Por Alfonso de la Vega
El doce de junio se celebra el día de Rusia. La fecha conmemora la Declaración de la Soberanía Nacional de la Federación de Rusia, aprobada el doce de junio de 1990 por el primer Congreso de los Diputados Populares de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia (RSFSR), tras el comienzo del proceso de desintegración de la lamentable URSS comunista. La Rusia actual es un gran país en parte europeo, en parte asiático, cuyas peripecias históricas no dejan de guardar algunas semejanzas con las propias de España. Países los dos con escasa densidad de población y muy concentrada, objeto de amenazas de invasiones, ambos han guardado una cierta sensibilidad o forma de ser propia, ajena a las criminales mañas imperialistas anglosajonas, lo que les ha hecho sus víctimas por su codicia o envidia.
Ambas han padecido las insidias continuadas de respectivas leyendas negras de ese mismo origen. Actualizadas durante el pasado siglo una por la guerra fría, otra por no deber nada a los aliados victoriosos de la segunda guerra mundial, han sufrido un cierto ostracismo no exento de calumnias y desprecio durante varias décadas. El posterior contacto con el globalismo imperialista devastando la moral, la cultura y la economía básica española tras la muerte del general Franco o la implosión de la URSS han traído variadas calamidades a ambas naciones, que si bien se van recuperando en el caso de Rusia gracias a intentar mantener su soberanía, no así por desgracia en el nuestro, sometidos al devastador globalismo imperialista sionista anglosajón.
No es de extrañar el interés tradicional de España por las novedades de Rusia y una de las primeras certeras aproximaciones españolas a la cultura y la literatura rusas se debe a doña Emilia Pardo Bazán, quien ofreció en el Ateneo madrileño una serie de conferencias de divulgación a lo largo del otoño de 1887, seis años después de la muerte de Dostoievski. En ellas la eximía narradora, crítica y ensayista gallega explicaba al auditorio de la docta casa muchas de las claves necesarias para comprender a los autores rusos, tanto desde el punto de vista literario cuanto de su contexto histórico, social, político e incluso paisajístico. Doña Emilia comparaba a España con Rusia: “dos pueblos antiguos y a la vez jóvenes que aún ignoran adónde les empujará el porvenir, y no aciertan a poner de acuerdo la tradición con las aspiraciones”.
No deja de ser curioso que ahora estén pasando en España y en la UE fenómenos ya denunciados por Dostoievski en su profética novela Los Endemoniados.

En efecto, como denunciaba el escritor ruso es muy útil para el proceso revolucionario tener un rey títere y unas instituciones ineptas, y en el fondo cómplices, que narcoticen a su nación impidiéndola reaccionar ante la agresión antes de que ya sea demasiado tarde. O bien, la dualidad social y el complejo de inferioridad hacia la inteligencia y hacia la cultura extranjera. En el caso de Rusia zarista con el francés, aquí en España con el inglés. La influencia destructiva sobre la mujer, la creciente frivolidad en la costumbres. El halago de la vanidad o la utilización de la ambición ajena. El nihilismo o la pérdida de referencias morales y tradicionales. El considerar el bien o el mal como prejuicios a eliminar en el nuevo orden mundial a imponer. La ostentación de mala educación o la burla de convenciones sociales y de la urbanidad o “buena” educación. El apocamiento e inacción de la derecha. Cosas que suceden ahora en España pero que, al aparecer según dicen, se estarían intentando corregir en la actual Rusia.
Vinieron la revolución comunista, ya profetizada por Dostoievski y el cobarde asesinato del zar y su familia inducidos por el sionismo en el PCUS, la gran guerra patria, la posterior guerra fría tras los acuerdos de Yalta, la dictadura sanguinaria de Stalin, y después el desmoronamiento de la URSS con el posterior saqueo de riquezas por parte del gran capital globalista asociado a la mafia rusa y con la complicidad de dirigentes políticos renegados pro norteamericanos.
Hostigada violentamente por un Occidente que, hoy como entonces, pretende saquearla, la Rusia actual huye del neoliberalismo globalitario como gato escaldado del agua fría. Busca su dasein dugiana con su Cuarta Teoría Política. En todo caso, no debiera ser estorbada en su devenir histórico en la comunidad de naciones mientras mantenga posturas de no agresión a terceros. Hay que reconocer que la vulneración de los tratados que han dado origen al actual terrible conflicto bélico en sus fronteras no ha sido responsabilidad mayormente rusa sino del hipócrita Occidente que firmaba acuerdos en barbecho con el propósito de ganar tiempo y no cumplirlos. Pero la codicia, la leyenda negra interesada, el negocio de la criminal mafia sionista norteamericana mueven a sus enemigos que también coinciden con los históricos de España.
Por desgracia, la degenerada y despótica UE actual parece querer optar por otro baño de sangre o el genocidio como aspiración de futuro en vez de buscar al menos una coexistencia pacífica dirigida al bienestar y prosperidad de ambos pueblos, en el que el intercambio cultural y el comercio integrase al gran país en un contexto europeo ampliado, para paliar nuestra servidumbre norteamericana y no empujarla a tener que aliarse con China.
El caso específico español aún es más sangrante de acuerdo a nuestra trayectoria histórica reciente de neutralidad desgraciadamente destruida por la Monarquía contra incluso lo enunciado en el propio Preámbulo constitucional: “Colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra.” Sin embargo, el humillante ingreso en la OTAN con nocturnidad y alevosía, tras un raro o mal explicado golpe de Estado y con un referendo considerado fraudulento, rompía una larga y fructífera etapa de neutralidad. Claro que entonces aún no habíamos perdido nuestra soberanía.
El escándalo actual de no atender nuestros auténticos legítimos intereses en beneficio de nuestros enemigos históricos aumenta cuando se observa que el belicismo de nuestra corrompida e hipócrita élite se agota con el peligroso hostigamiento a una Rusia que no es nuestra enemiga, en lugar de atender la defensa de nuestras fronteras amenazadas. Que es lo que por legítimo patriotismo verdaderamente nos debiera importar como nación libre y soberana: lo que se esfuerza en lograr Rusia.

