El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha informado este viernes 18 de septiembre de 2026 de que un dron ha impactado contra la torre de refrigeración de una unidad de la central nuclear de Kursk, en el suroeste de Rusia, a primeras horas del jueves.
La agencia, con sede en Viena, ha precisado que la unidad estaba en funcionamiento en el momento del impacto, que su régimen de operación no ha cambiado y que no se ha declarado ningún incendio. No ha publicado, en este primer aviso, datos de radiación ni el número concreto del reactor afectado.
El director general del OIEA, Rafael Mariano Grossi, reiteró que “todos los ataques contra instalaciones nucleares son inaceptables, porque pueden poner en peligro la seguridad nuclear, independientemente de dónde ocurran”, y volvió a pedir “máxima contención militar” para evitar el riesgo de un accidente.
La noticia se difundió con rapidez en X a partir del comunicado oficial del OIEA y de agregadores como Disclose.tv. Reuters y medios europeos (NRK, Boursorama, Aftonbladet, Telegraf) reprodujeron el mismo parte: impacto el jueves, reactor en marcha, sin cambio de modo y sin fuego.
La región de Kursk comparte frontera con el noreste de Ucrania. Durante la noche del 16 al 17 de septiembre, fuentes rusas recogidas por Interfax hablaron de una oleada de drones sobre la óblast: 258 aparatos neutralizados, una mujer de 52 años herida y daños en una línea eléctrica. El OIEA no ha vinculado de forma explícita ese balance con el impacto en la torre.
Qué es la central de Kursk
El complejo está en Kurchátov, a orillas de un embalse de refrigeración. Combina dos generaciones de reactores:
- La central original, con cuatro RBMK-1000 del mismo tipo que Chernóbil. Las unidades 1 y 2 ya están retiradas (2021 y 2024). Las unidades 3 y 4 siguen operativas. Estos reactores no tienen cúpula de contención reforzada, algo que el propio Grossi ha señalado en visitas anteriores como un factor de vulnerabilidad.
- Kursk-II, el recambio de Rosatom: reactores VVER-TOI de generación III+. La unidad 1 (también numerada como bloque 7 del complejo) entró en explotación comercial en mayo de 2026, con unos 1.255 MW. La unidad 2 sigue en construcción, con puesta en marcha prevista hacia 2027. Estas unidades sí tienen grandes torres hiperbólicas de refrigeración evaporativa, de casi 180 metros en el caso de la primera.
El OIEA no ha dicho si el impacto de este jueves fue en una torre de la unidad VVER-TOI ya operativa o en otra estructura del recinto. Esa distinción importa: en julio de 2026 ya hubo un golpe documentado sobre la torre de la unidad 2 en construcción, que aún no refrigeraba un reactor en marcha.
Las torres de refrigeración no son el núcleo del reactor. Evacúan calor residual. Un impacto limitado puede no forzar una parada si hay redundancia o si el daño es superficial; de ahí que el OIEA pueda afirmar que el modo de operación no cambió. Eso no equivale a decir que el golpe carezca de relevancia para la seguridad: cualquier ataque a un recinto nuclear reduce márgenes y aumenta el riesgo de error o de daño encadenado.
No es el primer incidente en el recinto
La central de Kursk lleva años en la órbita de la guerra:
- Agosto de 2025. Restos de un dron dañaron un transformador auxiliar de la unidad 3 (RBMK). Hubo un incendio breve. Rosatom redujo a la mitad la potencia de ese bloque. El OIEA registró niveles de radiación normales y dijo que no podía confirmar de forma independiente el origen militar del daño.
- 5-6 de julio de 2026. Un dron impactó la torre de refrigeración de la unidad 2 de Kursk-II, entonces (y ahora) en obras. El gobernador Aleksandr Jinshtein y el director de Rosatom, Alexéi Lijachov, lo atribuyeron a las fuerzas ucranianas. Doce drones rumbo a Kurchátov habrían sido derribados esa noche. Sin heridos, sin consecuencias radiológicas y sin efecto en los bloques en operación. El OIEA lo recogió en su Update 357.
- A lo largo del conflicto ha habido drones derribados cerca del recinto, restos en el perímetro y alarmas frecuentes. En 2024 Grossi visitó la planta y advirtió de su exposición a misiles, drones y artillería.
Algunos artículos publicados este viernes mezclan el golpe de julio con el comunicado de hoy. Son dos episodios distintos: el de julio afectó a una torre de un bloque aún no operativo; el del jueves, según el OIEA, a la torre de una unidad que sí estaba generando.
Qué se sabe y qué no
Confirmado por el OIEA (a partir de la información que dice haber recibido):
- Impacto de un dron en una torre de refrigeración.
- Fecha: primeras horas del jueves 17 de septiembre de 2026.
- La unidad correspondiente estaba en operación.
- No cambió el modo de funcionamiento.
- No hubo incendio.
No confirmado de forma independiente en este parte:
- Quién operaba el dron. Rusia atribuye de forma habitual estos ataques a Ucrania. Kiev ha negado en ocasiones anteriores haber apuntado a centrales nucleares. El OIEA no señala autor.
- Qué unidad exacta fue alcanzada.
- Alcance del daño estructural (grieta, impacto en la coronación, escombros, etc.).
- Niveles de radiación medidos in situ por inspectores del organismo: el OIEA tiene equipos permanentes en las centrales de Ucrania, no un dispositivo equivalente anunciado en Kursk para este suceso.
- Si el golpe formaba parte de la oleada de drones reportada esa misma noche sobre la óblast.
El lenguaje del organismo indica que reproduce lo comunicado por las autoridades rusas, no un peritaje propio sobre el terreno.
Por qué el OIEA insiste en la contención
Desde 2022 el OIEA sostiene siete “pilares indispensables” para la seguridad nuclear en un conflicto armado: integridad física de las instalaciones, sistemas de refrigeración y de alimentación eléctrica, personal cualificado, cadena de mando clara, logística, comunicaciones y vigilancia radiológica. Un dron sobre una torre de refrigeración toca al menos el primero.
Kursk no es Zaporiyia —la mayor central de Europa, ocupada y en parada fría, con pérdidas repetidas de suministro exterior—, pero comparte el mismo problema estratégico: infraestructuras nucleares a alcance de drones de largo radio en un frente que no se ha estabilizado. Un RBMK sin contención o un VVER-TOI recién conectado a la red no admiten el mismo margen de error que una subestación eléctrica.
Grossi lleva años repitiendo la misma frase ante ataques en Zaporiyia, Chernóbil, Novovorónezh o Kursk: las centrales no pueden ser objetivo ni campo de batalla. El comunicado de este viernes encaja en esa línea, no en una evaluación técnica detallada del daño.

