InicioOpiniónEditoresEn Victoria (Australia) pretenden "cacunar" y "microchipar" a 5.000 pingüinos sanos

En Victoria (Australia) pretenden «cacunar» y «microchipar» a 5.000 pingüinos sanos

En Victoria, Australia, las autoridades se preparan para lo que describen como el mayor proyecto de vacunación de fauna silvestre jamás realizado. Más de 5.000 pequeños pingüinos de las colonias de Phillip Island y St Kilda van a ser capturados, inyectados dos veces y microchipados. El objetivo oficial es protegerlos de la gripe aviar H5. Hay un detalle que debería detener a cualquiera en seco: según el propio informe, no se ha reportado ni un solo caso de gripe aviar entre estos pingüinos.

Sí, ha leído bien. Cero infecciones detectadas en la especie. Y, aun así, se va a montar una operación logísticamente brutal: atrapar a miles de animales silvestres, inyectarles dos dosis de vacuna en un intervalo de dos semanas y colocarles un microchip para poder monitorizarlos después. Todo ello en lo que se presenta como una medida de protección preventiva.

El propio Chief Veterinary Officer de Victoria reconoce abiertamente que manejar fauna silvestre conlleva riesgos y que la vacunación “no es una bala de plata”. Es decir, ni siquiera las autoridades afirman que esta intervención sea una solución definitiva. Y, sin embargo, se sigue adelante.

Las preguntas lógicas se acumulan de forma inevitable:

  • ¿Qué evidencia concreta demuestra que los beneficios de intervenir en una colonia aparentemente sana superan los riesgos de capturar, inyectar, microchipar y volver a capturar a miles de animales?
  • ¿Existen datos de seguridad específicos para estos pingüinos?
  • ¿Qué ocurre si la propia intervención causa daños no intencionados: estrés, lesiones, abandono de nidos, transmisión de otras enfermedades o mortalidad adicional?

El expolítico australiano Craig Kelly ha sido más directo: ha calificado el programa de “fanatismo vacunal en esteroides”. Y no es difícil entender por qué. Cuando 5.000 animales silvestres sin un solo caso reportado de la enfermedad van a ser sometidos a una operación de esta envergadura, el escrutinio no solo es legítimo: es obligatorio.

Se trata de un experimento a gran escala con fauna libre. No de una respuesta de emergencia ante un brote activo en la especie. Se captura, se inyecta, se marca y se controla a una población que, hasta el momento del anuncio, no mostraba signos de la amenaza que se pretende combatir. Y todo ello se presenta como “protección”.

La lógica oficial parece ser: “aunque no haya casos, mejor prevenir”. Pero prevenir a este coste —con dos capturas por animal, dos inyecciones y un dispositivo de seguimiento permanente— deja de parecer prevención y empieza a parecer otra cosa. Experimentación. Ensayo de protocolo. Demostración de que se puede hacer.

Al final queda la pregunta que el propio reportaje plantea: ¿estamos protegiendo a los pingüinos… o experimentando con ellos?

La respuesta, a la vista de los hechos, es bastante clara. Capturar, inyectar dos veces y microchipar a miles de animales sanos de una especie en la que no se ha detectado ni un solo caso de la enfermedad no es una medida razonable de conservación. Es una auténtica locura. Una intervención desproporcionada, de alto riesgo y de sentido común nulo.

EsDiestro
EsDiestro
Es Diestro. Opinión en Libertad
Artículo relacionados

Entradas recientes