El 21 de septiembre de 2026, la cuenta tradicionalista Sign of the Cross (@CatholicSOTC) ha publicado un mensaje que resume una tesis cada vez más repetida en ciertos círculos católicos: que el papa León XIV —el estadounidense Robert Francis Prevost— no es una ruptura con Jorge Mario Bergoglio, sino su continuación por otros medios. El detonante no fue una encíclica, sino un nombramiento concreto: el nuevo obispo auxiliar de Washington, Robert P. Boxie III, donó dinero a una demócrata radicalmente abortista y atribuyó a «racismo» la escasez de obispos negros en Estados Unidos.
El tuit enlazaba un análisis de Sign of the Cross Media y sintetizaba dos hechos: las donaciones políticas de Boxie y sus declaraciones sobre raza. En las respuestas, usuarios hablaron de «obispos DEI» y recordaron que Prevost fue prefecto del Dicasterio para los Obispos con Francisco: «sabe perfectamente lo que está haciendo».
Pope Leo’s new DC bishop donated to a radical pro-abortion Democrat who wants to restore Roe v. Wade nationwide.
Bishop Boxie recently went viral for claiming «racism» is why there are few Black bishops in America.https://t.co/T323MGqJMS pic.twitter.com/RdnoUA9qiq
— Sign of the Cross (@CatholicSOTC) September 21, 2026
Quién es León XIV y por qué se le compara con Francisco
Robert Francis Prevost nació el 14 de septiembre de 1955 en Chicago, en una familia de origen francés, italiano y español. Es agustino, matemático de formación (Villanova), misionero durante décadas en Perú —donde se nacionalizó— y, desde 2023, el hombre a quien Francisco confió la máquina más sensible de la Curia: el Dicasterio para los Obispos, el organismo que propone a casi todos los obispos del mundo.
El 8 de mayo de 2025, el cónclave lo eligió papa en la cuarta votación. Tomó el nombre de León XIV: el primero nacido en Estados Unidos, el primero agustino y el segundo pontífice americano después de Francisco.
La relación con Bergoglio no empezó en el Vaticano. En 2004 y 2006, Prevost, ya prior general de los agustinos, coincidió en Buenos Aires con el entonces cardenal Bergoglio. No siempre coincidieron. El propio Prevost lo contó en 2023, con ironía, ante los obispos peruanos: cuando Bergoglio fue elegido papa, les dijo a sus hermanos de orden: «Gracias a Dios, nunca voy a ser obispo… no todos mis encuentros con el cardenal Bergoglio terminaron en acuerdo».
Meses después, Francisco aceptó celebrar la misa de apertura del capítulo general agustiniano. Y en 2014 lo envió a Chiclayo como administrador apostólico y luego obispo. En 2023 lo llamó a Roma. En 2025 lo elevó al orden de los cardenales-obispos. La trayectoria es, en gran medida, una creación de Francisco.
Esa biografía alimenta dos lecturas opuestas. Una, extendida en medios progresistas al día siguiente del cónclave, lo presentaba como continuista, con mirada latinoamericana y talante de «puente». Otra, en El Confidencial, denunciaba «el absurdo empeño de que Prevost sea otro Bergoglio»: no habría sido elegido para ser sucesor ideológico ni contradicción sistemática, sino para una etapa propia.
Un año después, un perfil en Perfil resumía el desconcierto: las «viudas» de Francisco querían un heredero; los conservadores temían un Francisco II más astuto. Obtuvieron a alguien que «rediseña el Vaticano a su manera. Ni heredero ni reaccionario».
El nombramiento de Boxie ha vuelto a decantar la balanza, al menos entre críticos tradicionalistas, hacia la tesis de la continuidad.
El nombramiento: el obispo más joven de Estados Unidos
El 1 de mayo de 2026, León XIV nombró a Gary R. Studniewski y a Robert P. Boxie III obispos auxiliares de Washington, y aceptó la dimisión del auxiliar Roy Campbell. Boxie, capellán de la Universidad Howard, fue consagrado el 7 de julio de 2026 en el Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción por el cardenal Robert McElroy, con Wilton Gregory y Mark Brennan como co-consagrantes. A los 45 años se convirtió en el obispo católico más joven de Estados Unidos.
