En un tuit publicado el 17 de abril de 2026, Elon Musk dejó clara su posición sobre el futuro del empleo en la era de la inteligencia artificial. El fundador de Tesla, SpaceX y xAI escribió textualmente:
“Ingreso UNIVERSAL ALTO a través de cheques emitidos por el gobierno federal es la mejor manera de lidiar con el desempleo causado por la IA. La IA/robótica producirá bienes y servicios en exceso de lo que aumente la oferta monetaria, por lo que no habrá inflación.”
Con esta declaración, Musk no solo acepta que la IA y la robótica provocarán un desempleo masivo, sino que propone la solución perfecta desde el punto de vista de los grandes organismos globales: cheques del gobierno federal que garanticen un ingreso alto universal (UHI, por sus siglas en inglés). No se trata de un ingreso básico modesto, sino de un “high income” pagado directamente por el Estado a todos los ciudadanos afectados por la automatización.
Universal HIGH INCOME via checks issued by the Federal government is the best way to deal with unemployment caused by AI.
AI/robotics will produce goods & services far in excess of the increase in the money supply, so there will not be inflation.
— Elon Musk (@elonmusk) April 17, 2026
La patita que se asoma
Durante años, Musk se ha presentado como un defensor de la innovación libre, la meritocracia y un cierto escepticismo hacia las agendas intervencionistas. Sin embargo, esta propuesta revela una alineación sorprendente con los pilares centrales de la Agenda 2030 de la ONU (también conocida como Objetivos de Desarrollo Sostenible o ODS).
La Agenda 2030, aprobada por 193 países en 2015, promueve en su Objetivo 10 (“Reducción de la desigualdad”) y en el Objetivo 8 (“Trabajo decente y crecimiento económico”) mecanismos de redistribución masiva de la riqueza y la protección social universal. Aunque no menciona explícitamente un “ingreso universal”, sus documentos y los informes de organismos asociados (Banco Mundial, FMI, WEF) han impulsado desde hace tiempo el concepto de ingreso básico universal (UBI) o fórmulas similares como herramienta para gestionar la “cuarta revolución industrial” y la transición hacia economías “verdes” y digitalizadas.
Musk no solo adopta la idea, sino que la eleva: no habla de un subsidio mínimo para sobrevivir, sino de un ingreso alto financiado por el gobierno. Y lo justifica con el argumento clásico de los defensores de la Agenda 2030: la IA generará tanta abundancia que el aumento de la masa monetaria no provocará inflación. Es el mismo razonamiento que utilizan los globalistas para defender que un mundo de “abundancia post-escasez” requiere de un Estado fuerte que redistribuya la riqueza generada por las máquinas.
¿Coincidencia o convergencia ideológica?
Lo llamativo es que Musk, que en el pasado ha criticado duramente el gasto público descontrolado y ha participado en iniciativas como el DOGE (Department of Government Efficiency) junto a figuras anti-establishment, ahora propone una de las mayores expansiones del Estado del bienestar jamás imaginadas en Estados Unidos: cheques federales de “altos ingresos” para millones de personas sin empleo.
Esta propuesta encaja como anillo al dedo con varios elementos clave de la Agenda 2030:
- Reducción de la desigualdad a través de transferencias directas del Estado.
- Transición hacia una economía post-trabajo, donde el ser humano ya no es el centro de la producción.
- Control social suave: en lugar de revoluciones o protestas por desempleo masivo, se ofrece tranquilidad financiera a cambio de dependencia estatal.
- Narrativa de la abundancia tecnológica que justifica intervenciones masivas sin “consecuencias negativas”.
Críticos de la Agenda 2030 llevan años advirtiendo que el objetivo final no es la “sostenibilidad”, sino la creación de una sociedad de dependencia controlada: menos soberanía nacional, más poder en manos de organismos supranacionales y élites tecnológicas, y una población pacificada con subsidios y entretenimiento digital.
El tuit de Musk no es una reflexión aislada. Es la confirmación de que incluso el empresario más disruptivo del planeta termina convergiendo con la visión de un mundo donde el gobierno (o los poderes supranacionales que lo influencian) decide cuánto dinero recibe cada ciudadano para que no se le ocurra rebelarse contra el progreso tecnológico que él mismo impulsa.
La patita ya asomó. Ahora solo queda ver si el resto del gato entra por completo en la Agenda 2030.

