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El premio de Sánchez a Yolanda Díaz por su silencio cómplice ante la corrupción

Pedro Sánchez ha vuelto a hacerlo. Este jueves anunciaba en X la candidatura de Yolanda Díaz para dirigir la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Ginebra, en la que cobraría más de 150.000 euros al año.  Según las palabras del PresiMiente: “Es un honor anunciar la candidatura de Yolanda Díaz para dirigir la OIT. Por primera vez, una mujer y nuestro país estarían al frente de esta institución fundamental para la defensa del trabajo digno y la justicia social”. Y añadía que su “experiencia, trayectoria y vocación de consenso” la convierten en “una excelente candidata”.

En realidad, esto huele que apesta a agencia de recolocación del PSOE para una aliada cuyo proyecto político, Sumar, se dirige a la completa extinción. Y se entiende mucho mejor su prolongado silencio ante la oleada de casos de corrupción que salpican al Gobierno y al partido socialista.

Yolanda Díaz, la comunista que aterrizó en el Ministerio de Trabajo con un look más bien zarrapastroso y ha terminado convertida en “Lady Paro” con estilismo Chanel, representa como pocos el ascenso meteórico por escalada interna. En Galicia fue trepando en Izquierda Unida y coaliciones varias, pisando compañeros y aliándose según convenía (AGE, En Marea, Podemos y finalmente Sumar). Su capacidad para articular un discurso seguido e inteligible sigue siendo objeto de mofa constante: lapsus, frases inconclusas, incoherencias y un lenguaje inclusivo en femenino que roza la parodia (“jóvenes climáticas”, “cohete con el que iban a huir de la tierra los ricos ”). Pero, para ser honestos, hemos de reconocer que hay una frase que sí que es capaz de pronunciarla sin equivocarse, una frase que repiten todos los socialcomunistas como loros: «mejorar la vida de la gente». Sí, mejorar la suya.

Su historial ideológico es coherente con su militancia en el Partido Comunista: alabó públicamente a Hugo Chávez como “el más digno libertador” en un vídeo que sigue circulando. Venezuela, claro, ejemplo de “justicia social” y “trabajo digno”. Mientras tanto, en España presume de récords de empleo que ocultan la precariedad estructural, el elevado paro juvenil y la fuga de talento. Como ministra ha presumido de diálogo social mientras acumulaba reformas laborales sin el tripartito exigido por la propia OIT, lo que ha colocado a España en listas de incumplimiento de convenios. Pero eso no importa cuando se trata de autopromoción internacional: viajes de lujo, foto con estilismo de alfombra roja en los Óscar y, cómo no, usar a su hija Carmela en sus discursos y para eventos de “cultura de máximo nivel” como el estreno de Barbie o conciertos de Taylor Swift, en zona ViP y pagados con dinero público.

Su hipocresía alcanza cotas notables. La misma que ahora aspira a liderar la defensa global de los derechos laborales ha encubierto o minimizado escándalos graves en su entorno político, incluyendo casos de abusos y violaciones por parte de compañeros. Y, por si fuera poco, acaba de recibir una querella de Julio Iglesias por difamación tras acusarle de “abusos sexuales” y “esclavitud” basándose en una noticia del panfleto de Ignacio Escolar (que también está denunciado), sin respetar la presunción de inocencia. Menudo ejemplo para una institución que promueve justicia social.

Sumar se desinfla, sus apoyos se evaporan y Díaz se retira de la primera línea orgánica. Sánchez, que necesita mantener el Gobierno estable hasta el final, le busca un buen aterrizaje dorado en Ginebra. Así se paga el silencio ante la corrupción monumental: casos Koldo, Cerdán, Zapatero, Begoña, cloacas varias y un PSOE que parece una cloaca en toda regla. “No es responsabilidad de Sánchez”, dice ella. Claro, nunca lo es.

Esta candidatura es el colofón perfecto a una trayectoria de oportunismo. De defensora acérrima de la “clase trabajadora” a colocada en un organismo internacional con sueldo estratosférico y agenda global. Mientras en España el desempleo real sigue siendo un drama y la corrupción desgasta las instituciones, Yolanda Díaz se prepara para dar lecciones desde Suiza. España se merece algo mejor que esta operación de salvamento mutuo entre Sánchez y Díaz. La OIT, supuestamente, también. Pero en la izquierda caviar, el “consenso” y el “diálogo social” siempre acaban con un buen puesto para los suyos. Hipocresía elevada a categoría de arte de Estado.

(Por Lourdes Martino)

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