Boxie nació el 12 (o 18, según fuentes) de septiembre de 1980 en Lake Charles, Luisiana, en una familia criolla. Estudió ingeniería química y música en Vanderbilt, Derecho en Harvard (2007), trabajó en el bufete Vinson & Elkins y, tras un discernimiento, se ordenó sacerdote en 2016 para la archidiócesis de Washington. No había sido párroco titular. Su ministerio más visible fue la capellanía en Howard, una universidad históricamente negra.
El propio Boxie ha subrayado un lazo simbólico con León XIV: ambos tienen raíces en la comunidad criolla de Luisiana y el papa ha hablado de antepasados esclavizados y esclavistas en su línea materna. «Siento una especie de parentesco con el papa», dijo.
Washington no es una sede menor. El arzobispo es McElroy, figura asociada a la comunión de políticos abortistas y a restar a la defensa de la vida el carácter de «cuestión preeminente». Colocar allí a un auxiliar joven, afroamericano, formado en Howard y con discurso racial explícito envía, para los críticos, una señal de línea pastoral.
Las donaciones: ActBlue y Amanda Edwards
El núcleo del reportaje que viralizó @CatholicSOTC son las aportaciones registradas ante la Comisión Federal de Elecciones (FEC):
- 100 dólares a ActBlue en 2019
- 50 dólares a ActBlue en 2020
- 250 dólares a la campaña de Amanda Edwards el 24 de septiembre de 2025
En los registros, Boxie figuraba como sacerdote católico de la archidiócesis de Washington.
ActBlue es la principal plataforma de recaudación del Partido Demócrata. Edwards, abogada de Houston y compañera de promoción de Harvard Law en 2007, coincidió además con Boxie en Vinson & Elkins (él 2008-2010; ella 2008-2012). Según Sign of the Cross Media, son amigos en Facebook.
El programa de Edwards incluye:
- codificar a nivel federal las protecciones de Roe v. Wade;
- ampliar HIPAA para cubrir decisiones de «salud reproductiva»;
- oponerse a las leyes antiaborto tipo «cazarrecompensas»;
- protecciones federales para personas LGBTQIA+;
- denuncia de la sentencia Dobbs y llamadas a movilizarse hacia Planned Parenthood;
- respaldo de Emily’s List, dedicada a elegir a mujeres abortistas.
En un debate de enero de 2026, Edwards dijo que había estado «en primera línea» contra la «discriminación trans» aunque le advirtieran que eso hundiría su campaña: «Si este tema hunde mi campaña, que así sea».
Para los analistas tradicionalistas, el contraste es moralmente grave: un obispo que exhorta a no callar «los elefantes en la habitación» cuando la política contradice la doctrina social… financió a una candidata cuyo programa choca de frente con la enseñanza católica sobre el aborto y la antropología sexual.
«La respuesta corta es el racismo»
Boxie ha dado varias entrevistas desde su consagración. En Vatican Access (Catholic News Service) y en EWTN News in Depth afirmó que, al ser nombrado, se convirtió en «el segundo obispo afroamericano de todo Estados Unidos» y que la escasez de obispos negros se explica, en síntesis, por el racismo.
LifeSite y Sign of the Cross rectifican la cifra: Boxie sería el 29.º obispo afroamericano nombrado en EE.UU. desde James Augustine Healy (1875). Habría unos 14 vivos y cinco activos, entre ellos Shelton Fabre (Louisville), Jacques Fabre (Charleston) y otros. Lo que sí es cierto es que hacía casi una década que no se ordenaba un obispo afroamericano nacido en Estados Unidos, y que Boxie es uno de los muy pocos auxiliares negros en activo.
Sobre las acusaciones de ser un «obispo DEI», Boxie respondió que le parece un «silbato para perros» y que, reflexionándolo, «está bien» que lo hayan elegido también por ser negro: la Iglesia necesita voces afroamericanas en la jerarquía. Defendió la diversidad, la equidad y la inclusión como «bíblicas y parte de nuestra tradición católica». En una fórmula que sus críticos consideran teológicamente laxa, llegó a decir que Dios ha creado «cada raza, cada cultura, cada lengua, cada etnia, cada credo».
