Por Alfonso de la Vega
“Dime, ¿Cómo te explicas la traición?
Por exceso de confianza. Yo soy moro y los conozco. Los españoles habéis tratado al moro de una manera inadecuada, impropia…. En vez de agradecer lo que vosotros hacéis por él, se ríe en su interior de vosotros.
¿Entonces, ¿Qué política crees tú que hay que seguir con el moro?
¡La de la fuerza¿Crees tú que si el moro pudiera no arrasaría Melilla y nos pasaría a cuchillo a todos? Mira hay que llevar el palo en una mano y en la otra mano… el palo también. Créeme todo lo que sea no hacerlo así es perder tiempo, es dejar caer el prestigio de España y es derramar mucha sangre española. Si queréis ahorrar sangre, hay que pegar fuerte a esos bandidos…”
(entrevista de Juan Guixé a Mizzian llamado El Bueno, jefe de cabila, El Rif en sombras)
La reciente invasión de España perpetrada por hordas de moros al servicio último del sionismo debiera supone un antes y un después. Sin embargo, cabe celebrar en su honor la resistencia de la ciudad, leal entonces cuando pasó a soberanía española por deseo propio y leal también ahora al resistirse a la invasión. Y abrir un debate de supervivencia puesto que la continuidad de la Monarquía actual nos condena a la desaparición como nación.
La pérdida de Ceuta en manos del sionismo ya era una amenaza previsible, evidente tras el empleo de los estrechos de Ormuz y Bad el Mandeb como potente arma geoestratégica, y conocer las dobles amenazas de Netanyahu o de Trump con repetir “otro 98”. Veamos: «Ah, los españoles… pronto aprenderán, igual de pronto que cuando renunciaron a Cuba, Guam, Filipinas y Puerto Rico, y fueron todas nuestras. Nos hicimos con todo”. Sí, lo habían anunciado en público y algunos ciudadanos comunes nos sorprendíamos de que tales intolerables amenazas no tuvieran respuesta. Incluso al revés, igual que cuando el nefasto 11M algunos súbditos sectarios y obtusos jaleaban al enemigo para atacar al gobierno del momento en vez de intentar defendernos solidariamente del agresor. Un acto de vergonzosa traición al que se prestan también hoy gentes que presumen de patriotas pero que en el fondo parecen obedecer al mismo amo sionista que el sultán.
Se vuelve a constatar sin posibilidad de dudas que nuestros pretendidos aliados en realidad se comportan como enemigos. ¿Qué sentido tiene pagar enormes sumas a la OTAN? ¿y a la UE? A la hora de la verdad estamos indefensos o se alían con el enemigo declarado. Nuestro Ejército hoy defiende intereses ajenos, en lugares lejanos, con mandos ajenos y en una lengua ajena. Y nuestras fronteras desguarnecidas para favorecer las invasiones. Con una legislación que en vez de nuestra defensa fomenta la corrupción y la traición. Y unas autoridades sin potestas que traicionan sus juramentos con una impunidad y cinismo insufribles. Y, o bien eran cómplices o ineptos absolutos.
Y lo de la pretendida solidaridad europea no es mejor. Ni un solo comunicado de condena de la invasión pero en cambio sí castigo para nosotros los ciudadanos españoles víctimas de una casta política corrupta e inepta. La satánica comisionista y la veleidosa Meloni nos expulsan del espacio europeo Schengen. Y eso que la judiada no han podido organizar una campaña de prensa anti española como presumiblemente era su intención si hubiera habido acción del ejército según su obligación constitucional.
Con la actual Iglesia tampoco se puede contar. Al revés: en Cádiz y Ceuta organiza una colecta a favor de los invasores. En su reciente visita a España el tartufo Prebost también jaleó las invasiones. Pero el muy fariseo no habilita ninguno de los palacios eclesiásticos a tan supuesta pía labor de acogida. Ahora estamos sufriendo en Ceuta las consecuencias de sus irresponsables frivolidades, del sentimentalismo religioso desligado de sus consecuencias políticas. El discurso deja de centrarse en las consecuencias de la invasión y pasa a plantearse en términos de bondad o maldad moral. Muestra la distancia abismal entre las instituciones y poderosos que defienden la acogida desde sus intocables posiciones privilegiadas y las gentes comunes que deberán sufrir sus efectos.
