Por Alfonso de la Vega
El momento cumbre hasta ahora en la ambiciosa temporada de incendios de este verano se está desarrollando en el centro peninsular en Madrid, Guadalajara, Ávila o Toledo y constituye una muestra inequívoca e indisimulable de los grandes logros ecológicos, económicos y sociales del Régimen. A cada cual lo suyo.
Dentro del nutrido y extenso elenco de protagonistas y actores secundarios se están produciendo las habituales broncas y escaramuzas para ver quien consigue quedar peor ante la chamuscada opinión pública. El habitual “y tú más” ya aburre por lo gastado y solo gusta o es apreciado por los más fanáticos aplaudidores de una u otra ganadería política.
Sin embargo, es preciso reconocer aquí, y desde luego no nos duelen prendas en hacerlo, el mérito inigualable de cierto ilustre ministro de la Corona famoso por su peculiar e inconfundible condición soez y encanallada que aprovecha cualquier desastre o calamidad provocada por la desidia o corrupción para animar la correspondiente bronca adornada con insultos y ademanes barriobajeros. Pese al silencio cómplice machista de las hembristas subvencionadas o sus colegas de cuota gubernamental de género, muestra una inusitada querencia en insultar y atacar a cierta dama principal del otro partido de la agenda 2030.
Sin embargo, la competición hay que reconocer que se muestra muy reñida y en la ausencia de un árbitro que ponga un poco de orden sacando tarjetas rojas cuando sea menester recurren toda clase de insultos, coces, golpes o marrullerías para atacar al contrario en vez de jugar como debiera ser su obligación que para eso les pagamos.
Parece que el equipo rojo quiere repetir el éxito de la gota fría de Valencia asignando el sospechoso habitual a linchar por la prensa adicta.
En el proceso de degradación en el que nos encontramos cada vez resulta más difícil discernir realidad y ficción. En redes sociales se ha difundido un audio cuyo contenido resulta difícil de creer de puro escandaloso. En él se afirma, en resumen, que los brigadistas contra incendios, policías y guardias civiles tendrían órdenes “de arriba” de no intervenir para apagarlos, salvo para obligar a la evacuación de la gente con el fin de que no sean testigos de esa inacción supuestamente ordenada. Me parece imposible, sobre todo lo de que nuestros funcionarios civiles o militares obedezcan tales órdenes delictivas sin rebelarse o denunciarlas en el juzgado. Pero el escándalo también consiste en que aunque sea falso la situación presente esté tan degradada como para pueda darle algún viso de verosimilitud.
Están aumentando las sospechas sobre que tantos incendios con tantos focos diferentes y tan devastadores obedecen a un plan criminal premeditado con grandes complicidades. Algo similar a los que viene padeciendo la Patagonia argentina causados, según allí se viene denunciando, por agentes extranjeros. En todo caso, los incendiarios conscientes o voluntarios y sus cómplices debieran ser tratados como terroristas.
El olor a naturaleza achicharrada ha llegado a Palacio y Su Majestad que se huele que a este paso, y de seguir con este devastador valido, a su princesa no le va a quedar reino que heredar, ha acudido a Villamanta, aunque esta vez sin chapita de la agenda 2030 en la solapa por lucir vestimenta casual, para alegrarse de lo solidarios que son los demás. A su diestra, la dama principal insultada por su soez ministro ponía unas caras muy raras. A su izquierda la consorte. Don Felipe muy serio ha indicado que habría que ver “qué se puede hacer mejor”.
Supongo que todo o casi todo. Empezando por su propio arbitraje constitucional y terminando por el desastre autonómico que fomenta la ruina, la desunión, la corrupción, el despilfarro y la incompetencia. En este caso, si en vez de sostener un Estado autonómico oneroso e incompetente y gastar en miles de cargos inútiles y de coches oficiales en lugar de en prevención y mantenimiento de infraestructuras, se cuidaran el sector agrario y los montes y se protegiera la vida rural o, en general, el Estado de verdad estuviese al servicio del pueblo español y no de la casta p0lítica monárquica no sucederían desastres tan graves.
En tiempos del antiguo ICONA había un lema; “Cuando un monte se quema algo suyo se quema”. Al que el humor reivindicativo de entonces añadió un irónico “señor conde”. Con los grandes logros de la modernidad democrática borbónica el famoso lema ahora sería: “Cuando algo se quema, algo suyo se quema míster BlackRock.”

