Por Alfonso de la Vega
La detención del consuegro del rey de Inglaterra de no ser una maniobra más de tan siniestra dinastía es otra muestra del nivel de degeneración y maldad en la que estamos. Hubo una época en que se estudiaba a los energúmenos, a los posesos infestados satánicos, como una forma de tratar de entender los espantosos niveles de depravación humana y existía un ejército de exorcistas para combatirlos. Muchos de ellos, tratadistas o expertos en magia demoniaca como Martín del Río o Torreblanca Villalpando pertenecían a la Compañía de Jesús en sus gloriosos mejores tiempos. Hoy podemos coleccionar toda una galería de personajes ilustres o empoderados que dominan el mundo. El amable lector puede visualizar muchos de sus retratos sin dificultad. Algunos producen auténtico horror y repulsión casi sobrenatural.
Con la Ilustración y el Siglo de las luces, hoy fundidas, estas cosas del mundo espiritual se desacreditaron hasta que empezara el estudio de la Metapsíquica. Papini explicaba que una de las más astutas argucias del diablo es hacernos creer que no existe. Sin embargo, desde el punto de vista católico cabe recordar que el Concilio de Braga del año 564 en su canon VII establecía como artículo de fe la existencia real del Diablo. El judaizante Vaticano WOKE posterior a Benedicto parece querer disimular esta realidad, pero la posición de nuestras actuales élites con su demostrada capacidad de devastación espiritual, moral, económica y social sería prueba circunstancial de esta afirmación.
La corrupción de las conciencias, la vulneración de la moral natural y del derecho de gentes, la entronización de la corrupción y la mentira como instrumentos de gobierno, o cosas como los archivos de Epstein confirmarían que el mundo se está desplazando hacia el dominio de los peores o la fase más peligrosa de la caída moral. Aunque ahora están expuestos por su verdadera condición satánica. Y así se comprende mejor lo que está pasando incluidas las guerras actuales. El Mal estaría generalizado, incluso parece ya casi institucionalizado en ciertos ámbitos de poder.
La difunta duquesa de Medina Sidonia fue autora de un texto novelado terrorífico, censurado, titulado La Ilustre degeneración en el que explicaba ciertos tremendos temas y la impunidad con la que operarían los tenebrosos cómplices mediante el aparente control casi total del aparato del Estado. Casi arrumbada ya la civilización española, hoy parecería que ciertos próceres actuales compiten entre ellos para ver quién es más vicioso degenerado, demagogo o hipócrita. El ejercicio de la pederastia o de sangrientos rituales de magia negra a veces constituiría el cemento de unión de cierta clase dirigente según la fallecida duquesa. Ante tan graves acusaciones la endémica corrupción económico política del Régimen borbónico del 78 casi parece una chiquillada de novatos.
Pero en relación con la infancia también hace unos meses el P. Teodoro explicaba lo que sucede con el secuestro institucionalizado de niños: “en la España actual es cierto y aunque realmente los niños son de sus padres y de sus familias, el estado se los arranca y los secuestra por el vil dinero para entregárselo a criminales asociaciones cuyo objetivo es «tutelarlos» para, a partir de ese momento, recibir millonarias subvenciones…Deberíamos ser todos, absolutamente todos, los españoles los que denunciáramos estas aberraciones que estado, y asociaciones satélites, están cometiendo contra lo más sagrado que tenemos, que son los niños.”
El Mal sería general, parece institucionalizado en ciertos ámbitos de poder. Incluso algunos intuyen que constituye una especie de iniciación para iniciar las malvadas cordadas de ascenso a los puestos de más poder. Si, por si no hubiera bastante con la multiplicación del aborto, para élites depravadas estas aberraciones indicadas resultarían un mérito cuando no una forma de tenebrosa iniciación para la «alta» política, la gran gerencia multinacional o la farándula. En muchos casos el paradero final de estas pobres criaturas resulta desconocido. Del total de personas desaparecidas en España el pasado año, 7.788 eran menores de edad.
Los archivos de Epstein confirman que el mundo se está desplazando hacia el dominio de los peores criminales o la fase más peligrosa de la caída espiritual y moral. Pero seguramente el crimen quedará impune, no les pasará nada a aquellos poderosos cuya implicación conocemos, y a quienes sirvieron como mesías tecnológicos, gigantes políticos o lo que sean para el mundo. Ahora están expuestos por su verdadera condición. Hay que insistir: esta infame isla de las lolitas y los lolitos era un proyecto de inteligencia para avasallar mediante el chantaje a las huestes directivas vicarias de Occidente. Y así se comprende mejor lo que está pasando. Sin embargo, en general, las élites no hacen ostentación pública de su culto satánico que reservan para los iniciados o sus candidatos en ceremonias ocultas.
Pero cabe citar dos formas tradicionales de adoradores del Diablo:
Los ñanigos fueron en su inicio una sociedad secreta de color inspirada en el fetichismo del Senegal o del Congo y producto de la desdichada situación de la negritud llevada a Cuba. Se trataba de una forma religiosa primitiva y elemental fundada en la admiración del Mal y al dolor que sufrían antes que al Bien que apenas conocían. Pronto degeneró en un sumidero de toda clase delincuentes. Los ritos eran presididos por un sacerdote que representaba al Diablo y como tal recibía los juramentos de los neófitos.
Los yesidas o yezidis, famosos por la elaboración de muselina, son otro grupo de reconocidos adoradores del Diablo en el norte de Irak. Tienen un templo cerca de Mosul y poseen un objeto de adoración, un candelabro montado en un pavo real de bronce llamado Mael Tos que es una figura del Diablo. También una serpiente a la puerta del templo. Las ceremonias son secretas pero al parecer los yesidas son gentes humanitarias y de cierta condición moral. Entonces, ¿Por qué adoran al Diablo? La respuesta no carece de lógica. Los yezidis adoran al Diablo porque creen que solo de éste puede venir el Mal y en consecuencia conviene estar siempre en buenas relaciones con él.
Algún amable lector que haya tenido la paciencia de llegar hasta aquí, pensará que la cosa no está para muchas incursiones en antropología cultural que nos distraigan de los graves problemas que nos afligen. A lo que cabe oponer que conviene hacer un esfuerzo por comprender en profundidad la naturaleza de los fenómenos, que la Historia nos enseña y que esto no es cosa aislada o de un pasado lejano sino que ahora disfrutamos de muchos nuevos yesidas adoradores del «Diablo» para que les proteja, Y aunque su naturaleza sea espiritual sospechamos donde estaría su principal guarida terrestre.
Aquí, en este desastroso reino dejado de la mano de Dios, contemplamos las declaraciones y conducta de casi toda la vergonzante casta política borbónica. Lo volvemos a comprobar: en vez de afirmar la causa de la Moral, el Honor y la Patria muchos adorarían al Diablo en la forma de personajes e instituciones al servicio del Mal en la creencia yesida que con tal pacto diabólico así ellos van a poder quedar a salvo.

