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Otro capítulo más de la inmoralidad de ZP a cuenta de todos los españoles

Una vez más, José Luis Rodríguez Zapatero nos recuerda por qué sigue siendo uno de los tipos más decepcionantes  y siniestros de las últimas décadas. Según la información publicada este miércoles por El Confidencial, el expresidente ha realizado 62 vuelos en los últimos cinco años con Air Europa a destinos como Caracas, República Dominicana y Miami. Viajes pagados por el Ministerio de Presidenciaes decir, por todos los contribuyentes— a pesar de tener un carácter privado. El coste de sus viajes supera los 600.000 euros.

Primera clase, escoltas de la Policía Nacional y, en ocasiones, secretaria o asistenta incluida. Zapatero no volaba precisamente en turista. Viajaba a cuerpo de rey, con todos los lujos que el erario público puede costear, mientras muchos españoles hacen malabares para llegar a fin de mes o pagan facturas energéticas que parecen un atraco a mano armada.

Lo más indignante no es solo el gasto, sino el contexto. Estos desplazamientos se realizaban con la aerolínea de la familia Hidalgo, con la que Zapatero mantiene una relación estrecha, al igual que su amigo José Bono. No se trata de un servicio público impersonal: es la compañía de sus amigos. Y aquí viene el matiz crucial: sus “amigos” no le regalaban los billetes. Los pagábamos nosotros, los españoles. Los mismos que, según el relato oficial del progresismo, deberíamos aplaudir su “labor humanitaria” o sus gestiones internacionales.

Porque, recordemos, muchos de estos viajes tenían como destino Caracas, feudo del chavismo al que Zapatero ha defendido con una lealtad que roza lo inexplicable. Mientras Venezuela se hundía en la miseria, la represión y la corrupción, el exlíder socialista seguía volando allí con regularidad, casi una vez cada dos meses. Todo pagado por Moncloa, aunque fuera “privado”. ¿Hace falta ser más inmoral? En un momento en el que Zapatero está imputado en el caso Plus Ultra, con acusaciones que apuntan a una estructura de tráfico de influencias y presuntas comisiones millonarias, esta revelación no es un detalle menor. Es una muestra más de su concepción del poder: el cargo termina, pero los privilegios y las amistades convenientes permanecen. El dinero público, también.

Los defensores de Zapatero hablarán de “seguridad”, de “protocolo” y de “derechos de los expresidentes”. Perfecto. Que los paguen ellos cuando el viaje es privado. Porque aquí no estamos discutiendo si un expresidente merece protección, sino si merece viajar en primera clase a Santo Domingo, Miami o Caracas cada pocas semanas a costa del contribuyente, sin rendir cuentas claras sobre el verdadero propósito de esos desplazamientos.

España es un país con memoria corta, pero hay agravios que se acumulan. Zapatero dejó el país en una situación económica muy delicada, con una crisis que se gestó en parte por su negacionismo y su gestión. Años después, sigue cobrando un sueldo vitalicio, disfrutando de escoltas y volando en primera a destinos exóticos mientras pontifica sobre democracia y justicia social. El contraste resulta obsceno.

Este caso no es solo un escándalo de malversación de fondos o de falta de transparencia. Es un ejemplo de la ética de un personaje que nunca entendió que el poder es un servicio temporal, no un salvoconducto para vivir como un potentado a costa de los demás. Pero Zapatero no actuó solo: el Gobierno también tiene que dar explicaciones. En especial el Ministerio de Presidencia, que autorizó y financió estos vuelos a sabiendas de su carácter privado, convirtiéndose en cómplice directo de este abuso del dinero de todos los españoles.

(Por Lourdes Martino)

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