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Magdalena del Amo: “Estamos en manos de psicópatas malvados que prenden fuego a España para demostrar que el clima cambiático mata”

La jugada de la mafia globalista que sustenta los poderes visibles de Europa está a punto de ocupar titulares de prensa y tertulias de “expertos” y “sabios” al servicio del sistema corrupto de la nueva moral y el diseño del transhumanismo del Foro de Davos/Agenda 2030, al que vamos embalados. Y como la sociedad está tan adormilada y despistada escuchando consignas de laboratorio, empezarán, a no mucho tardar, a mortificarnos con más impedimentos y normas absurdas. ¿Quizá caminar a la pata coja, dormir haciendo el pino, confinarnos varios días al mes con tal de disminuir la huella de carbono y ser más sostenibles y resilientes, o poner trabas a los automóviles  de gasóleo y gasolina para obligarnos a comprar los coches eléctricos chinos de los pelotazos de Sánchez y Zapatero? Conviene recordar que los protocolos de manipulación están casi siempre relacionados con la tortura de lo absurdo. VOX es la única formación política que se atreve a denunciar las políticas del clima, los pactos verdes, las bajas emisiones y todo ese mundillo artificial  que propicia la creación de chiringuitos para vividores inútiles, y cuyo paraguas puede albergar cualquier ocurrencia por extravagante que parezca. De hecho, es una de las condiciones de VOX en sus pactos autonómicos con el PP. Si piensan gobernar juntos algún día, no estaría de más intentar ser más afines en Europa. Con relación a España, Feijóo debe andarse con ojo y no caer en las trampas oportunistas de Pedro Sánchez, con sus pactos de Estado. Si se deja seducir, es fácil que pierda muchos votos y haga honor al manido dicho: “todos los políticos son iguales”. A estas alturas, debe saber que es un trilero de la calle y que siempre le ganará en astucia, máxime teniendo a su servicio una cloaca que dedica las 24 horas del día a idear estrategias para corromper fiscales, jueces, policías, guardiaciviles y todo lo que representa el bien y el honor. Además de burlar y arrinconar al enemigo e irse de rositas. Es cierto que las cosas no pintan bien para el yerno del proxeneta Sabiniano, pero podría haber sorpresas. No hay que olvidar –y este es un tema que no se trata habitualmente en los medios– que Sánchez tiene apoyo exterior, de la peor calaña del mundo.

Cuando señalamos al sistema corrupto lo hacemos desde la cúspide de la pirámide –gobierno en la sombra constituido o influido por emporios económicos e ideológicos, holdings de prensa, grupos de encuestadores, think tanks de ingeniería social y moral–, en descenso hacia los últimos estratos de la política, léase Ayuntamientos, pasando por Diputaciones, Comunidades autónomas y, por supuesto, el propio Gobierno. En el caso de España, el pupilo obediente e inescrupuloso Pedro Sánchez y su equipo de amorales, descerebrados, ineptos y más que ambiciosos e incluso siniestros personajes. Han demostrado con creces ser capaces de cualquier cosa, a cambio del dinero y la droga “dopamínica” que segrega la hormona del poder; es decir, carentes de límites y barreras concienciales. Por eso se han doctorado en desastres, con el punto de mira en objetivos más altos: la mal llamada pandemia covid (2020), en la que España sufrió las mayores restricciones y donde las simples recomendaciones se convirtieron en normas liberticidas de obligado cumplimiento, mientras miembros del gobierno se forraban a costa del miedo y el sufrimiento del pueblo, algunos de los cuales cumplen condena ; el volcán de la Palma (2021), cuyos damnificados están desatendidos y olvidados viviendo en barracones; la riada de Valencia (2024), creada a propósito para reconstruir la zona (Build back better) y adueñarse de los terrenos para instalar paneles solares, donde hubo muchas más víctimas de las anunciadas y todo tipo de injusticias y latrocinios; el apagón (2025), cuyas causas y responsabilidades siguen sin determinar; los incendios de 2025, en los que ardió media España, con el resultado de varias personas muertas, decenas de casas calcinadas y miles de animales abrasados; el accidente de Adamuz (2026), en el que fallecieron 45 personas, dejando al descubierto el precario estado de las infraestructuras del ferrocarril, además de la corrupción en la gestión; y ahora los fuegos de 2026, que están arrasando lo que quedaba en pie, marcando un hito en la historia de los incendios forestales de España. Tenemos un presidente gafe, aparte de corrupto y malvado; lo mismo que quienes le rodean.

