Hace menos de un mes, concretamente el 14 de octubre, El Diestro publicaba que un ciberataque provocaba la pérdida de toneladas de alimentos frescos y congelados en Francia y tenía también repercusiones en España, Portugal, Países Bajos, Alemania, Polonia y Bélgica. Ahora, apenas tres semanas después, la pesadilla se repite y se amplía. Un nuevo ataque informático ha disparado la temperatura de los refrigeradores y congeladores de decenas de supermercados en Bélgica y Suecia, causando pérdidas millonarias y elevando a al menos seis el número de países europeos golpeados por esta oleada de sabotajes cibernéticos contra la cadena alimentaria.
Según informan medios internacionales como BBC y Reuters, entre otros, durante la madrugada del 2 de noviembre los sistemas de refrigeración de alrededor de 40 tiendas Delhaize, 15 Carrefour y varias Spar en Bélgica (y algunas en Luxemburgo) se vieron alterados de forma remota. Las temperaturas se dispararon hasta los 50 o incluso 70 grados Celsius en algunos casos. En Suecia, varias tiendas de las cadenas ICA y Coop sufrieron el mismo destino: congeladores configurados a 50-55 °C que obligaron a tirar a la basura grandes cantidades de alimentos. También se han publicado incidencias en Irlanda (SuperValu), Estonia y otros puntos. Las pérdidas se cifran ya en cientos de miles de euros solo en los establecimientos más afectados, y el saldo total se espera que sea millonario.
El modus operandi es casi idéntico al del ataque de octubre en Francia, donde cientos de supermercados (Intermarché, Coopérative U, Carrefour, etc.) vieron cómo piratas informáticos activaban a distancia los ciclos de descongelación de los equipos, convirtiendo neveras en hornos y provocando el desperdicio de toneladas de comida, incendios en algunos locales y pérdidas de varios millones de euros. Entonces ya se habló de vulnerabilidades básicas en sistemas de control industrial (muchos de la empresa danesa Danfoss) conectados a internet sin protecciones adecuadas: contraseñas débiles, equipos obsoletos y exposición directa a la red.
La vulnerabilidad de una Europa desprotegida
Este segundo golpe en tan poco tiempo pone de manifiesto, una vez más, la fragilidad extrema de las infraestructuras críticas europeas. Mientras Bruselas dedica infinitas horas y recursos a regulaciones sobre el clima, Mercosur, la diversidad o la digitalización “verde”, la seguridad cibernética real de los sistemas que alimentan a millones de ciudadanos parece seguir en pañales. Los supermercados, eslabón esencial de la seguridad alimentaria, dependen de software industrial conectado a internet que, a todas luces, no está preparado para resistir ataques relativamente simples.
La Unión Europea presume de su “soberanía digital” y de normativas como el NIS2 o el Cyber Resilience Act, pero la realidad es tozuda: en menos de un mes, un mismo tipo de ataque ha atravesado fronteras y ha afectado a Francia, Bélgica, Suecia, Luxemburgo, Irlanda y Estonia (con ecos previos en otros países). ¿Dónde estaba la coordinación europea? ¿Dónde los protocolos comunes de respuesta rápida? ¿Dónde la exigencia real de seguridad mínima a los proveedores de equipos industriales?
Europa se ha convertido en un blanco fácil. Mientras se discuten interminablemente sobre normas de conducta online, sobre el control de las redes sociales (censura) o se imponen multas a grandes tecnológicas, los sistemas físicos que mantienen la cadena del frío y, por tanto, la alimentación de la población, permanecen expuestos. Cada nuevo incidente demuestra que la interconexión y la dependencia tecnológica, impulsadas a menudo desde las propias instituciones comunitarias, se han construido sin las debidas salvaguardas.
Las autoridades investigan, las cadenas aseguran que están “analizando el incidente” y que los centros de distribución siguen operativos. Pero el daño ya está hecho: comida tirada, pérdidas económicas, desconfianza de los consumidores y, sobre todo, la evidencia de que un grupo de ciberdelincuentes (aún sin identificar) puede alterar a distancia la temperatura de neveras en medio continente con relativa facilidad.
Este suceso vuelve a demostrar que estamos ante una Europa vulnerable, muy burocratizada y totalmente distraída. Mientras no se ponga el foco real en la protección de las infraestructuras esenciales en lugar de en discursos grandilocuentes, estos ataques seguirán ocurriendo. Y la próxima vez, quizás, el impacto no se limite a tirar toneladas de comida a la basura.
(Por Lourdes Martino)

