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¿Otra oportunidad para la paz?

Por Alfonso de la Vega

Lo de los pretendidos acuerdos otra vez anunciados entre la coalición Epstein e Irán para poner fin a las acciones bélicas iniciadas a traición durante otras anteriores negociaciones contra la república islámica viene a ser una actualización del famoso cuento de Pedro y el lobo.

Pero esta vez sí, la cosa va en serio y se acaba de firmar el memorando de tregua de 60 días cara a llegar a otro “definitivo”. Se ha demostrado repetidamente que ni EEUU ni Israel honran sus compromisos y actúan a traición por lo que el escepticismo resulta postura más que razonable de acuerdo a las experiencias anteriores.

Netanyahu ha declarado que la cosa no va con él y que se reserva el derecho de invadir o a bombardear a quien le pete, cuando le pete y donde le pete, faltaría más. Bien es verdad que en caso de conveniencia pudiera traspasar sus actuaciones en el Líbano al gobierno terrorista sirio. E incluso estaría chantajeando a su «socio» Trump con sacar toda la información explosiva que tiene sobre el caso Epstein. Suponiendo que todo ello no sea otra añagaza más del presidente americano en la que el Netanyahu haría el papel de «poli malo» para vulnerar los posibles acuerdos mientras se salva la cara de un Trump en dificultades, el contenido del memorando publicado mostraría una clara derrota de la coalición agresora.

Para Irán el texto del acuerdo publicado representaría una victoria tanto diplomática como estratégica. Los objetivos iniciales de la coalición Epstein no se alcanzaron, se las prometían muy felices pero se ha impuesto un baño de realidad y las cosas están ahora mucho peor que estaban para ella. También serían peores a las ya traicionadas antes por Trump del acuerdo de Obama. Y eso sin incluir la pérdida de credibilidad moral y de prestigio o como se suele decir ahora del «relato», En cambio, Irán habría logrado preservar en parte suficiente sus capacidades militares, mantener la cohesión interna y obligar a Trump a negociar. Y se ha revelado muy eficaz su estrategia de guerra asimétrica frente a potencias atómicas. Incluso ya es bastante triunfo no haberse doblegado ante enemigos tan poderosos como faltos de moral.

La posición geoestratégica  de EEUU habría quedado debilitada tanto en el plano militar como en el diplomático. Trump desea salirse de la trampa en la que se ha metido solo o a iniciativa o beneficio de otros y busca un acuerdo que le permita salvar la cara, embustes o propaganda demagógica incluida, ante su reticente electorado. La situación interna de EEUU no estaría para muchas bromas cuando se va celebrar el cuarto de milenio de independencia.

El memorando consta de 14 puntos y prevé un periodo de 60 días de negociaciones para convertir el acuerdo en definitivo. No obstante varias cuestiones básicas siguen sin concreción definitiva como la gestión del estrecho de Ormuz. En efecto, junto a las nuevas tecnologías tales como drones y misiles supersónicos, una de las lecciones de esta guerra es la de la importancia de la geopolítica, y en concreto de los estrechos.  El dominio de las rutas marítimas presenta la posibilidad de utilizar en exclusiva un espacio marítimo en calidad de “mare clausum” junto al el económico y estratégico derivado de controlar las líneas de navegación en los pasillos que forman los estrechos, cuestión extraordinariamente importante como ahora hemos comprobado,  El valor geopolítico de un estrecho depende la densidad de tráfico que soporta, la naturaleza de lo transportado y su exclusividad o no como medio de acceso entre partes. Junto a los de Ormuz o Bab el Mandeb en la península arábiga, entre los más importantes del planeta están Gibraltar en el Mediterráneo, Bósforo y Dardanelos en el Mar Negro, los Belt del Báltico. El estrecho de Gibraltar relacionado con Ceuta puede convertirse en un foco caliente de tensión para nuestra integridad territorial,

No deja de ser curioso que muchos de los puntos del texto comienzan con un revelador; “Los Estados Unidos de América se comprometen a… “

A pesar de cierto optimismo expresado por gobiernos y mercados manipulados o la sensación de frustración de los más globalistas parece que lo prudente sería tomar el anuncio con la debida cautela, especialmente por el ya anunciado sabotaje israelí o el chantaje permanente. Sin embargo, Occidente, el verdadero Occidente de tradición cristiana no degenerado ni envilecido, debiera rechazar con horror las agresiones criminales de guerra. Y si acaso alegrarse porque la matanza de civiles iniciada en febrero pueda terminar y sin beneficio para los agresores. 

La incertidumbre planificada engorda el negocio. Detrás de las sombras chinescas hay otros actores, los verdaderos protagonistas. Se calientan las bolsas para otra posible cosecha de ahorros incautos. Si parece que se pudiera clarificar un frente bélico, las fuerzas oscuras tras la tramoya que se benefician de la guerra y la destrucción agravan otro. El régimen de Kiev acaba de atacar Moscú bombardeando una importante refinería. El negocio de la guerra permanente debe seguir de una manera u otra.

Ojalá haya paz y vuelva la prosperidad en tan sufridas sociedades pero la historia no permite por desgracia demasiado triunfalismo.

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