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Fernando García Mediano, 34 años después: «Lo que me mueve hoy es encontrar quién mató a mi hija»

Fernando García, padre de Miriam García Iborra, una de las tres adolescentes asesinadas en el caso Alcásser, ha vuelto a contar su versión de los hechos a través de un canal de YouTube que estrenó tras décadas alejado de los focos, con el objetivo de desmentir lo que considera falsedades sobre su familia. En el vídeo relata los primeros días de la búsqueda, su relación con la Guardia Civil y con los medios, y las sospechas que —dice— alimentaron desde entonces su convicción de que hubo intereses por tapar la investigación.

«No hay noticias»: el golpe de un periodista

García sitúa el punto de inflexión psicológico hacia el tercer día de la desaparición de Miriam, Toñi y Desirée, una tarde de noviembre en Valencia. Un periodista le advirtió de lo que consideraba un problema muy grave: no había noticias. Según su relato, ese aviso se le clavó en el corazón, porque intuía algo que le parecía imposible: que tres niñas pudieran desaparecer «por arte de birlibirloque». Su conclusión fue inmediata y marcaría toda su estrategia posterior: si no había novedades, nadie seguiría mirando. Y sin presión mediática, la búsqueda se apagaría.

«La gente no desaparece por arte de magia. La gente desaparece por algo.»

Describe además un patrón que dice haber descubierto entonces: la Guardia Civil asigna una pareja de agentes a la familia, mantiene el dispositivo unos días y después se retira, dejando al familiar «solo». Afirma que así había ocurrido con otras criaturas desaparecidas en Valencia, Castellón y Alicante, casos que nunca se resolvieron. En su narración, ese «ente» que se lleva a las niñas y no deja rastro es lo que otros califican de teoría conspiranoica; él sostiene que ese ente existía.

La media naranja y la línea fina entre cordura y locura

Uno de los pasajes más emotivos del testimonio ocurre de madrugada, entre naranjos, a las tres o las cuatro de una noche fría de noviembre. García cuenta que estaba en un estado de desesperación tal que no sentía ni frío ni calor. Un guardia civil se acercó, partió una naranja por la mitad con una navaja y le ofreció la mitad: «Fernando, juégatela». Lo compara con recibir un sacramento.

El agente le reprochó con cariño que desde la desaparición de su hija no había probado bocado, ni siquiera agua, y le dio un consejo que dice no haber olvidado: la cordura y la locura son una línea muy fina, y sin dormir el cerebro puede «explotar». Le recordó que ellos se relevaban por turnos, pero que él no tenía relevo posible si se derrumbaba. García reconoce que esas palabras le hicieron razonar: abrazó al agente, volvió a casa, se duchó, comió algo y durmió apenas una hora, sobresaltado. Se levantó, pidió café a su esposa —que velaba junto a él— y regresó a la calle para seguir buscando.

Fabricar noticias para mantener viva la búsqueda

Consciente de que solo el eco mediático mantenía el caso abierto, García asumió como tarea personal generar titulares. Cuenta que pensó en el programa de TVE ¿Quién sabe dónde?, y que al día siguiente el espacio llegó hasta él con Paco Lobatón, a quien califica de gran profesional de Televisión Española. Fue su primera «noticia», y necesitaba más.

Se instaló primero en el cuartel de la Guardia Civil de Picassent, donde le cedieron una habitación con teléfono para coordinar las llamadas, y después se trasladó al Ayuntamiento de Alcásser, a petición del alcalde, que le ofreció mejores medios. Recuerda que los agentes que acudían a batir campos, casetas y chalets pertenecían casi todos a la demarcación de Sueca —pueblo situado entre Valencia y Cullera— y que todos compartían la misma determinación que él.

Atendía absolutamente todas las entrevistas, sin distinguir entre TVE y la radio comarcal de una aldea. Pasaba horas en emisoras grandes y pequeñas, dormía lo justo para mantenerse despejado y repetía el ciclo cada día. Los guardias civiles, dice, le liberaban de cualquier gestión: «Tú dinos adónde tienes que ir y olvídate, nosotros nos ocupamos».

La retirada del dispositivo y la llegada de la UCO

Transcurridas unas dos semanas, un guardia le comunicó que les habían ordenado marcharse y desmontar el operativo de búsqueda, animándole a «mover los hilos» que hicieran falta porque él era el padre. García lo consultó con el alcalde, pidió audiencia en el Ministerio del Interior y expuso su queja: un pueblo entero buscaba a las niñas y les retiraban a la Guardia Civil.

