Por Alfonso de la Vega
Tras una jornada de merecido asueto y disfrute de la pax borbónica para asistir las carreras acompañado de sus hijas, tocaba inaugurar otro acontecimiento. Fue ayer. La ocasión la inauguración este martes del curso académico 2026-2027 en la Escuela Nacional de Protección Civil (ENPC), un cometido para el que no faltan calamidades y desgracias en aumento por los desvelos gubernamentales.
Al llegar saludó muy sonriente y complaciente a su tenebroso ministro del Interior, el de las sensaciones subjetivas de inseguridad, el de la lista de desafectos entre sus últimas más notables hazañas y mentiroso compulsivo colaborador en las desgracias de la ciudad española invadida de Ceuta. Un «demócrata» repudiado por Congreso y Senado que se niega dimitir.
En cierto modo el acto servía de solemne clausura a la excelente temporada de incendios, hay que reconocer que la Monarquía se supera en estos cada vez más difíciles logros aumentando su importancia cada año, sin bien alguno importante aún queda vivo en Lugo. Olvida o se desentiende de las justas críticas de las víctimas a las que no se dejo combatir el fuego agravando sus pérdidas y desgracias, todo un escándalo a añadir a tanta feliz gobernación borbónica como la también demostrada en Valencia o Adamúz.
Su Majestad se volvió a lucir con otro de sus estupefacientes sermones, tan indicados para combatir el insomnio. Con voz monocorde de robot al que se le agota la batería pero con ademán de haber descubierto la pólvora, calificó la invasión de Ceuta como algo de “Extraordinaria complejidad”. Sin embargo, el historiador Pío Moa explica con sencillez lo que ha ocurrido “es muy fácil, no tiene ningún secreto, es una operación concertada entre el gobierno de Marruecos y el gobierno de España, es indudable”. A muchos de sus indignados súbditos, sobre todo a las víctimas ceutíes, la cosa también nos parece clarísima pero se conoce que la privilegiada minerva coronada no da para más. Un querido amigo, doctor y cirujano eminente, diagnosticaría el asunto como un caso claro de síndrome de NUC. Iniciales de Neurona Única Calcificada.
Malo cuando debe hablar y permanece callado pero cuando abre al boca para improvisar alguna “morcilla” fuera de libreto y sin apuntador, aún es peor. Sea como sea se comprueba una vez más que sus asesores le quieren muy mal pues le animan e incluso jalean para que siga haciendo el ridículo sin disimulo ni propósito de enmienda. Pero el tiempo, como la paciencia, se agota.
La verdad es que la imagen del rey está tan deteriorada por las humillaciones que consiente, la incompetencia moral, política e intelectual que demuestra o la debilidad de la que hace gala que ya no se sabe si mueve más a risa que a conmiseración.

