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Barbas heladas a cortar

Entre las consecuencias de la guerra anglosionista contra Irán se encuentra la comprensión generalizada urbi et orbi acerca de la importancia de los estrechos y en general de los corredores marítimos tanto para el comercio mundial actual tanto por cuestiones de estrategia y control militar, cosa hasta ahora más bien relegada a los estudiosos de la Geopolítica.

El actual ataque a Ceuta, que ha mostrado la incompetencia de las instituciones borbónicas empezando por la propia Corona, sería un ejemplo próximo de este aserto en relación con el control del estrecho de Gibraltar. Los enemigos de España desde el exterior y los traidores internos al parecer buscarían la concesión de «cosoberanía» como un primer paso para la anexión total del territorio español al narcoestado vecino.

Ahora bien, Rusia acaba de abrir un nuevo circuito naval que dejaría obsoletas o secundarias en un futuro no muy lejano varias de las actuales rutas marítimas más importantes. En efecto un petrolero ruso ha “inaugurado” la ruta del Ártico que reduciría de forma extraordinaria la duración y coste de los periplos actuales de conexión de Europa con Asia e incluso con América del Sur. Rusia posee una importante flota de rompehielos. De modo que esta noticia ilustra el empeño imperial por hacerse con Groenlandia por las buenas o por las malas pese a que Dinamarca es un país aliado de la OTAN y teórico amigo.

El senil emperador no disimula sus bajas pasiones y ha hecho una «oferta tal que no se pueda rechazar» y el rey de Dinamarca no lo ha dudado con un teatral “ser o no ser”.  Sin fantasma patriótico que ulule en las almenas de palacio la bajada danesa de pantalones reales resulta asaz escandalosa, y puede que profética por lo que pronto nos pueda pasar. Sin ni siquiera gastar un dron y de acuerdo con la «parte contratante de la primera parte» el Imperio consigue meterse de “inquiocupa” en Groenlandia con un  abusón «contrato de renta antigua». Los principales puntos son:

Control permanente sobre la seguridad de Groenlandia.

Ampliación de la presencia militar: modernización y expansión de la actual base de Pituffik, creación de otras dos nuevas o la posibilidad de crear más bases militares, incluyendo no tripuladas;

Acceso y tránsito libre en régimen de monopolio: los buques y la aviación estadounidenses pueden moverse por el territorio de Groenlandia, incluyendo las aguas territoriales, sin restricciones, incluyendo bajo el agua;

Derecho de veto sobre la presencia de terceros: ningún país que no sea miembro de la OTAN puede establecer una base militar o mantener una presencia militar en Groenlandia sin el consentimiento de las «partes»;

Control efectivo sobre las inversiones: los inversores de países que no son miembros de la OTAN no pueden obtener el control o una influencia significativa en los «sectores particularmente sensibles» de la economía de Groenlandia;

Derecho a desplegar el sistema de defensa antimisiles «Cúpula Dorada».

Aunque EEUU aún no se haya anexionado Groenlandia legalmente como cohechaba Trump ya ha creado todas las condiciones para establecer un dominio de facto en el futuro.

En resumen, se trata de una acción imperialista de «cosoberanía» sui generis. La soberanía formal de Dinamarca y Groenlandia se mantiene cara a la galería, pero el control real sobre la seguridad y los sectores clave de la economía se traspasa al Imperio. Una fase transitoria porque no hace falta ser un lince para prever que la isla terminará integrada en EEUU de un modo u otro. También en el caso de una futura “independencia” subordinada controlada bajo el poder de Estados Unidos. En caso de que Groenlandia obtenga la «independencia», deberá permanecer en la OTAN y asumir todas las obligaciones de Dinamarca en virtud de este “acuerdo”.

El Imperio ha excluido a terceros probables protagonistas como China y Rusia principales interesados en la sugestiva nueva ruta abierta del Ártico de cualquier posición en la isla y establecido su derecho a veto de cualquier inversión o acción extranjera.

Una maniobra propia del grotesco e hipócrita “mundo sujeto a reglas”, de naturaleza anti BRICS y contra el comercio libre internacional, la seguridad y la paz mundiales.

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