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Dos de mayo, treinta de julio

Por Alfonso de la Vega

Contra la teoría del progreso indefinido de la humanidad vemos que la historia se repite con libreto y elenco renovados pero con los mismos problemas de fondo. En este caso la falta de soberanía y de conciencia nacional provocada por la traición de unas instituciones, las borbónicas, al servicio de la granjería de una casta dirigente servil con la plutocracia y el enemigo extranjero.

Hoy, tras la impune invasión de Ceuta, facilitada por las instituciones borbónicas  es un buen momento oportuno para volver a reflexionar sobre la suerte de nuestra patria. El dos de mayo de 1808 en Madrid es una fecha mítica, que puede ser considerada como el nacimiento de la conciencia de la nación española en sentido moderno como tal. Hoy, a falta de un reconocimiento en toda España, acaso por esa misma razón, la toma de conciencia de la unidad e independencia de la nación española, de nuestra integridad como pueblo, sólo se ha adoptado con carácter local como fiesta oficial en Madrid.

En el dos de mayo confluyen muchas cuestiones de gran importancia histórica, algunas de ellas de permanente actualidad en esa especie de fandango de Boccherini en el que se viene convirtiendo nuestra historia contemporánea. Con gran inteligencia y sensibilidad Alejo Carpentier termina la perspectiva estética e ideológica de El siglo de las luces en esa fecha con una acción desesperada y suicida de Sofía, la intrépida amante del protagonista Victor Hugues, junto a su primo Esteban. Sofía era una heroína que había contestado al desorientado protagonista: “es eso lo que hizo la Revolución: trastornar a más de uno… ahora sé lo que debe aceptarse y lo que debe rechazarse.

Sofía rechazó la impostura revolucionaria empleada para avasallar pueblos y también salió a la calle madrileña en desesperada acción contra el ejército invasor de Napoleón, un personaje sugestivo y siniestro, probable agente de los Rothschild empleado de modo consciente o inconsciente en una embrionaria intentona de NOM. Una de cuyas víctimas más importantes con la colaboración borbónica sería la destrucción del imperio español en América y su sustitución por el anglosajón. “De pronto cundió el tumulto. Grupos de hombres del pueblo, seguidos de mujeres, de niños, aparecieron en las esquinas dando mueras a los franceses. …el pueblo entero de Madrid se había arrojado a las calles en  un levantamiento repentino, inesperado y devastador, sin que nadie se hubiese valido de proclamas empresas ni de artificios de oratoria para provocarlo…cargaban los mamelucos, cargaban los coraceros, cargaban los guardias polacos, sobre una multitud que respondía al arma blanca … Luego vino la noche. Noche de lóbrega matanza, de ejecuciones en masa, de exterminio, en el Manzanares y en la Moncloa…”

Son varias las reflexiones, con sabor agridulce, que más de dos siglos después nos sugieren estos heroicos acontecimientos de los que fuera protagonista el pueblo madrileño. La traición, tanto entonces como hoy, de la mayor parte de la clase dirigente. La conducta de la Dinastía borbónica. No nos sorprende: el cretino cornudo consentidor de Carlos IV, su adúltera y desleal esposa junto con su bastardo Fernando, ofrecieron ante el emperador invasor un espectáculo insuperable de vileza, traición y cobardía. Las instituciones borbónicas se pusieron al servicio del invasor. Entonces como ahora una sensación de manifiesta indefensión, de estar a merced de los intereses del enemigo extranjero. De que no nos defiende nadie, sino si acaso nosotros mismos. Los inmortalizados por Goya fusilamientos de la Moncloa serían firmados por el gobernador militar de Madrid, un general español.

Desde esa fecha emblemática, el pueblo español, junto con algunos pocos heroicos resistentes de la nobleza o el Ejército sostuvo una cruenta guerra para defender la entidad y conciencia nacionales, junto con el desarrollo de nuestra primera constitución no otorgada, para luego absurdamente entregar nuestra libertad otra vez a los Borbones. En ciertas cosas somos cerriles, no escarmentamos y mereceríamos lo que nos pasa.

La memoria histórica del Dos de Mayo invita a reflexionar sobre el significado actual de ese episodio heroico que no deja de tener un sabor agridulce para los patriotas españoles. La escandalosa actuación borbónica nos enseña la lección de que no se puede confiar en los Borbones, una dinastía gabacha lamentable que se entronizó gracias a una cruenta guerra civil, provocó varias más y contribuyó a nuestra ruina en América y decadencia en  la metrópoli. Pero los Borbones son la cabeza coronada de toda una élite cómplice que carece del menor patriotismo ni sentido del honor ni amor a la libertad. Y entre cuyos desvelos, desde luego, no se encuentran ni el bienestar del pueblo ni el honor y engrandecimiento de la Patria.

Al contrario, van a lo suyo que resulta ser lo contrario de lo nuestro. No hay más que ver el IBEX 35.  Triste es reconocerlo, pero los monárquicos españoles, entre lo que aún queda algún patriota despistado que otro, históricamente se comportan como cornudos consentidores.  Una y otra vez les traicionan y una y otra vez consienten y tragan. Lo que es especialmente dramático en los momentos de grandes convulsiones, así el dos de mayo o las actuales invasiones como la de Ceuta. Casi nadie protesta, pero “vivan as caenas”.

La Alianza entre el Trono y el Altar de entonces se había cambiado durante la Transición gracias a las imposiciones americanas por otra del Trono con el socialismo a la española. Esa Alianza o Unión Temporal de Empresas entre Borbones y socialistas cimentada en la legitimidad impostada, la corrupción y en la necesidad de legitimarse recíprocamente ante sus distinguidos públicos respectivos, hoy ya no sería bien vista por el nuevo socialismo WOKE que ahora se juzga con fuerza suficiente para prescindir de su anterior camarada. Y en esas estamos. Pero, ¿Reaccionará alguien del Régimen? No lo creo, dentro del Régimen no parece que ya pueda haber solución.

Dos de mayo, dos de mayo. Una y otra vez las élites y las instituciones de la Monarquía contra el pueblo español. Ya ni disimulan. Con Ceuta invadida el Jefe del Estado y del gobierno haciendo ostentación de su pasotismo abandonando a la gente a su suerte. Pero mal se queja quien se deja. La principal diferencia con aquella época es que el pueblo español parece idiotizado, no reacciona ante lo que sucede delante de sus narices, a la espera de la siguiente felonía ¿hasta que llegue la definitiva?

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