Por Alfonso de la Vega
Los 29 de julio se celebran en una parroquia de Las Nieves, Pontevedra, la romería de Santa Marta de Ribarteme una de las más interesantes manifestaciones de la antropología gallega. De especial interés la famosa procesión de los ataúdes, en los que van llevados por deudos o amigos personas vivas que han ofrecido esa curiosa penitencia. Se la suele llamar la Romería de los muertos (los ofrecidos o «os cadaleitos», en gallego). Se trata de una tradición muy antigua que se remonta al menos al año 1700, aunque vendría del remoto tiempo de las cruzadas, establecida en prueba de agradecimiento de los caballeros supervivientes. Santa Marta, la hermana de Lázaro, era considerada patrona de los resucitados y una especie de guardiana de las almas en el más allá.
Sea o no su origen en los caballeros de regreso de Tierra Santa, la romería de los muertos muestra un carácter iniciático parecido a ciertos rituales de sociedades esotéricas, que sobrepasa lo convencional religioso habitual. Para los participantes e incluso espectadores supone, una experiencia extraordinaria en la que conviven la espiritualidad, la emoción, la cultura y tradición del lugar. La procesión, comienza al término de la misa de mediodía y durante el recorrido, los devotos, además de dedicar cantos de agradecimiento y súplicas a la Virgen, cargan con ataúdes en los que van tumbados los penitentes que por haber superado alguna grave enfermedad o haberse visto cerca de la muerte agradecen de esta forma a Santa Marta por seguir con vida. Como excepción, cuando los penitentes sean niños los ataúdes van vacíos o cerrados. Terminado el recorrido los creyentes regresan al templo donde dejan los ataúdes y a la Virgen, a la que le dirigen los cánticos finales de la procesión, Cada cadaleito u ofrecido va acompañado de su grupo de cantores y al finalizar el recorrido deja el ataúd en el templo, a la espera de un nuevo ofrecido el año siguiente.
Sin embargo, dentro del proceso de persecución de la Tradición en el que se ha embarcado la Iglesia calentológica desde el nefasto reformador Bergoglio la romería ya no es lo que era. Menos público y menos devotos. Alguna persona amortajada a primera hora lejos de la mirada de las cámaras y un féretro apoyado en un muro esperando por una promesa. de modo que una de las romerías más antiguas y populosas de Galicia se está transformando en una fiesta vulgar de pueblo más y su sello de interés o atracción turísticos pierde valor cada año que pasa. La jornada de este año volvió a ofrecer una muestra de ese declive. La solemnidad de la procesión de antaño quedó reducida a un paseo y destacó la absoluta ausencia de los famosos ataúdes que inmortalizaban esta celebración.

Esta vez no hubo problemas de tráfico y las personas asistentes encontraron sitio de sobra para seguir los actos religiosos y lúdicos. Desde hace varios años, el enfrentamiento con el párroco ha motivado la prohibición de las promesas y, fundamentalmente, la de acudir a la procesión dentro de un féretro.
Uno de ellos permanecía apoyado en un muro por si aparecía algún ofrecido, pero nadie se sintió atraído por la promesa a la patrona de los resucitados. Tampoco hubo amortajados visibles. A primera hora y lejos de los focos de las cámaras, cuentan que una persona dio la vuelta a la iglesia de rodillas.
En efecto, la culpa del sabotaje la tiene el señor cura párroco. Don Francisco Javier es moderno, acaso presunto de la cordada sinodal del «porque yo lo digo». Para llamar la atención de sus superiores o como fruto de su prodigiosa minerva ha querido “modernizar” la procesión, eliminando la tradicional presencia de ataúdes, por considerarlo brujería y superstición. El señor cura pontifica que «os cadaleitos» no desfilarán durante su cargo. Una carga para los feligreses.
En cuanto se conoció la decisión del párroco, llegó la protesta del pueblo ninguneado. Según su alcalde, don Xosé Manuel Rodríguez: «hay que preocuparse por recuperar la tradición; aquí, el único disidente es el cura». Ciertos feligreses con menos diplomacia y más indignación tachan al párroco de ateo, pues quienes se han ofrecido, querían cumplir sus promesas a la Santa: «Virgen Santa Marta, reina de la gloria, todo el que se ofrece, sale con victoria«.
El pueblo desea que se restaure en su integridad la romería en honor a Santa Marta. También son muchos los fieles conscientes o preocupados por su actual deriva destructiva que con carácter general quieren que se restaure la Tradición en la Iglesia. Pero no se entiende que el pueblo no haga caso omiso de las creencias modernistas del señor cura y mantenga la tradición le guste o no. No es bueno obedecer los caprichos del representante de una institución que combate la Tradición.
El caso de Santa Marta de Ribarteme creo que tiene interés general ya que es una muestra alegórica del proceso que estamos sufriendo. Gentes empoderadas que en su impunidad se creen por encima del Bien y del Mal y traicionan a los que deben servir.

