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Acertado mensaje de José Antonio Abellán sobre los políticos y los incendios, al que solo hay que ponerle un pero

José Antonio Abellán, el periodista radiofónico de El Tiemblo (Ávila), publicaba ayer el 24 de julio de 2026 un tuit que, en cualquier país mínimamente serio, debería haber generado un debate sobre gestión pública, prevención y responsabilidad institucional. En cambio, lo que ha generado ha sido otra cosa: un festival de trincheras ideológicas.

El mensaje era claro y sin adornos:

«Los españoles no nos merecemos el nivel de mierda de los políticos. Es un desastre la gestión de estos incendios por parte de los políticos de uno y otro lado. El que paga siempre es el ciudadano. Te queman el pueblo, no viene nadie, se destruyen años de trabajo y para rematar los pueblos del sur de Ávila no tienen teléfono ni tampoco Internet. Políticos borrachos, ladrones y drogadictos.. IROS TODOS A TOMAR POR CULO!!!»

El contexto era real y dramático: incendios feroces en Ávila y Madrid, decenas de miles de personas evacuadas o confinadas, pueblos del sur de Ávila sin comunicaciones básicas, y una sensación extendida de desprotección. Abellán, que vive en la zona afectada, no apuntaba a un color concreto. Hablaba de “uno y otro lado”. De la clase política en su conjunto.

Y ahí ha empezado el problema.

El reflejo automático de las respuestas

En cuanto el tuit empezó a circular, una parte significativa de las respuestas (y no fueron pocas) se dedicó a lo de siempre: intentar encasillar al autor. No a discutir si la gestión había sido un desastre. No a preguntarse por qué pueblos enteros se quedan sin teléfono e internet mientras arden. No a debatir medios, prevención, coordinación entre administraciones o prioridades presupuestarias.

Sino a decidir de qué bando es Abellán.

Algunos ejemplos del tono dominante:

  • “Cuando el responsable directo es de izquierdas lo señalas, cuando es de derechas entonces son todos los políticos. Esta es la consecuencia de recortar en medios y ese es el PP de Ayuso.”
  • “Vas de revolucionario y no eres más que un cobarde. Cuando puedes culpar a la izquierda no tienes dudas, pero cuando tienes que culpar a la derecha o a vuestra amada lideresa, ‘todos son iguales’.”
  • “De uno y otro lado no, de PP y VOX.”
  • “Típico ‘argumento’ del facha que volverá a votar a los suyos, pase lo que pase.”
  • “Los políticos a secas No. Los políticos del PP y de VOX, esos a los que USTED vota.”
  • “No, todos no son iguales.”

Otros, desde el otro extremo del espectro, insistían en que había que señalar “quién tiene las competencias” y que el fanatismo mata, pero el grueso de las reacciones más airadas iba en la dirección de la sospecha partidista: si criticas a todos, en realidad estás protegiendo a los tuyos. Si dices “unos y otros”, es que eres de los otros.

El resultado es el mismo de siempre. Un ciudadano de la zona afectada se queja de que le queman el pueblo y no hay respuesta institucional digna, y la conversación pública se convierte en un examen de pureza ideológica del quejoso.

La trampa de la equidistancia forzada

Abellán no es un político. Es un tipo de El Tiemblo que lleva años contando historias por la radio y que, como mucha gente de pueblo, suele tener poca paciencia con la clase dirigente en general. Su historial de críticas no se limita a un color. Pero da igual. En la España de 2026, cualquier crítica que no venga previamente sellada con el sello del bando correcto se interpreta como traición o como camuflaje.

El mecanismo es casi automático:

  1. Alguien dice “todos son un desastre”.
  2. Inmediatamente se le pregunta (o se le acusa) de a quién vota.
  3. Se busca el matiz que demuestre que en realidad solo critica a unos.
  4. Se cierra el debate real sobre la gestión.

Es el mismo esquema que se repite con la sanidad, la vivienda, la seguridad o cualquier otra crisis. El problema nunca es el problema. El problema es el relato sobre quién tiene más culpa según el color del gobierno autonómico o nacional del momento.

Quizá Abellán se equivoca en una sola cosa

Abellán afirma que los españoles no nos merecemos este nivel de políticos. Mirando las respuestas a su propio tuit, uno empieza a dudar.

Porque lo que demuestran muchas de esas reacciones es precisamente la enfermedad de fondo: la incapacidad colectiva de sostener una crítica sin convertirla en arma partidista. La necesidad casi compulsiva de reducir cualquier frustración ciudadana a “eres de los míos” o “eres del enemigo”. El reflejo de proteger al propio bando incluso cuando el propio bando está gobernando y las cosas salen mal.

Eso no es política. Es tribalismo. Y el tribalismo, llevado al extremo, acaba justificando cualquier incompetencia con tal de que sea “la nuestra”.

Cuando un país responde a un grito de desesperación de alguien a quien le están quemando el entorno con “tú votas a X” o “tú proteges a Y”, está demostrando que ha perdido la capacidad de exigir responsabilidad de forma transversal. Y cuando se pierde eso, el resultado es inevitable: políticos mediocres, gestiones desastrosas y ciudadanos que pagan las consecuencias mientras se pelean entre ellos por quién tiene más razón ideológica.

Abellán dice que no nos merecemos esta mierda. Las respuestas a su tuit sugieren lo contrario: que, en buena medida, sí. Porque preferimos el confort de la trinchera al esfuerzo de mirar los hechos sin filtro partidista. Porque cualquier crítica que no sirva para aplastar al adversario se considera sospechosa. Porque hemos convertido la política en un deporte de identidades en el que el ciudadano de a pie, el del pueblo que arde, es solo un peón más.

Y mientras eso siga siendo así, los políticos borrachos, ladrones y drogadictos de los que habla Abellán seguirán teniendo el mejor de los escenarios posibles: una sociedad tan dividida que es incapaz de exigirles nada de forma conjunta.

El fuego quema. Pero lo que realmente está calcinando el país es otra cosa.

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