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Más que una destitución

Por Alfonso de la Vega

He leído en EsDiestro una noticia que parece una simple curiosidad de interés limitado pero que en mi opinión posee su importancia. Y desde varios puntos de vista, el espiritual, el epistemológico, el antropológico, el de la demonología, el político, el de actualidad sobre una posible nueva maniobra de distracción y el de la propia decadencia intelectual y doctrinal de la Iglesia desde que fue saldando la Tradición después del Concilio Vaticano II para “acomodarse” al mundo moderno. Me refiero a que el cardenal Robert McElroy, arzobispo de Washington, ha destituido a monseñor Stephen Rossetti como exorcista oficial de la archidiócesis tras unas controvertidas declaraciones sobre los ovnis y su posible relación con la acción demoníaca. La decisión se anunció el 3 de junio de 2026 y pone fin a casi dos décadas de servicio del sacerdote en este ministerio. El exorcista ahora destituido había firmado que, según su opinión particular: «Muchos ovnis son demonios».

Conviene recordar para intentar comprender mejor el suceso que el tal McElroy es un francisquita conspicuo. En efecto, fue creado cardenal por Francisco I durante el consistorio del 27 de agosto de 2022. McElroy es considerado como un fervoroso partidario de las políticas agendistas de Bergoglio y adversario de Trump. Con preferencia a aspectos espirituales se ha manifestado sobre aspectos políticos de justicia social. Fuere como fuere, y por increíble que parezca en todo un cardenal por muy bergogliano que sea, el personaje parece desconocer la propia Tradición de la Iglesia sobre estas  cuestiones. Ni sería de aplicación la famosa carta paulina a los Efesios en la que denunciaba las potestades del aire, ni las consideraciones de San Agustín, sin olvidar, entre otros muchos autores, a tratadistas de magia y demonólogos como los jesuitas Martín del Río o Francisco Torreblanca Villalpando. O la obra del también jesuita contemporáneo Salvador Freixedo.    

Serge Monast fue un canadiense autor en los ahora lejanos años sesenta de obras pioneras como Los Protocolos de Toronto o El Proyecto Blue Beam. Tras cuya publicación Serge murió de repente a los cincuenta y un años, con la firme sospecha de haber sido oportunamente liquidado. Es curioso que algunas de tales teorías, por inverosímiles que pareciesen, hoy estén resultando proféticas, aunque con cierto retraso en el calendario inicial previsto. En El Blue Beam Project, Serge Monast explica que los eventos «ovnilógicos» o incluso «divinos» son producciones o apariciones elaboradas por la plutocracia oscura o por instituciones oficiales como el Gobierno de los Estados Unidos o la NASA y tendrían como objetivo el control social mediante la generación de miedo e histeria colectiva y la incertidumbre extrema, para así establecer ​un nuevo orden mundial. Este proceso se desarrollaría en cuatro fases:

En la primera gracias a terremotos provocados se encontrarían aparentes descubrimientos nuevos, se trastocarían las bases de la arqueología oficial, lo que llevaría a revisar las bases de ciertas religiones, sobre todo la cristiana, haciendo creer que toda doctrina religiosa se ha entendido e interpretado de manera equívoca. En una segunda se recurriría a hologramas proyectados en el cielo con figuras religiosas falsas o suplantadas, que cada una a sus propios fieles invitarían a una sola religión dirigida a consolidar el NOM. En la tercera fase mediante ondas de baja frecuencia se produciría una manipulación telepática de los cerebros para introducir consignas como si fuesen pensamientos propios. Y en una cuarta, cuando hubiere madurado las anteriores se haría convencer a toda la humanidad de que se está ante las puertas de una invasión alienígena. Tras esto, se haría creer en una falsa intervención divina mediante una falsa fuerza alienígena benefactora viniendo a salvar a las personas buenas de un brutal ataque atribuido a las fuerzas del Mal.

Así se librarían de toda oposición importante al NOM. También se produciría una mezcla de fuerzas electrónicas y sobrenaturales  para la materialización de fantasmas, o «poltergeist», para empujar a toda la población al borde de la desesperación, allanando de esta manera el camino para el establecimiento de un Nuevo Orden Mundial con un nuevo gobierno también mundial de carácter centralizado y tiránico. Terribles sucesos como el Caso Epstein han revelado la infestación satánica de buena parte de la plutocracia y casta política occidental. 

Sea como sea, el caso es que estamos asistiendo en las últimas semanas a curiosas revelaciones de expertos en instituciones oficiales supuestamente serias como el Congreso norteamericano sobre la realidad del fenómeno OVNI. Se sospecha que se encuentre relacionado con la enconada batalla interna en EEUU. Una falsa intervención extraterrestre perpetrada con nuevas tecnologías pudiera contribuir a superar en beneficio del Mal la actual crisis. 

En los Protocolos de Toronto, publicados en junio de 1967 y junio de 1985, se explican cuestiones proféticas que resultan hoy de extraordinario interés y actualidad. Vienen a  resumir de modo sintético e integrado, lo que ayuda a entender su íntima coherencia, buena parte de los nefastos acontecimientos promovidos por el NOM. Muchos de los fenómenos abominables que ocurren no son independientes sino que forman parte ensamblada del proceso de devastación social previo y necesario para la implantación de la Agenda. 