Antes del nombramiento ya había criticado las políticas anti-DEI de la Administración Trump: «La diversidad es una cosa buena. La diversidad es de Dios». The Washington Post encuadró el ascenso de Boxie —junto al de Evelio Menjívar-Ayala en Virginia Occidental— como una muestra de la distancia entre la agenda vaticana y la de la Casa Blanca en inmigración y equidad racial.
¿Es Prevost «el nuevo Bergoglio»?
Los hechos que la sostienen, según quienes la usan, son estos:
- Prevost fue el selector de obispos de Francisco. Quien durante años cribó candidaturas no puede presentarse como ajeno al perfil de los nombrados.
- Washington + McElroy + Boxie reproduce el patrón francisquista: periferias, raza, sinodalidad, sensibilidad social, distancia respecto al catolicismo estadounidense más combativo en materia de vida y familia.
- El estilo es otro; la dirección, no tanto. Francisco era jesuita, gestual, conflictivo. León es agustino, más reservado, más administrativo. Varios analistas lo llaman «anti-Bergoglio en lo externo y Bergoglio 2.0 en la doctrina y en el gobierno».
- La doctrina social se prioriza (encíclica Magnifica Humanitas, disculpa por la esclavitud, migrantes) sobre las «guerras culturales» que definieron a gran parte del episcopado estadounidense.
Los matices también existen y conviene no borrarlos. León XIV no ha repetido los gestos más disruptivos de Francisco (el tono contra «indietristas», Fiducia supplicans como bandera). Eligió un nombre que evoca a León Magno (doctrina, autoridad) y a León XIII (Rerum novarum, cuestión social). Medios como El Confidencial insistieron desde el primer día en que no fue elegido «para ser el sucesor de Bergoglio ni su contradicente». En Argentina se pidió explícitamente no tratar la visita papal como la de «el sucesor de Francisco», sino la del sucesor de Pedro.
Tampoco está documentado que Francisco «ordenara» el voto del cónclave; circulan relatos de parte, no actas. Lo que sí está documentado es el empuje final de Francisco a la carrera de Prevost en 2023-2025.
Lo que el caso Boxie pone sobre la mesa
El post de @CatholicSOTC no prueba que León XIV sea Francisco con pasaporte estadounidense. Prueba algo más concreto y, para muchos fieles, más inquietante: que el criterio con el que el Vaticano sigue eligiendo obispos para sedes estratégicas de Estados Unidos privilegia perfiles pastorales alineados con el discurso racial, la diversidad institucional y una relación laxa con la disciplina política en materia de aborto.
Boxie es, a la vez, un sacerdote con un currículum brillante (Vanderbilt, Harvard, Gregoriana), el obispo más joven del país y un prelado cuyas donaciones y entrevistas chocan con lo que el Catecismo y los documentos pontificios dicen sobre la vida humana y sobre no cooperar con el mal. Que esas donaciones sean legales no las hace eclesialmente irrelevantes. Que el racismo histórico en seminarios estadounidenses sea un hecho tampoco convierte en dogma la explicación de que «la respuesta corta» a la composición del episcopado sea solo esa.
La pregunta que deja el tuit —y que el artículo original formula con dureza— no es si Prevost copia los gestos de Bergoglio. Es si, al nombrar a quien nombra, está consolidando la misma Iglesia que Francisco diseñó desde el Dicasterio para los Obispos: una Iglesia de «olor a oveja», de periferias y de causas sociales, en la que la doctrina moral no negociable sobre el aborto queda, en la práctica, en segundo plano cuando el candidato encaja en otra agenda.
Esa es la sustancia de «Prevost es el nuevo Bergoglio». No es un eslogan inocente. Es una hipótesis de gobierno eclesial que el caso Boxie, con cifras de la FEC y frases grabadas, ha vuelto a poner en circulación.

