogida en la red, replicó: “amiga, mucho agradezco a Dios que me haya guardado, y le ruego que guarde también a todas mis amigas del que quiere matarme y hacerme daño, dándome a entender que le pesa mucho”.
Aunque cada vez va habiendo fuera de la red más republicanos, que no rojos, por lo visto en España pese a tanta impune cacería aún quedan muchas perdices atontadas. No se entiende que aplaudan o disculpen a los causantes de su desgracia. Caen una y otra vez en las redes electorales o propagandísticas que los pícaros del Reino borbónico extienden para someterlas y liquidarlas. Y como buenos súbditos o cortesanos se conmueven con los hueros sermones estupefacientes del rey. O por los discursos falaces, mentirosos y mohatreros de los políticos de turno. O los de nuestros más empoderados próceres del monipodio financiero o ventajista empresarial.
¡Qué pena les dan las autoridades del Régimen que lloran lágrimas falsas mientras les retuercen el pescuezo a sus víctimas antes de devorarlas!

