Por Alfonso de la Vega
Tomo prestada la famosa y esclarecedora frase del dirigente socialista Felipe González para resumir esta entrega. Tras los fastos mundialistas vuelve la atención pública a nuestros innumerables problemas.
En el viejo hermoso y plácido Madrid de mi niñez y juventud hoy, atraídas por los obedientes socialistas de todos los partidos y favorecidas por la artística incompetencia del ministro del Interior, las bandas criminales latinas dirimen a navajazo limpio el control de sus barrios ocupados. Son sus costumbres.
Al parecer se ha abierto la veda del navajazo metafórico también entre las bandas socialistas extractivas, no ya por el reparto del botín, que se dirime según jerarquías, sino por intentar escabullir el bulto y echarle la responsabilidad de los muchos delitos al antes querido compañero o compañera, o más bien cómplice. La contundente condena del ex ministro de la Corona y secretario de organización de la PSOE junto a la “condena- interruptus” de Aldama al parecer habrían hecho milagros. Muchos presuntos cómplices se tientan la ropa y de repente han sentido unas filantrópicas e incontenibles ganas de colaborar con la Justicia. Así que el horizonte judicial de ZP se agrava por momentos. Y de acuerdo con el principio de causalidad el de todo un Consejo de ministros y ministras de la Corona a los que cabría considerar colaboradores necesarios en el suceso.
Feijoo ha declarado que «sin Sánchez Zapatero no habría podido delinquir«. Sea como sea, en el rescate del Plus Ultra fue solidaria toda la nutrida banda gubernamental de Su Majestad. Que se sepa nadie del consejo de ministros, ministras y ministres dimitió en un insólito ataque de dignidad, patriotismo o sentido del honor, ni tampoco expresaría voto discrepante. Claro que, según brillante contribución a la historia del pensamiento económico universal como decía su entonces vicepresidente hoy agraciada con la sinecura de la presidencia del Consejo de Estado, “el dinero público no es nadie” ¡Vaya consejo y vaya estado!
Luego del ya citado de excelentísimos ministros u otros próceres socialistas protectores de los parias de la tierra y la famélica legión, el procesamiento del ex presidente ZP pudiera representar un antes y un después en la menguada credibilidad actual de las instituciones borbónicas. Además de las declaraciones incriminatorias de sus colaboradores o allegados en el ámbito judicial, el registro de sus oficinas y el de sus hijas en acopio de pruebas durante la redada ya quedará al menos como un hito histórico de consolación si la cosa termina empantanada como seguramente sea de temer.
Para algunos surge la duda, que no deja de tener también mucha sustancia desde el punto de vista político y sociológico, de si tenía razón Rosseau con su teoría del buen salvaje y el vallisoletano criado en León en sus inicios fue un joven de espíritu puro y pensamientos elevados echado a perder por su contacto con el socialismo o bien ya venía así de nacimiento, es decir, apuntaba maneras y de ahí su carrera dentro de la banda. Confieso que otros prohombres y prohembras socialistas sí, al menos durante un tiempo, pero el beneficiario del golpe del 11M nunca me engañó. Nunca confundí su sonrisa satánica de cínico e hipócrita redomado con nada amable, bondadoso o en verdad digno o filantrópico. A su perversidad debemos la introducción de la devastadora subcultura WOKE que tantos estragos está haciendo a España, leyes demoledoras de la moral y las buenas costumbres, el rescate de ETA, el menoscabo del ordenamiento constitucional, la protección de invasores vagos y maleantes, desastres ecológicos sin freno, la flaccidez energética, la paralización y deterioro de la necesaria política hidráulica por la que ya clamaba Joaquín Costa…
ZP nos miente con singular desparpajo, está bien entrenado y tiene talante para hacerlo. En un país serio terminaría su brillante carrera en presidio. Me temo que no caerá esa breva, quizás se irá de rositas o como mucho con una pintoresca inhabilitación para robar y sin tener que devolver el sustancioso botín igual que con el hermanísimo.
En palabras de Pablo Molina: “Cuando aparece algún socialistón que se ha enriquecido de forma asombrosa, las víctimas del telediario saldan el expediente acusándole de no ser realmente de izquierdas. Al contrario. Precisamente por ser socialista se ha enriquecido mientras la población normal se empobrece. Ese es el resultado inapelable de la aplicación de las ideas socialistas: una casta de ungidos encaramados al poder que se enriquece, unos grupos de presión que le hacen el trabajo sucio a cambio de que sus miembros vacíen el bolsillo ajeno y, en contraposición, una clase media destruida y millones de obreros viviendo del mísero subsidio estatal…“.
En efecto, que aún exista tanta gente empeñada en seguir apoyando el socialismo con todo lo que se va conociendo no deja de ser un enigma histórico, un drama psicológico que mostraría la involución de la raza humana. Peor aún cuando encima algunos presumen de intelectuales y artistas como la onerosa cofradía de la ceja.
Sinceramente no creo que al final le pase nada, pero de ser menester acaso pudiera buscar la cándida protección del llamado Constitucional, al que indiscreto parecer de la opinión pública más audaz o descontentadiza le reprocha el tratar de proteger a ladrones, golpistas y socialistas andaluces. Y si no la acción de tan alto y severo organismo al menos cabe hacer sentir la atonía veraniega, el denso humo negro propio de la contumaz temporada de incendios cada vez más devastadores y luego, en el otoño, Dios dirá. El tiempo pasa, la corrupción permanece. Hace ya tres lustros, contra los ditirambos de la ceja, el traicionado movimiento Indignados proclamaba su deseo de regeneración política y hacía una serie de Propuestas. Entre las referidas a la eliminación de privilegios de la clase política exigía la de la inmunidad asociada al cargo, la imprescriptibilidad de los delitos de corrupción, la publicación obligatoria del patrimonio de todos los cargos públicos o la reducción de los puestos de libre designación. Divinas palabras que no son de este reino. Dicen los sabios:
«La corrupción desdobla, multiplica, genera secuaces y mana entusiastas, rellenando con el bodrio el hueco de las palabras. Quienes acusan al mando de corrupción arguyen contra su definición, pues el mando se practica corrompiendo ideas y hombres. La corrupción agrupa, el corruptor puede imperar indefinidamente sobre el rebaño corrompido. El necio murmura: esto se halla corrupto, pronto caerá. El sabio le replica: esto va corrompiéndose durará milenios. Aprended a corromper y poseeréis los reinos…
El régimen se basa en la certeza de que siempre escampa.