Sabemos que desgraciadamente nadie está libre de las agresiones del sionismo ni, más en general, de la delincuencia internacional. Lo estamos comprobando con Rusia o con Irán. Pero Irán dispone de un pueblo heroico, admirable, y de una clase política previsora con inteligencia y patriotismo. Con unidad como se ha demostrado durante los impresionantes multitudinarios funerales en honor de su cobardemente asesinado jefe de Estado y líder religioso Y algo muy importante, decisivo, también del apoyo de otras grandes potencias tales como China o Rusia, gracias al cual ha podido resistir hasta ahora las agresiones bélicas de Israel y EEUU.
En cambio, nosotros estamos solos, a merced del enemigo, no tenemos a nadie que nos ayude ni defienda. Quien acaso pudiera hacerlo, Rusia, por ser también víctima de nuestros comunes enemigos y de otra leyenda negra, es paradójico objeto de nuestro acoso u hostilidad demostrando falta de inteligencia y soberanía para defender nuestros propios intereses nacionales. Cosa que son incapaces de hacer unas instituciones ineptas o corruptas, un gobierno antinacional, deslegitimado si no por el dudoso origen al menos por el nefasto desempeño, al que incluso el Congreso ha pedido su dimisión,
Tan contentos dando saltos de jolgorio por un asunto menor como es un éxito deportivo, no entendemos la gravedad de lo que pasa. Nos encontramos ante el prólogo de una crisis dramática como la del 98. La pérdida del 98, previo el extraño pero muy oportuno magnicidio de Cánovas, en parte se debió a la traición de vende patrias corruptos en combinación con el enemigo. Hoy estamos con una situación parecida. Repitiendo las acciones del presidente Sagasta o del almirante Cervera. Y con una Corona ausente.
Marruecos nos ha humillado y se ha apuntado una gran victoria en la propaganda: de no hacer nada como así ha sucedido, muestra la incompetencia española y nuestra posición de absoluta orfandad sin aliados. De haber defendido Ceuta con contundencia habría venido la jeremiada orquestada por la prensa sionista denunciando lo malos que somos contra esas pobres gentes indefensas. La imposición del Estado de sitio tendría como consecuencia evitar la disolución de las Cortes y el mantenimiento de Sánchez sine die.
Acaso una de las lecciones a sacar de esta crisis sea su oportunidad para hacer caer caretas, máscaras y bonitos disfraces de patriotas de tente mientras me votas. O mostrar al más topo que así no deberíamos seguir salvo que nos resignemos a desaparecer como nación civilizada, cosa cada vez más probable con la Monarquía, que hoy no representa más que una deformación grotesca y esperpéntica de la civilización española: Sánchez, la Robles, Marlaska, un gobierno cercado por la corrupción incapaz de tomar una decisión en defensa de la nación ni de asumir sus costes ¡Cómo hemos podido caer tan bajo como para terminar a merced de estas gentes! Pero el problema no es solo el gobierno: es el Régimen,
Debemos constituir un Estado y unas instituciones al servicio de la nación. Si el reinado del lamentable Juan Carlos I supuso la ignominiosa entrega del Sahara nuestro desmantelamiento industrial y la pérdida de soberanía, el de Su Majestad don Felipe Borbón Schleswig-Holstein Sonderburg Glücksburg más conocido castizamente como El Calzonazos, está superando al de su antepasado Fernando VII. Pero, ¿es que no tiene sentido del honor ni de su dignidad personal o institucional? ¿Qué tiene que esconder para no atreverse a cumplir sus deberes y juramentos? ¿Qué hemos hecho los españoles para merecer esta perniciosa dinastía extranjera que somos incapaces de quitarnos de encima?
Resulta indispensable empezar a llamar a las cosas por su nombre y tratar de “acertar la mano con la herida” para no seguir con placebos que nos llevan a la desaparición.
¡Santiago Matamoros, santo patrono de España, socórrenos otra vez!

