Cada vez que arriba la MET Gala rememoro Los Juegos del Hambre y el Capitolio. No es solo por la estética, sino porque el mundo y la mentalidad colectiva se asemejan cada vez más a la sociedad que retrata la distópica saga literaria y cinematográfica. Pobreza extrema, mucha hambre, tiránica opresión gubernamental, alteración de la naturaleza humana.
Barcos prisión
Diamond Princess, febrero de 2020, farsa covidiota para idiotas. Con más de 3.000 personas a bordo, el barco fue retenido en Yokohama tras “diagnosticarse” en varios pasajeros la ectoplásmica covid. El criminal Anthony Fauci señaló a la BBC que el crucero era probablemente el «lugar más peligroso» para enfermarse, con riesgos de contagio similares a los de la provincia de Wuhan. Dejà vú: zoonosis, pánico al contagio, latosísimo bis en los mass mierda de lo peligrosa que podría ser la situación … Y, por supuesto, la esperanza “salvadora” puesta -otra vez, pardiez – en una kakuna desarrollada en tiempo récord. La mafiosa Pfizer anuncia que está desarrollando una timovacuna. También de ARN mensajero, obvio.

Otro crucero, hogaño. MV Hondius, entre la Patagonia argentina y Cabo Verde, desembocando en Canarias, embarcación especializada en singladuras polares. Tal el barquito de la portada de The Economist, finales del pasado año principios de éste. Navidad: Saturnalias, indudablemente. Una imagen que recuerda a las calendas de Noé (Génesis 6-9): comían, bebían, follaban y festejaban… hasta que arribó el juicio divino: el celebérrimo diluvio. Una advertencia visual sobre un mundo que continúa bailoteando en la cubierta, sin advertir que se acerca la implacable tempestad. Nuestra época, apretada síntesis: lujo con guion, ironía con espumillón y una jarana que parece perpetua … hasta que el barco vira. El crucero deviene solipsista y eufórica burbuja desde la que miramos el mundo sin mojarnos. Y el mazazo final es el espejo: a lo lejos, aproximándose, un buque de guerra haciendo sonar sus cañones, mientras los peces cabriolan despavoridos. No son viajes: son encierros presentes y futuros. Bajo cualquier pretexto: bélico, vírico, climático…
Más barcos

…Tal la portada del reciente 2 de mayo: Still in La La Land (Todavía en las nubes/La La Land). Un petrolero navegando sobre nubes rosadas bajo un arcoíris (otra referencia al relato bíblico de Noé), delirantes tecno-optimistas sobre Ormuz y la dantesca realidad: la pavorosa e irreversible escasez. La factura ha llegado. Ambos frontispicios del papelucho de los Rothschild evidenciando un planeta distraído, indiferente, anestesiado ante un mundo que se carboniza irremediablemente.
En fin.

