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Los Letizios se van al Ártico a “defender la frontera de Europa” mientras Ceuta sigue esperando y las fronteras españolas se desangran

Felipe VI y Letizia se preparan para viajar a Finlandia del 5 al 7 de octubre en una visita de Estado que el Gobierno presenta como un acto de firme compromiso con “la autonomía estratégica y la seguridad y defensa de Europa en todas sus fronteras con un enfoque 360, incluidos el Ártico y el Báltico”. Suena grandilocuente. Suena a patriotismo europeo de alta costura. Y suena, sobre todo, a un chiste de mal gusto cuando se mira el mapa real de España.

Mientras Felipe se prepara para pisar una base aérea de la OTAN en Rovaniemi, cerca del Círculo Polar, y clausurar seminarios sobre “seguridad desde el Ártico hasta el Mediterráneo”, Ceuta y Melilla siguen sin fecha de visita real. Tras la avalancha de decenas de miles de personas que entraron desde Marruecos a finales de julio —una invasión en toda regla—, el Gobierno y la Casa Real se limitan a promesas vagas de que “será relativamente pronto” o “cuando se den las condiciones”. Condiciones que, al parecer, no incluyen la dignidad de una ciudad española asediada, pero sí el frío polar y la foto con el presidente finlandés Alexander Stubb.

El contraste es obsceno. España envía a sus Reyes a “defender” la frontera ártica de Finlandia —país que comparte más de 1.300 kilómetros con Rusia y que ha construido vallas, desplegado F-35 y reforzado su flanco norte — mientras en el sur la frontera española se trata como un detalle molesto de la agenda diplomática con Rabat. No hay fecha para Ceuta. No hay fecha para Melilla. Y en Canarias, la llegada continua de inmigrantes ilegales sigue siendo un goteo (a veces un diluvio) que el Ejecutivo gestiona con la misma contundencia con la que se defiende el Polo Norte: ninguna.

El comunicado habla de “todas sus fronteras”. ¿Todas? ¿O solo las que no molestan a Mohamed VI? Los Reyes, que no han pisado Ceuta ni Melilla en todo el reinado de Felipe, se permiten el lujo de viajar al extremo opuesto de Europa a predicar sobre seguridad continental. La última visita real a esas ciudades autónomas fue la de Juan Carlos I y Sofía en 2007, y ya entonces Marruecos la calificó de “provocación”. Casi dos décadas después, el miedo a enfadar al vecino del sur parece más fuerte que el deber de defender el propio territorio.

Finlandia es un aliado de la OTAN y de la UE, y España ha anunciado su participación en misiones de fuerzas terrestres avanzadas allí, pero aquí nada de nada. La hipocresía de vender “defensa de todas las fronteras europeas” cuando la frontera sur española —la más directa, la más vulnerable, la que sufre presiones de inmigración sistemáticas— se deja en el limbo para no incomodar a quien ha demostrado, una y otra vez, que usa la inmigración ilegal y la invasión como armas de guerra.

Muchos piensan que el rey no es responsable de la política migratoria del Gobierno. Pero sí es el símbolo máximo del Estado. Cuando eligen (o aceptan) priorizar el Ártico sobre Ceuta, cuando viajan a Rovaniemi a hablar de seguridad europea mientras miles de españoles en la ciudad autónoma siguen esperando un gesto de respaldo real, el mensaje que se transmite es demoledor: hay fronteras que merecen reyes y bases de la OTAN, y hay fronteras que solo merecen olvido y cálculos diplomáticos.

Para lo que ha quedado la Corona: como instrumento de una política exterior que prefiere el postureo en el Círculo Polar a la defensa tangible del propio suelo español. Mientras Felipe VI y Letizia se preparan para el frío finlandés, las cenas de Estado y las fotos para la revista Hola, Ceuta sigue esperando desangrándose. Y Europa, al parecer, solo se defiende cuando la frontera no está en África.

(Por Lourdes Martino)

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