La naturaleza real de estos fenómenos es muy polémica. Jung fue uno de los pioneros de la interpretación subjetiva del fenómeno OVNI en su conocido libro Sobre cosas que se ven en el cielo como relativa a cierta dimensión psicológica de la existencia y al inconsciente colectivo de la Humanidad. A Jung se debe una de las primeras aproximaciones al fenómeno OVNI como algo psicológico o tradicional, algo parecido a lo acontecido con los conocidos íncubos y súcubos de las tradiciones visionarias medievales. Jung vincula el fenómeno a la exteriorización de la propia Psique. Para el investigador suizo la psique es solo parcialmente idéntica a nuestro ser empírico consciente; en cuanto al resto, se proyecta y en este estado imagina o representa las cosas que el cuerpo no puede captar… para Jung habría un mundo que llamaba “realidad psíquica” que parece coincidir de algún modo con el llamado mundo astral de helenistas, gnósticos, cabalistas y neoplatónicos, entre otros.

El científico Jacques Vallee los relacionaba en su pionera obra Pasaporte a Magonia con las muestras del folclore de hadas, gnomos y similares… como el propio autor explica se propone “documentar un mito endémico, a saber: el mito del contacto entre la Humanidad y una especie inteligente dotada de facultades en apariencia sobrenaturales”… ”Y es que los investigadores nunca han querido tener en cuenta el hecho de que unas creencias idénticas a las que se sustentan hoy han aparecido con carácter periódico a lo largo de la historia humana bajo unas formas perfectamente adaptadas al país, raza y regímenes sociales de los creyentes… “

Pero es justo resaltar la ingente obra de investigación y divulgación del ya citado Salvador Freixedo quien pensaba que existían estrechas relaciones entre el actual fenómeno OVNI y las apariciones más o menos extrañas de las que dan cuenta las más diversas tradiciones espirituales, mágicas, esotéricas o incluso ocultistas de la Humanidad. Muchos estudiosos nos preguntamos por las bases metafísicas del Mal. ¿El Mal está en la conciencia del hombre o es servido por criaturas maléficas que no tienen porqué ser necesariamente todas humanas? El universo del Mal, ¿acaso tiene existencia propia? ¿Existen criaturas no humanas que lo forman y sirven? ¿Se alimentan con el sufrimiento, el miedo, la angustia que nos provocan?

Para Freixedo la respuesta es sí. Según expone en “La granja humana” o en “Defendámonos de los dioses” los humanos somos criaturas dependientes de otras superiores que nos crían para su beneficio como nosotros hacemos con nuestro ganado. En «Teovnilogia» uno de sus últimos libros, una especie de testamento intelectual que debiera servir de amplia reflexión y debate por la gravedad de las cosas que dice, nos insiste en su inquietante convicción “que en este planeta hay otros seres, normalmente invisibles, más inteligentes que nosotros, que son los que desde las sombras nos dominan sin que nos demos cuenta”.

Y son responsables de gran parte del Mal existente en el Mundo: “toda esta horrible crueldad antihumana que encontramos en todas las civilizaciones se hace completamente inexplicable sin la intromisión de estos malignos seres en las mentes de los humanos, que de una forma u otra ha estado siempre presente. Los encontramos también, aunque de otra forma, en los episodios de íncubos y súcubos de las crónicas de la Edad Media, a las que tan poca credibilidad se les otorgaba hasta hace pocos años… En aquellos tiempos se les llamaba demonios, hoy se les llama extraterrestres… unos seres reales, ni mitológicos, ni virtuales, ni imaginarios, ni pertenecientes a la teoría de la falsa memoria, ni debidos a personalidad múltiple, ni fruto de recuerdos o de sueños lúcidos o del trauma del nacimiento. Es indudable que se dan casos, y no pocos, que se pueden explicar con algunas de estas causas. Pero los autores de los hechos a los que nos referimos tienen una personalidad propia y se diferencian de nosotros sobre todo en que son ultradimensionales”.

Freixedo afirma creer en «un cosmos infinito pero no en los dogmas de una religión positiva«, “algunos de los entes manifestados son de otras dimensiones que no pertenecen a la jaula espacio temporal en la que nosotros estamos”. Pero existe una “relación con el sufrimiento humano, con las influencias maléficas”. “Contra ello hay que usar la razón. Yo me rebelo contra la necesidad del sufrimiento o del dolor. Creo en un cosmos infinito no en los dogmas de una religión positiva”.

Pero cabría una puntualización quizás no del todo superflua: en el concepto griego clásico el daimon no es un ente necesariamente maléfico. Así el famoso de Sócrates. De modo que tampoco todos los OVNI tendrían que serlo. 

En todo caso, la destitución del exorcista norteamericano cabe entenderla como un acto arbitrario de represalia de la Iglesia herética bergogliana mantenida por Preboste.

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