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La periodista francesa que desafió a los Macron murió el mismo día en el que su abogado proclamó la victoria definitiva

El 13 de septiembre de 2026 coincidieron dos noticias que, vistas juntas, resultan inquietantes. Ese domingo, a las 14:20 hora de París, el abogado François Danglehant anunció en X que su clienta Natacha Rey había “ganado definitivamente” el proceso por difamación que le habían interpuesto Brigitte Macron y su hermano, Jean-Michel Trogneux. El mismo día, Rey murió en Saintes (Charente-Maritime). Tenía 56 años. La causa oficial: cáncer.

La hora exacta de la muerte no se ha publicado. No se sabe si llegó a enterarse de ese “definitivamente”.

Cinco días después, el 18 de septiembre, Xavier Poussard —el periodista que había difundido parte de su investigación— anunció el deceso y el funeral en la iglesia y el cementerio de Saint-Pallais. El diario 20 Minutes lo confirmó con miembros del obispado.

Esa secuencia —victoria judicial presentada como irreversible y muerte el mismo día, tras años de litigio contra la familia del presidente de Francia— es el núcleo de lo que ahora circula como sospecha. No hace falta inventar un crimen para ver que las circunstancias son extrañas.

Quién era y qué dijo

Natacha Rey no era una periodista de redacción convencional. Se presentaba como investigadora independiente y autodidacta. En diciembre de 2021, en un programa de internet con Amandine Roy, expuso la tesis que la hizo mundialmente conocida: que Brigitte Macron no habría nacido mujer, que la Brigitte Trogneux original habría muerto en la infancia y que su hermano mayor, Jean-Michel, habría adoptado esa identidad.

La afirmación nunca fue demostrada ante un tribunal. Tampoco la justicia francesa, al absolverla en apelación, declaró que fuera cierta. Lo que sí ocurrió es que la familia presidencial respondió con una ofensiva judicial sostenida durante casi cinco años.

La guerra legal contra una mujer ya enferma

En septiembre de 2024, un tribunal de París condenó a Rey y a Roy por difamación: 500 euros de multa con suspensión y miles de euros en daños a Brigitte Macron y a Jean-Michel Trogneux.

El 10 de julio de 2025, la Corte de Apelación de París las absolvió. El argumento no fue “esto es verdad”, sino que gran parte de lo dicho no encajaba en el tipo penal de la difamación. Los Macron y el ministerio público recurrieron ante la Cour de cassation. El caso seguía vivo cuando ella murió.

El post de Alina Lipp afirma que Rey murió “dos meses después de ganar el proceso”. Esa fecha no cuadra. La absolución en apelación fue en julio de 2025 —catorce meses antes— y el anuncio de “victoria definitiva” de su abogado fue el propio 13 de septiembre de 2026, el día de la muerte. La coincidencia real es más dura que el resumen viral.

Hay otro dato que el relato rápido suele omitir. En abril de 2024, Rey ya había dicho en público que tenía un cáncer en estadio 3, con metástasis óseas, y que los médicos le daban como máximo dos años. No pudo ir a varias vistas. El proceso, aun así, no se detuvo. En esa misma época, la parte de Brigitte Macron pidió adelantar la audiencia.

Ella misma lo formuló entonces con una frase que hoy suena a epitafio: que moriría “después de haber sido perseguida durante años por la Macronie y ensuciada por el conjunto de la prensa francesa”. Los médicos le habían dado dos años. Murió dos años y cinco meses después de esa declaración.

Por qué tantos ven algo más que una coincidencia

Nadie ha presentado prueba de homicidio. El cáncer estaba diagnosticado y era público. Eso hay que decirlo con claridad. Pero la sospecha no nace de un certificado médico. Nace del contexto:

  1. El adversario no era un particular. Era la familia del jefe del Estado francés, con recursos, abogados y capacidad de marcar la agenda mediática.
  2. El acoso judicial no cesó cuando ella ya estaba gravemente enferma. Se adelantaron fechas. Se mantuvo el recurso de casación. Se abrió, en paralelo, otra vía por ciberacoso contra un grupo de personas ligadas a la misma tesis. Rey no figuró entre las diez condenadas en enero de 2026, pero el clima de presión no desapareció.
  3. El 13 de septiembre su abogado habla de cierre “definitivo” del proceso penal por difamación. Ese mismo día ella muere. En derecho francés, la muerte del acusado extingue la acción pública penal. Quedan, como mucho, pretensiones civiles contra la herencia. Juristas ya han señalado que, para ella, el expediente penal queda congelado en el estado de la absolución de 2025.
  4. El anuncio de la muerte tardó cinco días. No hay aviso de defunción fácilmente localizable en los registros públicos habituales. La confirmación llegó por un aliado mediático y, después, por el obispado a un periódico. Eso no prueba un complot. Sí prueba opacidad.
  5. Candace Owens, que internacionalizó el caso con su serie Becoming Brigitte, resumió la lectura que circula fuera de Francia: el presidente y su esposa “acosaron a esta mujer a través del sistema judicial durante los últimos años de su vida”.

La prensa francesa mayoritaria ha optado por otro encuadre: “figura del complotismo”, “origen de una fake news”, “la conspiranoia de luto”. El deceso se presenta como el final previsible de una enferma, no como el final de un conflicto con el Elíseo. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez. El tono de epitafio ideológico, sin embargo, evita la pregunta incómoda: ¿por qué una mujer con pronóstico de dos años siguió siendo prioridad judicial de la primera dama hasta el último domingo de su vida?

Lo que no se sabe —y lo que sí

No se ha publicado el informe médico detallado. No hay hora oficial de la muerte. No hay explicación pública de por qué Danglehant eligió justo ese 13 de septiembre para hablar de victoria “definitiva” mientras el recurso de casación, según otras fuentes jurídicas, aún no había sido zanjado por la Cour de cassation. El propio abogado usa un lenguaje que, en boca de un letrado, suele significar que ya no queda recurso. Si eso es exacto o es una lectura interesada del estado procesal es otra zona gris.

Lo que sí está acreditado es esto: una ciudadana que puso en duda la identidad de la esposa del presidente fue demandada, condenada, absuelta, vuelta a recurrir y, al final, desapareció el mismo día en que su defensa proclamó que el Estado ya no podía castigarla por esas palabras.

El cáncer explica la biología. No explica la coincidencia de calendario. Tampoco explica que el poder presidencial dedicara años a perseguir ante los tribunales a una mujer a la que los médicos ya habían condenado.

Eso, y no un thriller de envenenamiento, es lo sospechoso. Una muerte anunciada por la enfermedad y, al mismo tiempo, una muerte que llega justo cuando el expediente que la enfrentaba a los Macron se presenta como cerrado. Quien quiera ver solo un desenlace clínico puede hacerlo. Quien mire la cronología entera tiene derecho a no creérselo del todo.

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