Aquí introduce su primera sospecha formal. Sostiene que quien acudió a coordinar y desmantelar el operativo fue un capitán de la comandancia número 311 de Valencia, y subraya que esa misma unidad intervendría después en el levantamiento de los cuerpos cuando estos aparecieron. En su opinión, alguien dio la orden de retirar a los agentes que estaban sobre el terreno.

Desde el ministerio le respondieron que había sido un malentendido y pusieron al frente de la investigación a la UCO, la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, que se instaló en el Ayuntamiento de Alcásser. García describe su método de convivencia con los investigadores: nunca les preguntó cómo avanzaban las pesquisas, porque no quería ser «la rueda del carro» que les estorbara. Estaba cada día en el consistorio atendiendo teléfonos —con ayuda de unas vecinas que hacían de voluntarias— y dejándoles trabajar.

Nieves Herrero: «Soy madre»

El relato incluye un episodio que García recuerda con gratitud. Fue invitado al programa nocturno de Nieves Herrero en Antena 3 (De tú a tú), que se emitió poco después de la desaparición. Al terminar, asegura, la presentadora se acercó con lágrimas en los ojos y le dijo que ella también era madre, ofreciéndole ayuda incondicional y el teléfono de su coordinadora.

Según su versión, jamás volvió a necesitar pedir nada: cuando tenía una noticia relevante, llamaba y le confirmaban la invitación sin preguntarle siquiera de qué quería hablar, con los billetes de avión enviados. Cuando llegaron las críticas contra Herrero por dar voz a sus teorías, él decidió no dejarla sola: reunió a su familia y les dijo que él iría y echaría valor, igual que lo había hecho hasta entonces.

Las malas caras y la segunda sustitución

Meses después, ya con la UCO trabajando, García afirma haber percibido malestar y «malas caras» entre los agentes. Le presentaron a un teniente recién llegado de Madrid y a varios compañeros nuevos, pero un día descubrió que habían apartado al capitán que coordinaba la unidad y que, en su lugar, habían enviado a otro capitán de aquella misma comandancia 311 que, según él, ya había desmontado el primer operativo.

Asegura que desde entonces puso «los cinco sentidos» y escuchó frases que no le gustaron, como la queja de que un superior cerraba puertas y no les dejaba trabajar. Prefiere callarse el resto. Para García, ahí empezó el intento de desmantelar su labor, devolviendo a cada guardia a su cuartel: justo lo que aquel periodista le había vaticinado. Ironiza con quienes le tachan de conspiranoico y presume de que esta vez no lo conseguirían.

La coincidencia del hallazgo

El testimonio roza uno de los puntos más controvertidos del caso. García recuerda que los agentes que estaban con él se marcharon y que, cuando volvieron los demás, las niñas ya habían aparecido. «Qué casualidad», repite, subrayando que él no estaba en España ese día. Lo presenta como una de esas muchas cosas que se propone contar en próximos vídeos.

Los datos conocidos acompañan parte de esa intuición: los cuerpos de Miriam, Toñi y Desirée fueron hallados el 27 de enero de 1993 por dos apicultores en una zona boscosa próxima a Tous y Catadau, tras 75 días de desaparición. Diversas voces han señalado además que el equipo de la UCO fue sustituido el día 26 y que los relevos no llegaron hasta la noche del 27, de modo que no había efectivos de esa unidad presentes en el momento del descubrimiento. Miguel Ricart confesó su implicación —luego se retractó alegando coacciones— y Antonio Anglés huyó el mismo día en que iban a buscarlo; sigue en paradero desconocido.

El fondo político y la motivación actual

García conecta su desconfianza con acusaciones más amplias: menciona redes de pederastia, nombres internacionales y documentos judiciales británicos, y afirma que ciertos implicados estarían «por encima del bien y del mal», intocables.

Cierra el vídeo con una reflexión sobre su motor personal. No callaba «ni debajo del agua» no por vanidad, dice, sino por una única razón: encontrar a su hija. Y hoy, añade, lo que sigue moviéndole es otra cosa.

«Lo que me mueve hoy en día es encontrar a quién mató a mi hija.»

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