Decir que el calor causa los incendios es un relato facilón e infantil que forma parte del programa de aniquilamiento psíquico y moral de los ciudadanos. Es un sesgo común de los regímenes totalitarios y corruptos, empeñados en autoproclamarse salvadores del pueblo. Justo lo contrario de la realidad. Por eso desalojan y confinan para poder vanagloriarse de que han protegido nuestras vidas. Es importante no creer una palabra de cuanto dicen, y pensar y hacer todo lo contrario.

¿Por qué si siempre ha habido incendios, ahora son más  incontrolables?, podemos preguntar. En primer lugar, el aire está plagado de partículas energizadas que actúan de acelerantes, además de causar remolinos repentinos, cambios de dirección y raras explosiones. Si miramos al cielo y vemos las estelas cuadriculadas que dejan los enigmáticos aviones que, de pronto, irrumpen tiñendo el azul del cielo en una masa neblinosa, encontraremos la respuesta. Por otro lado, han prohibido tocar el monte y los ríos que, según parece, son propiedad de las hadas y las ondinas. No se permite coger musgo para los belenes, rastrillar los bosques, coger piñas y leña para calentarse en invierno, limpiar el monte bajo y hacer cortafuegos y entresacas de árboles; prohibido eliminar la maleza de los cauces y orillas de los ríos y permitir que las vacas y las cabras pasten en los bosques, como siempre se hizo. Sin embargo, quienes hemos elegido vivir en el rural, en plena naturaleza, somos acosados por los Ayuntamientos y tratados como delincuentes si permitimos que unas ramas de nuestra huerta o jardín asomen a un camino por el que no pasa nadie. Así de surrealista es todo.

¿Y por qué tantos incendios? En realidad, por lo que vamos sabiendo, se trata de un gran negocio con varias ramificaciones por las que entra dinero a raudales. El despliegue para apagarlos es en sí un asunto muy lucrativo. Se puede decir que algunos “hacen el agosto”. Pero más allá de esto, hoy está al alcance del ciudadano comprobar que en todos los terrenos arrasados de las diferentes regiones están programadas plantas fotovoltaicas, líneas de evacuación o parques eólicos. ¿No merece esto una investigación seria? Muchos ciudadanos ya han aprendido a consultar el BOE y los boletines de Ayuntamientos, Diputaciones y Comunidades Autónomas. Cuando lo hacemos y comprobamos que en los lugares quemados hay programada la construcción de estas centrales de “energías renovables”, se nos cae el alma a los pies y nos decimos que no puede ser. Pero es. Y también muy doloroso comprobarlo, pero es imprescindible para crecer y madurar. Es la única forma de no dejarse engañar. No podemos fiarnos de quienes han demostrado no tener empatía ni escrúpulos. No son dignos de nuestra confianza. Caperucita creyó en el lobo disfrazado de abuelita, Hansel y Gretel en la bruja, y Blanca Nieves se comió la manzana. A todos nos ha pasado más de una vez, pero es hora de despertar. Nos va la vida en ello; la nuestra y la del planeta. ¿Se podía esperar algo bueno de quien siempre tuvo el punto de mira en la cruz del Valle de los Caídos para derribarla? Todo cuadra. No se puede ser más cafre.

Magdalena del Amo
Magdalena del Amo
Periodista, psicóloga, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.
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