martes, abril 21, 2026
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Otra paradoja histórica

Por Alfonso de la Vega

La Conferencia Episcopal Española (CEE) ha aplaudido y celebrado la aprobación definitiva de la regularización extraordinaria de inmigrantes, incluso sin control de antecedentes penales, calificándola como un acto de «justicia social”. No obstante, la cosa no está tan clara como pretende el obispado. Cómo será que hasta la propia globalista Comisión Europea ha expresado críticas: “esta decisión unilateral podría colisionar con la política migratoria conjunta de la Unión Europea y enviar un mensaje erróneo respecto a la disuasión de la migración irregular”.

El acto se ha perpetrado siguiendo la norma habitual mediante Real Decreto para que luego los descontentadizos de siempre sostengan que el Régimen filipino no es una democracia digna de tal nombre sino el encubrimiento de una farsa oligárquica. Qué lejos quedan las palabras emocionadas de un Joaquín Costa: Queremos una Patria tal como la definió la Constitución de Cádiz; una España que procure nuestra felicidad, no que la estorbe. Que España sea para los españoles, dejando de ser para los partidos y sus empleados, o, en caso contrario, que no sea de ningún modo”.

Se intenta justificar que son necesarios por nuestra demografía. Sin intentar poner remedio al drama de los más de cien mil abortos al año tal cosa no lo parece. Hacen falta a la economía nos dicen. Sin embargo sigue el paro endémico, uno de los mayores de Europa, en parte porque el españolito deseducado para mejor acostumbrarse a la molicie y maleado por el socialismo disolvente WOKE se niega a trabajar recurriendo a la sopa boba de papá estado. Pero nuestras élites ponen remedio al problema no recurriendo a los recursos ociosos sino importando gente extraña dispuesta a trabajar. No todas, porque algunas provenientes de lugares vecinos vienen ya dispuestos a no dar un palo al agua engordando la gusanera de la deuda y saben cómo apropiarse de algunas canonjías y sinecuras del tambaleante si no ya quebrado Estado de bienestar. Y entre los llegados con buenas intenciones que merecen todo nuestro respeto y acogida este tipo de comportamientos impunes no dejan de mermar su moral de currante o buena voluntad integradora. De modo que el sistema conspira en contra de bueno. 

Mucha memoria histórica y mucha demagogia pero poco aprender de sus enseñanzas para no repetir los mismos errores. Una felonías histórica contra España de consecuencias funestas para nuestra ya de por sí enrarecida convivencia es la de promover la presente invasión descontrolada de toda clase gentes que el gobierno de la Corona y demás patrióticas instituciones del reino perpetran.  Por si no teníamos bastante con unas burguesías catalana y vasca supremacistas y de rapiña no comprometidas con el buen gobierno de España, o con el corrompido socialismo local aunque con la relativa ventaja de ser autóctonos, racial y culturalmente de la misma procedencia y religiosidad sociológica, nos dedicamos a importar más problemas transformándonos en una especie de “perrillo mil razas” más fácil de ser impunemente apaleado. En estos terribles momentos que estamos viviendo en todo el mundo con un proceso de devastación globalista que parece imparable, para sobrevivir resulta necesario un mecanismo de defensa como es el antiguo Estado nación y si este se debilita por la heterogeneidad cuando no incompatibilidad de sus nuevas comunidades la nación sufre o incluso termina desapareciendo como tal, transformada en un mero mercado en el que todo queda a la venta y tiene un precio. Nuestra vulnerabilidad aumenta.

El problema tiene antecedentes remotos con algún parecido. Recuerda por su gravedad la sufrida invasión en tiempos de otra Monarquía inepta, corrompida y decadente, la visigoda del rey don Rodrigo, que costara a nuestros antepasados ocho siglos en revertir. Y también como entonces, en la nómina de traidores no falta un obispo, un judío y algún político vengativo. Según la famosa leyenda de la pérdida de España en su génesis estuvo un problema de incontinencia sexual. Relata cómo el rey visigodo Don Rodrigo provocó la invasión musulmana del año 711 tras violar a Florinda «la Cava», hija del conde Don Julián. En venganza, Julián facilitó la entrada de los árabes, sellando el fin del reino godo. Una variante mítica narra que Rodrigo abrió un palacio toledano prohibido, liberando las figuras pintadas que profetizaron la conquista. Más prosaica la actual fue decidida e impuesta tras una visita de potentado judío célebre. En la traición también participó el obispo Don Opas y el emboscado judío de turno e igual servicio. 

Es bien conocida la militancia comunista y bergogliana del actual Presidente de la CEE, un don Opas fariseo, colaboracionista complaciente y en consecuencia, no es muy de extrañar su posición subalterna, subversiva anti convivencia y anti española. Lo que resulta más raro e incoherente como comunista de pro es su íntima colaboración con los sectores más duros de la patronal en contra de la clase obrera española con su objetivo de bajar los salarios de la gente que trabaja mientras suben los precios de todo, incluida la vivienda y la alimentación. Debe ser a lo mejor que le gustan tanto los “parias de la tierra y famélica legión” que quiere colaborar con entusiasmo en producir más.

Bien es verdad, así hay que reconocerlo en justicia, que don Opas y sus filantrópicos colegas ceden generosamente sus palacios episcopales y casas rectorales y allí donde no llega la jurisdicción del ordinario presionan para acomodar a los invasores menesterosos en monasterios y residencias. Y Soros se carcajea tras las bambalinas por la inesperada e insólita colaboración de su tradicional enemigo, la Iglesia Católica, en el proceso de destrucción de la España cristiana multisecular. 

Siempre nos quedará el humor para sobrellevarlo: Hubo un tiempo en que regía la famosa alianza entre el Trono y el Altar. Tras la reinstauración, luego vino la UTE entre Borbones y socialismo libertino arrebatacapas para compartir poder y experiencias afines, no sin disgusto de la antigua altiva pareja despechada que, sin embargo, se presta a la humillación de participar en un novedoso ménage à trois en cama redonda presupuestaria. En efecto, como afirma el evangelio: “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

Triste además de asombroso visto lo que hoy acontece es recordar que hace noventa años el rojerío más sanguinario y homicida iniciase la caza de obispos, curas y monjas, en la mayor persecución, junto con la resistencia cristera en Méjico, desde el Imperio romano. Paradojas de la Historia entonces los consideraba sus enemigos, hoy son sus aliados.

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