martes, marzo 5, 2024
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Manual de estupidosofía

Ante la ausencia de libros sobre esta ciencia, permítanme dejarles esta breve guía de lo qué estamos hablando. Está demostrado que los coeficientes intelectuales en la sociedad están disminuyendo cada vez más, incluso hasta extremos muy preocupantes. La estupidosofía es la ciencia que estudia y defiende lo que no tiene sentido lógico, aquello que parece desatinado, absurdo y carente de todo componente que impida que una persona inteligente pueda entender de lo que se trata. Cada día en nuestra sociedad, entre el común de los mortales, por parte de los medios de comunicación y de la estupidocracia se inunda a las mentes de ideas delirantes que para un psiquiatra cuerdo serían consideradas signos de una enfermedad mental. 

Comencemos por sus fundamentos: la creencia central reside en que “no existe el conocimiento ni existe necesidad de buscarlo”. No se investiga, no se tiene curiosidad alguna y no importa. De hecho, se cree que saber es completamente inútil y ello no hace más que complicar la existencia. Los líderes políticos han creado un contexto en el que desconocer hace feliz a las personas. ¿Cómo? Se preguntarán muchas personas cuál es sentido de todo este absurdo. Sí, señores, así es. Millones de personas creen que, sin pensar, sin recibir información, salvo aquélla en la que se adaptan a ciertas rutinas de supervivencia, como si pudiesen pasar de un día a otro tal como lo hacían los animales que empleaba Skinner en sus experimentos de caja problema a principios de siglo XX, les es suficiente. Reducen así su rendimiento intelectual al de un perro, un gato, un hámster o una lombriz; su umbral de decisión no sobrepasa el de las decisiones más básicas de supervivencia como comer, beber, tener sexo, socializar con quiénes no les ocasionan muchos problemas y tener lo suficiente para creer que el gobierno los cuida y los protege, porque son personas que no están al alcance de su existencia mundana, como los súbditos contemplaban a los dioses en la antigua Mesopotamia. 

Es tal su afán de protección de tan absurdo modus vivendi que consideran que todo conocimiento, además de no existir, es falso y, de ser afirmado ha de ser negado, pisoteado, censurado y quemado, como se hacía en la antigüedad con los libros prohibidos. Estas ideas se consideran peligrosas para la sociedad porque abren las ventanas hacia mundos paralelos. No olvidemos que las claves para entenderlo son de por sí tan limitadas que es como si alguien que percibiese la realidad en una sola dimensión, de repente le presentan tres o cuatro. No es que no sea capaz de entenderlo, sino que considera que tales ideas son como los caballeros del apocalipsis. El terror que influyen es desmesurado. Es por ello que, cuando alguien se presenta con tales ideas, el sistema ha de censurarlo. Por supuesto, no cabe ni investigación ni debate científico al respecto, las pruebas, de existir, no tienen validez absurda y estos sujetos imponen su visión de la realidad como dictadores enfurecidos.

El mero hecho de que esto ocurra les provoca la sensación de que no pueden ser felices, de que no tienen derecho a gozar de la vida y les recuerda la idea del sacrificio y el esfuerzo. Hace demasiado tiempo que el estado hizo que eso de los derechos y obligaciones las decidieran otros; el ciudadano ha recibido todo masticado y listo para ser digerido para tener el estómago lleno; masticar supone, incluso, un gran esfuerzo; imaginemos pensar, porque no sólo sería agotador, sino que no lo soportarían. Cada cual puede hacer lo que se le asigna y punto. ¿Para qué vamos a buscar si es posible mejorar nuestra existencia?

El impulso vital los empuja a vivir con la mayor cantidad de placer posible, con la intensidad más fuerte y el periodo de tiempo más largo imaginable. Muchas capas sociales prefieren la drogadicción, ya sea por el tabaco, el alcohol, la marihuana, la heroína, la cocaína, la televisión, la política, las redes sociales, sus propias emociones tóxicas, sus odios y rencores o sus creencias absurdas. El mero hecho de que alguien se las rebata o fallen les produce tal ataque de abstinencia que pueden llegar a matar o agredir a los demás física o emocionalmente, sin ningún tipo de control. 

Cuando reaccionan de este modo lo hacen sin noción de moral o de ética, pues dado que niegan todo conocimiento que les saque de su felicidad en el mundo del éxtasis de la mente tóxica y enferma, mucho más lo hacen con esos principios tan importantes para una convivencia armónica entre los seres humanos, basada en el amor, la tolerancia, la empatía y la ayuda mutua, tan necesarias para vivir en una verdadera humanidad. Cada acción que se realiza en el marco de esta ilusión de realidad, completamente falsa, carece de los principios básicos de respeto, salvo que sea para uno mismo, haciendo de estos sujetos seres completamente egoístas que no comparten ni sus propias e ilusorias ideas delirantes. Ello se debe a que el principio de satisfacción es personal y exclusivo, responde a la necesidad de lograr el éxito, el poder, la fama, el dinero y los placeres de manera rápida, sin esfuerzo, sin sentido de la responsabilidad, sin culpa y sin remordimiento: el fin justifica los medios. Siempre y cuando las reglas lo permitan cada cual se dará su gusto por encima del sufrimiento del otro, incluso el placer de uno será el dolor del prójimo. De este modo, se pisotearán unos a otros peor que los insectos.

Es este tipo de sujetos el que mira con desconfianza y desconcierto a quien cree saber algo, el que prefiere no oír y pasar de largo por la calle cuando le hacen una pregunta muy difícil del tipo qué es una mujer o un hombre, si sabe qué es la agenda 2030, si conoce lo que ocurre más allá de los cuatro rincones de su casa o de su trabajo, sabe qué desea hacer su amado líder orweliano, si muere poco a poco, si lo envenenan o no, si le mienten o no y larguísimo etcétera. Simplemente se conforma con respirar, aunque sea con un bozal que reduce la concentración de oxígeno del 21 al 15% de golpe y no pueda calentar su casa adecuadamente, poniéndose el abrigo de piel para dormir. Es el que permite que sus hijos sean educados en la homosexualidad, el lesbianismo, la masturbación, la pederastia, el feminismo, el LGTBIQ+ y, si no se remedia, les imputen sus órganos genitales, si así son felices, porque da exactamente igual (no saber nos hace muy dichosos, después de todo); el que dice que le molestan los billetes en la cartera y prefiere vivir como un esclavo de los líderes de la estupidocracia o el que denuncia hechos de sabios como ataques a la democracia de toda la vida, llamando fachas, de extrema derecha, fascistas a los que rompen los cristales donde respiran el smog del rancio aire de sus bocas.

Para ello, recordemos, no existen manuales, no hay libros, no hay teorías. Estos seres pasan de largo y no dejan huella alguna en la humanidad. De hecho, el día que mueran por su inutilidad nadie sabrá que han existido porque sólo quedarán sus cadáveres y huesos enterrados o cuerpos hambrientos, así como sus restos envenenados por tumores y coágulos de piedra.

He aquí el resumen de la nada. 

¿Qué legado le dejamos al mundo?

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3 COMENTARIOS

  1. Los locos fuera de las instituciones ni jueces, fiscales o juristas locos ni mucho menos politicos locos que legislan. Si vd esta loco se va al psiquiatra pero deja de tocar los cojones. Y ahi los tenemos de sanitarios, policias, jueces, periodistas etc y los pocos cuerdos se preguntan que esta pasando o callan por miedo ya esta bien.

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