España ha sido un país de emigrantes y es ahora un país de inmigrantes. Eso debería ser, en cualquier caso, motivo de alegría para los españoles pues, obviamente, siempre es más miserable el emisor que el receptor. ¿Por qué vienen sino por huir de la miseria?
Por tanto, los españoles podemos ver el fenómeno de la migración desde ambos puntos de vista y podemos ponernos, perfectamente, en la piel de esas personas que vienen “buscando un futuro mejor”.
Los españoles nunca hemos tenido problemas en acoger gentes de todas partes del mundo. Somos mestizos, desde siempre, porque aquí vinieron todos: Fenicios, griegos, romanos, germanos… Es por eso que puedes encontrar españoles que pasarían por nórdicos y otros que podrían pasar por saudíes. ¿Cómo demonios vamos a ser racistas? Es cierto que, en los años setenta, cuando era niño había cierto rechazo hacia los gitanos pero no por su color sino, más bien, por su olor. En aquel tiempo eran gente errante, desharrapada… Aún guardo, en mi mente, la imagen de un niño, completamente desnudo, que pasó por delante de mi casa, asido a la baranda de una carreta. Supongo que se me quedó grabada porque tendría mi misma edad. Afortunadamente, ya no son así.
Pero salta a la vista que últimamente no estamos muy contentos. Hay políticos que proponen devolver inmigrantes y los hay que proponen seguir acogiendo. ¿Quién tiene razón? Imposible saberlo porque para dar la razón a unos o a otros, antes deberíamos poder contestar esta pregunta: ¿Cuántos caben?
¿Cuánta gente puede atender el sistema sanitario español, sin colapsar? ¿Cuánta gente pueden controlar las fuerzas de seguridad del estado? ¿Cuántos podrán encontrar trabajo en un país que ya tiene una elevada tasa de paro?
¿Cuántos inmigrantes caben en España? Es la pregunta que nadie ha sabido responder. Si tuviéramos esa información, posiblemente no nos alarmaríamos al ver llegar unos cuantos más pero, la verdad es que ningún político ha querido decírnoslo, y así es imposible pronunciarse a favor o en contra de sus propuestas. ¿Cuánto puede seguir gastando, en ayudas a la inmigración, un país quebrado como es España? ¿Cuánto puede seguir aumentando la deuda pública? Dígannoslo, señores políticos, y tal vez nos podamos alegrar con lo que estamos viendo.
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