Por David Azañón (Subinspector 87713)
El experimento de Stanford fue un estudio de psicología realizado en 1971 por Philip Zimbardo en la Universidad de Stanford pero ¿en qué consistió?
Se reclutaron veinticuatro estudiantes universitarios voluntarios que fueron divididos aleatoriamente en dos grupos: guardias y prisioneros.
Se creó una prisión simulada en el sótano del departamento de psicología de la citada universidad.
Si bien el experimento estaba planeado para durar dos semanas se suspendió a los seis días, debido al riesgo psicológico e incluso físico como consecuencia de la falta de control del entorno experimental.
¿Qué ocurrió?
¡Se fue de madre que diría un castizo!
Los que ejercieron de guardias empezaron a ejercer abusos psicológicos, humillaciones y castigos excesivos sobre los que ejercieron de prisioneros quienes comenzaron a sufrir estrés severo, crisis agudas de ansiedad, llanto, desorientación y conductas de sumisión extrema.
¿Les suena a algo que hayan vivido?
Por añadidura se produjo una pérdida de límites éticos que facilitó dinámicas de poder abusivas sin mecanismos suficientes de protección.
¿Recuerdan las pintadas amenazadoras en las casas de médicos y enfermeras con ocasión del mayor experimento sociológico de la historia?
Zimbardo argumentó que:
- Las personas pueden comportarse de manera muy diferente según el rol social que se les asigna.
Mientras que muchos – no todos – estaban con el caballero, caballero con la inservibles mascarilla buscando entre las bolsas de la compra para comprobar, con un criterio totalmente subjetivo, si los productos eran de primera necesidad o no, mientras que sancionaban a trabajadores o autónomos, se iban durante sus días libres, gracias al maldito turno 6×6, a ver a sus familias libremente a cientos de kilómetros. Recordemos que ninguna sanción prosperó salvo los que como siempre, por miedo y pronto pago, achantaron la mui. El modus operandi de la administración española del que yo no observo diferencia alguna con el de la mafia.
- Las situaciones y estructuras de poder pueden influir fuertemente en la conducta humana. ¿Recuerdan a los millones encerrados ilegalmente salir a las ocho de la tarde a las terrazas a aplaudir como subnormales?
Recuerdan la sumisión total de la mayoría de zotes y las frases orwellianas de “Todo va a salir bien”, “Quédate en casa”, “Este virus lo paramos unidos”, “Solo salimos para lo imprescindible”, “Distancia social, responsabilidad individual”, “Somos una sociedad fuerte”, “Salimos más fuertes”, “Resistiré”, etc.
- El entorno puede llevar a comportamientos abusivos incluso en personas consideradas normales. Hasta 2020 ni un solo policía de España consideraría allanar un domicilio – derecho fundamental – por la comisión de una presunta infracción administrativa.
Tampoco se plantearía siquiera obligar a personas a llevar o ponerse una mascarilla, detenerlas ilegalmente por no llevarlas no cabía en cabeza alguna.
No se respetó el Código de Núremberg, la Declaración de Helsinki y los derechos del paciente en España, menos aun la Ley 14/1986 General de Sanidad o la Ley 41/2002 de autonomía del paciente.
¿Recuerdan a los ancianos aislados a quienes no se les permitía usar su móvil, ni ser visitados?
Considero que muy pocas agresiones se produjeron.
Sin noticias del derecho a un acompañante, ni a recibir información y asistencia sanitaria adecuada, ni dar o rechazar consentimiento informado, ni decidir sobre su tratamiento, ni acceder a su historia clínica, ni exigir confidencialidad y dignidad – pasaporte decían los muy HDLGP a lo propiska –.
Recuerdo cuando le dije a unos familiares que pretendían inocularse que preguntaran al médico o enfermera por el prospecto de la sustancia a inocular. La respuesta que recibieron fue eso no puedo enseñárselo.
