Este pasado 17 de marzo, Yair Netanyahu, hijo del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, publicó en Instagram un post en el que decía lo siguiente: “Spain is illegal settlement on Al-Andalus territory! Free Free Al-Andalus!!”, acompañado de la bandera histórica verde-blanca-verde del Califato Omeya. El mensaje equipara a España con un “asentamiento ilegal” en tierras musulmanas históricas. El tuit de @icardo8 que lo ha difundido ha generado muchas interacciones y preguntas directas sobre la coherencia de quienes defienden la alianza estratégica con Marruecos.
Esto pone el hijo de Netanyahu en su Instagram. Llama a la «liberación de Al Andalus» ocupada por España. ¿Algo que decir al respecto por parte de los sionistas españoles? pic.twitter.com/c0IsB5xNdI
— Adi el Grande (@icardo8) March 17, 2026
Este episodio llega en el momento de máxima ruptura diplomática entre España e Israel. Apenas días antes, el 11 de marzo de 2026, el Gobierno de Pedro Sánchez retiró de forma definitiva a su embajadora en Tel Aviv, Ana María Salomón Pérez (formalizado en BOE), dejando la legación a un encargado de negocios. La decisión se justificó por las operaciones en Gaza y, sobre todo, por la oposición frontal a la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán.
El posicionamiento de Sánchez respecto a Irán: “No a la guerra” en su versión más dura
Tras los ataques de EE.UU. e Israel contra Irán (febrero-marzo 2026) y la respuesta iraní, Sánchez ha recuperado el lema de 2003 contra Irak: “No a la guerra”. En declaraciones públicas y en el Consejo Europeo ha calificado la intervención de “error extraordinario”, “desastre”, “ilegal” y “unilateral” que “vamos a pagar”. Ha prohibido expresamente el uso de las bases españolas de Rota y Morón para operaciones contra Irán, se ha enfrentado abiertamente a Donald Trump y ha sido una de las voces más críticas de Europa.
Repudia el régimen iraní (especialmente por la represión contra las mujeres), pero insiste en que “la violencia no se responde con más violencia” y exige desescalada inmediata, diplomacia y multilateralismo. Equipa esta postura a la que mantiene sobre Gaza y Ucrania. Comparecerá en el Congreso el 25 de marzo para defenderla.
Marruecos, socio militar clave de Israel en plena escalada regional
Esta retórica pacifista choca frontalmente con la realidad magrebí. España, bajo Sánchez, entregó en marzo de 2022 su posición histórica sobre el Sáhara Occidental (apoyando el plan de autonomía marroquí) tras el escándalo Pegasus: los móviles del propio Sánchez, Margarita Robles y otros altos cargos fueron infectados con spyware israelí vendido legalmente a Marruecos. Investigaciones y revelaciones de 2026 siguen apuntando a un posible chantaje marroquí: Rabat habría usado (o amenazado con usar) la información obtenida a cambio del giro sobre el Sáhara.
Mientras Sánchez condena a Israel, Marruecos —su principal socio en el Magreb— profundiza como nunca su alianza militar con Tel Aviv:
- En enero de 2026, en Tel Aviv, firmaron el Plan de Trabajo Militar Conjunto para 2026 (tercera reunión del Comité Militar Conjunto). Incluye ejercicios conjuntos, coordinación de inteligencia y “objetivos de seguridad común”, sistemas de defensa aérea y visitas mutuas.
- Marruecos alberga una fábrica operativa de drones suicidas SpyX (BlueBird Aero Systems / IAI) en Benslimane, con transferencia tecnológica completa.
- Israel se ha consolidado como tercer proveedor armamentístico de Marruecos (detrás de EE.UU. y Francia), con ventas de sistemas Barak MX, misiles, radares y satélites Ofek.
Esta cooperación se ha intensificado durante la guerra de Gaza y ahora en plena escalada con Irán. Marruecos reprime manifestaciones propalestinas internas y utiliza la tecnología israelí para consolidar su control sobre el Sáhara y su superioridad frente a Argelia. España, por su parte, aumentó un 40 % sus exportaciones de armas a Marruecos en 2025 mientras mantenía el embargo a Israel.
Conclusión: postureo “anti-guerra” frente a realpolitik
El mensaje de Yair Netanyahu sobre Al-Ándalus no es una boutade aislada. Es un recordatorio de que las reivindicaciones territoriales (y las alianzas pragmáticas) no entienden de lemas morales. Marruecos mantiene presiones históricas sobre Ceuta y Melilla, y España ha subordinado su política exterior a un país que hoy es uno de los aliados militares más estrechos de Israel en el mundo árabe-musulmán.
Sánchez puede retirar embajadores, prohibir bases y gritar “No a la guerra” tanto en Gaza como en Irán. Pero mientras su Gobierno depende estratégicamente de Marruecos —que sigue armándose y entrenándose con Israel—, la posición suena a puro postureo para consumo interno, árabe y europeo. La coherencia brilla por su ausencia y la soberanía española (y la credibilidad) pagan el precio.
Los hechos son tozudos: el “pacifismo” de Moncloa tiene una excepción clara cuando se trata de no molestar a Rabat, el socio privilegiado de Netanyahu en el Magreb. La pregunta del tuit original sigue sin respuesta: ¿algo que decir al respecto por parte de quienes defienden esta alianza? Hasta ahora, silencio. Pero la realidad geopolítica habla por sí sola.

