La monarquía continúa por derecho, entre comillas “divino”, como autoridad otorgada por los dioses del Cielo (caídos). Hay un linaje ininterrumpido que se ha perpetuado hasta nuestros días a través de los Reyes de Francia de ascendencia davídica por primogenitura masculina y las Reinas de Inglaterra por línea femenina. ¿Acaso no se dice que Francia es «la hija mayor de la Iglesia»? Este linaje tiene que volver a aparecer, como por arte de magia, en una figura francófona. Nostradamus nos asegura que el Gran Monarca comenzará su misión de expulsión del pueblo árabe fuera de Francia entre los “Galos de Hesperia”. Coronado en Reims, sus atributos son el círculo y el lirio (flor de lis). ¿Nos engañará el demonio proponiendo tal vez a Luis Alfonso de Borbón o Luis XX, Rey de Francia por derecho, como Gran Monarca?

En cuanto a Marie-Julie Jahenny, fue una mística católica francesa, nacida en 1850 y fallecida en 1941 en La Fraudais-en-Blain, cerca de Nantes. En varias ocasiones anunció la ascensión del Gran Monarca al trono de Francia, un rey descendiente de San Luis (Flor de Lys), llamado Enrique V de la Cruz que instalará su reino en Blois, ya que París va a ser destruida. Durante sus éxtasis, profetizó tres crisis en Francia:
1- Durante la primera, los extranjeros serán los amos de Francia.
2- Durante la segunda, habrá una guerra civil, el derrocamiento de Francia y una sociedad degradada. Los meses del Sagrado Corazón (junio) y de la Preciosa Sangre (julio) serán la señal del castigo.
3- Durante la tercera, habrá una Reconquista de Francia durante 7 meses por un rey piadoso y, 5 meses después de que el rey restablezca la paz en Francia, estallará una revolución sin precedentes en Roma que durará más de dos años. Entonces, el Gran Monarca descenderá a Italia para liberar al Santo Padre con la ayuda del rey de España y establecerá la capital del Sacro Reino de Francia en Aviñón, concediendo asilo al Santo Padre allí.
Sin embargo, las visiones de aquella mística le fueron dadas por el Diablo, según lo afirmó Mélanie Calvat, la vidente de las apariciones marianas de la Salette, en 1881 al canónigo de Brandt.
En realidad, la figura del Gran Monarca está vinculada con la astrología (Nostradamus) tantas veces rechazada y condenada por Dios. Históricamente, los monarcas europeos utilizaron la astrología como una herramienta de propaganda y legitimación para demostrar que su mandato estaba ordenado por la voluntad divina. Los astrólogos de la corte elaboraban horóscopos que interpretaban el destino de los reyes y justificaban sus decisiones políticas, militares o matrimoniales.
La profecía del Gran Monarca tiene más bien matices ocultistas y estaría vinculada a la sociedad secreta Priorato de Sión que quiere establecer un orden mundial cristiano, mediante su ungido. El esoterista Alexandre Saint-Yves d’Alveydre (1842-1909), el principal teórico de la Sinarquía, habla de la misión de Francia, lo mismo que las profecías templarias modernas, sugiriendo que este rey es parte de una élite espiritual iniciada. El Gran Monarca será entonces, un descendiente de los propios Nefilims, los cuales se mezclaron con la nobleza en la tierra, de allí la sangre azul que corre por las venas de la realeza negra. Será el último merovingio, el “retoño ardiente”, cuya supuesta fe arde para cegar y controlar a los postreros cristianos desprevenidos que lleguen a confiar en él.