- En cuanto a las críticas posteriores al experimento, se basaron en la influencia de los investigadores– véase políticos y el comité de expertos imaginarios – sobre los participantes e, incluso, algunos participantes afirmaron que actuaron según lo que creían que se esperaba de ellos. ¿Les suena la excusa de nosotros sólo cumplíamos órdenes?
Ni una sola responsabilidad. Alguno no debería poder caminar por la calle sin ser, como poco, vilipendiado.
Además del citado experimento, Philip Zimbardo desarrolló el concepto de EL EFECTO LUCIFER para describir cómo personas normales pueden realizar actos considerados malvados o abusivos cuando se encuentran en ciertos escenarios. Recordemos cómo se persiguió a gente que estaba en un parque, en una playa, etc. incluso con helicópteros como su fueran delincuentes peligrosísimos. El mundo perdió la cabeza salvo algunos que estuvimos despiertos.
Con todo, según Zimbardo, el comportamiento maligno no depende exclusivamente de la personalidad individual, sino de factores del contexto. Los factores que explican el cambio de conducta son:
- Desindividualización: pérdida de identidad personal en grupos o roles. El libro Psicología de las masas, escrito por Gustave Le Bon en 1895 ya preveía el resultado.
- Autoridad: obediencia a figuras de poder.
- Presión del grupo: conformidad social. Los pocos policías que se negaron, valientemente, a inocularse fueron obligados a dar explicaciones por escrito. Los médicos y enfermeras, como el resto de población, fueron obligados de facto a hacerlo mientras las furcias mediáticas se comportaban de la manera más vil posible, no llevaban mascarillas en los estudios de radio y TV, nadie les obligaba o sancionaba.
Les recuerdo que la Justicia española admitió la relación causa efecto perjudicial de las sustancias inoculadas hasta que llegó al Supremo y donde todos los anteriores dijeron digo cambiaron a diego. El que afirme que cree en el estado de derecho es gi-li-po-llas.
- Deshumanización de la víctima: percepción de otros como menos humanos. Recordemos como los políticos se movían libremente, un famoso putero cántabro se fumaba los puros en un restaurante tan pichi sin mascarilla evidentemente, lo de las putas y los paradores nacionales además todos los que se lucraron con las malditas mascarillas creando incluso empresas sin sede social.
- Normalización progresiva: se normalizó una sandez como que en Madrid, Cataluña, Andalucía u otra taifa autonómica el virus atacaba a horas distintas o que permanecía vivo dependiendo si se depositaba en la madera o el metal. Se normalizó lo de que si estabas comiendo no te atacaba pero si te levantabas para ir al baño sí.
¿Recuerdan la soplapollez de gasear la ropa de las tiendas de ropa, lo de los guantes, lavarse las manos constantemente con el maldito gel, etc.?
¿Recuerdan a gente llevando mascarilla yendo sola por el campo o en su coche?
Relación del Experimento de Stanford con el Efecto Lucifer.
No existe una división clara entre buenos y malos.
Hubo una minoría de policías, médicos y enfermeras que dieron la talla e hicieron caso omiso de los abusos ordenados por los políticos (al servicio del globalismo y de la industria farmacéutica) y se comportaron como profesionales en sus respectivos campos.
Otros, empero, cometieron abusos o percibieron un potosí por cada inoculación efectuada justificándose en cumplir órdenes.
En suma, las situaciones extremas pueden inducir comportamientos dañinos en individuos promedio, esto es sin capacidad de autocrítica, permeables a la presión social y es que, estimados compatriotas de toda ideología o condición, no existe mayor fascista que un woke asustado.
Recuerden que se trató el experimento sociológico más grande de la historia de la humanidad cuyo objetivo globalista fue reducir la población y lo consiguieron, desde entonces no deja de morir gente por… repentinitis, citando al filósofo George Santayana:
QUIEN OLVIDA SU HISTORIA ESTÁ CONDENADO A REPETIRLA.

