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Expedientado por atender sin cita: el funcionario del SEPE que se atrevió a tener sentido común

Son muchas las veces que hemos criticado a los funcionarios públicos y, reconozcámoslo, en España hay demasiados y no gozan de simpatía precisamente. La Administración está hinchada, los trámites se eternizan y la burocracia asfixia con frecuencia al ciudadano. Pero, como en todo, hay excepciones. Hay servidores públicos que todavía conservan la vocación de servicio, que ven en su puesto no solo un sueldo a final de mes, sino una forma real de ayudar a las personas. Y eso es precisamente lo que le ha costado caro a Juan Carlos Nieto, funcionario del SEPE en Mérida.

Juan Carlos, de 56 años y con casi cuatro décadas de experiencia en la Administración (15 de ellas en oficinas de empleo), ha sido expedientado por atender a ciudadanos que no habían conseguido cita previa. Según el pliego de cargos, se le atribuye una falta grave por desobediencia a las instrucciones de no atender a nadie sin reserva previa y por facilitar certificados de prestaciones. Su “delito” ha sido usar el sentido común en un sistema que muchas veces falla: falta de acceso a internet, problemas técnicos, urgencias reales o el colapso habitual del sistema de citas.

En un país donde pedir cita en el SEPE puede convertirse en una auténtica odisea, este funcionario optó por no quedarse de brazos cruzados cuando la oficina estaba vacía, entraba alguien con un problema real y él decidía actuar con sentido común y humanidad. Ahora enfrenta un procedimiento disciplinario que podría acarrearle hasta seis meses de empleo y sueldo, una sanción que muchos consideran desproporcionada y que ha levantado una oleada de indignación en Extremadura que se está extendiendo por toda España.

Este miércoles, alrededor de un centenar de personas se han concentrado frente a las puertas del SEPE de Mérida para respaldarle. La protesta reunió a ciudadanos hartos de una burocracia que antepone las normas rígidas a las necesidades reales de las personas. Entre carteles de apoyo y gritos de “Todos estamos contigo” y “director, dimisión”, Juan Carlos salió en su media hora de descanso legal para dirigirse a los presentes y a los medios.

En el vídeo difundido por las redes, el propio Juan Carlos lo explicó con claridad y contundencia: “No es caridad, no es caridad, es simplemente hacer mi trabajo”. Añadió que ese día “la oficina estaba vacía”, que solo estaban dos funcionarios atendiendo y que “pretenden que a quien entre con un problema le digamos que sin cita no le podemos atender. ¡Una auténtica vergüenza!”. Criticó la obligatoriedad estricta de la cita previa cuando no hay nadie esperando y defendió que la cita es un medio de gestión, no un fin en sí mismo que deje desamparados a los ciudadanos.

Este caso no es solo la historia de un funcionario expedientado sino el síntoma de un sistema que castiga la iniciativa, el sentido común y la empatía, mientras premia el cumplimiento ciego de protocolos que, en la práctica, excluyen a quien más necesita ayuda.

Juan Carlos Nieto no ha hecho nada heroico: simplemente ha hecho su trabajo con coherencia. Ojalá su caso sirva para reflexionar sobre el modelo de atención al ciudadano en nuestras administraciones. Porque si atender a quien lo necesita cuando la oficina está vacía se convierte en falta disciplinaria, algo muy grave está pasando en esta sociedad.

(Por Lourdes Martino)

 

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