Por Alfonso de la Vega
“La democracia es incompatible con el socialismo”
“…si triunfan las derechas, nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la guerra civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros las realizamos”.
(Francisco Largo Caballero, ex consejero del Estado con la Dictadura de Primo de Rivera durante la Monarquía, presidente socialista del consejo de ministros desde septiembre del 36 a mayo del 37)
Aunque afortunadamente aún estamos lejos de la sangrienta primavera del 36 cuando incluso hordas socialistas rivales dirimían sus diferencias a tiro limpio, la situación española cada vez se encuentra más enrarecida y peligrosa. Incluso el pusilánime jefe del Estado parece querer salir de su eterno letargo e insinúa algún tímido movimiento de desafección sanchista.
El presidente del gobierno de Su Majestad entre otras lindezas que le desenmascaran viene confesando su orgullosa admiración por un golpista de notoria trayectoria criminal como Largo Caballero. Responsable último de las checas asesinas, traidor, anti-demócrata, prohombre socialista de probado oportunismo y canallería. Todo un modelo de ignorancia, resentimiento y brutalidad.
De su negra minerva son las frases ilustrativas que encabezan este texto. Pero sorprende que todo un doctor, aunque sea un falsario de tesis copiada como se ha demostrado, haga ostentación bien de tanta ignorancia o, si en verdad conociera las auténticas hazañas del personaje con miles de muertos sobre su conciencia, de insólita vocación por la violencia. Sea como sea es preciso reconocer que hasta ahora se mueve en la impunidad que le da el cargo para hacer o decir lo que se le antoja o conviene en cada momento.
Nietzsche intentaría explicar estas actitudes en su famosa obra escrita cuarenta años antes Más allá del bien y del mal: “La memoria y el orgullo pugnaban. La memoria dijo: fue así, y el orgullo respondió: no pudo haber sido así y la memoria se dio por vencida.”
El polémico filósofo alemán trataba de entender la psicología del autoengaño como mecanismo de defensa para no reconocer el grado de vileza y maldad de los que el hombre puede llegar a ser capaz. De modo que el orgullo puede convertirse en un protector de la identidad, una necesidad de conservar una visión positiva de nosotros mismos y más aún en el caso de un narcisista compulsivo. La memoria por subjetiva puede no ser fiable frente a la realidad objetiva de los hechos. Y puede preferir acomodar los hechos a las ideas que tenemos sobre ellos como diría Hegel o que más nos convengan para presumir de buenismo o filantropía.
El pasado es el pasado, pero gentes sin escrúpulos remueven la sentina del resentimiento más por venganza o recuperar el botín perdido que por conocer la verdad, una verdad histórica que en lo sustancial ya es conocida y asimilada aunque ahora se pretenda reescribirla a gusto y beneficio de los que provocaron el desastre. Lo que ocurrió en el pasado fue asimilado tras medio siglo de reconciliación pero hoy se trata de achacar la responsabilidad de los propios crímenes al fascismo, la extrema derecha, la Iglesia católica de la época. De recrear un recuerdo tergiversado, generar un trauma, una justificación para un dasein maléfico, un estar en el mundo basado en el odio, el resentimiento que produce la visión de la propia bajeza o incompetencia intelectual o moral.
Dicen algunos psicólogos que para el psicoanálisis el recuerdo se asimila a la realidad. El pasado, que no tiene posibilidad de poder defenderse de la acusación de haber creado el trauma, habría originado la presente neurosis, lo que no dejaría de ser un mecanismo para proteger la autoestima. Para poder considerarse irresponsable de sus actos o pensar que están justificados los peores desmanes. Ignoro las peripecias infantiles de Sánchez que hayan podido traumatizarle, pero al parecer Largo padeció de niño la violencia de un padre brutal hasta que su madre se separara. Sustrato de violencia que habría permanecido a lo largo de su vida.

En realidad, Sánchez no se podría mirar al espejo: lejos de un origen u honrado trabajo proletario tiene un pasado muy poco honroso como mecenado y yerno de un reconocido proxeneta de adultos y menores. Ha sido descubierto haciendo trampa en las urnas contra los legítimos intereses de sus compañeros. Ex empleado del National Democratic Institute del Partido Demócrata americano, ya como secretario general del PSOE, en un alarde de subordinación imperial, tuvo el cinismo de presentar a la terrorífica Madeleine Albright para su aprobación su agenda de reformas políticas y el plan de democracia radical para España, que incluía la limitación de mandatos y mayor transparencia ¿? Como se ve su oportunismo y fariseísmo carece de límites. En calidad de político con responsabilidad institucional cuenta sus declaraciones por mentiras e incumplimientos. Ningunea al parlamento y al rey. Carece del honor o del patriotismo mínimo exigible a tan alto cargo del Régimen. Ha aumentado la pobreza infantil y el deterioro de la educación y la Cultura. Y hecho de la corrupción y de la mentira poderosas armas de guerra a utilizar sin medida.
Tal para cual, el PSOE tampoco sería mejor ni entonces ni ahora puesto que todo lo consiente. También da la razón a Nietzsche y para mantener su orgullo perpetra leyes inicuas tales como las de Memoria Histórica o “Democrática”, un trágala despótico contra la libertad de expresión y de cátedra, tergiversando la historia y el presente. De tradición golpista se mantiene en una posición inmadura, de permanente adolescente contestatario, de modo que la culpa de los desastres que causa siempre la tengan los otros: la extrema derecha, los empresarios, el «populacho facha» que no les vota, el cambio climático o Rita la cantaora. Fingen una impostada pureza virginal, aunque remendada por colaboracionistas. Si traicionan, mienten, corrompen, roban o incluso asesinan para robar como ya sucediera en los gloriosos tiempos del admirado Largo Caballero, es por el bien del socialismo, de esa famélica legión que ellos contribuyen a aumentar.
Largo Caballero avisaba entonces de sus intenciones liberticidas totalitarias, su heredero y admirador, por desgracia hoy también.

